Himno ecológico

(Día Mundial del Medio Ambiente desde el 5 de junio de 1972)

 

Por: Víctor Raúl Osorio Alania*

 

Toda meditación y compromiso sirve para resguardar la casa grande, nuestro hogar. Así, cada buenos días / ha de traer muchas alegrías; / consabida buenas tardes / por tareas sin alardes; / venerable buenas noches / para superar reproches.

 

FÁBULA

Fábula del colibrí o picaflor. Aquel día hubo un dantesco incendio en la selva. ¡Chis! ¡Chas! ¿Consecuencias del calentamiento global? Una respuesta tiene la capa de ozono. ¡Huy! ¿Pirómano e incendiario habrán decidido jugar con fuego a diestra y siniestra? Las pesquisas darán pertinentes luces. ¡Ostras! ¿Cierta fogata dio comienzo a la ignición desbocada? Toda conjetura resulta necesaria, aunque no válida. ¡Quizá aflore más de una verdad!

Todos los animales huían despavoridos; volaban, corrían, nadaban con respiración exangüe. Nadie tenía noción hacia donde huir. En mitad de la confusión (se entiende la confusión porque no estaban preparados para las adversidades, muchos de nosotros tampoco estamos listos para este tipo de infortunios), un decidido colibrí empezó a volar en dirección contraria a todos los demás. ¡Tic-tic! Vamos colibrí. ¡Chip-chip!

Los venturosos leones / poquitas veces peones, / unas esbeltas jirafas / exoneradas de gafas, / abultados elefantes / ventean presentes y antes…

En resumen, los habitantes en pleno (en verdad, casi todos), observaban la proeza del colibrí y preguntaban en silencio mientras chisporroteaba y crecía el ardor sin lesiones: ¿Cuánta agua puede trasladar en ese cuerpo pequeño?

La escena parecía devorar el boscaje. Los más pesimistas fueron lapidarios:

¿Qué demonios crees que estás realizando, colibrí soñador? Palabras fuertes como censura. ¡Para no creer, hermanito!

¿Adónde vas? ¿Estás loco? Tenemos que huir del fuego. Lo juzgaban y sentenciaban por luchar en pro del hábitat. ¡Ánimo, avecilla de sueños reales!

El colibrí contestó: En medio de la jungla hay un virtuoso lago de aguas cristalinas, recojo un poco de líquido con mi pico, remojo mis alas y ayudo a sofocar el incendio.

Asombrado, otro animal sólo pudo decirle: ¿Estás loco? No va a servir para nada. Tú solo no podrás apagarlo.

Sálvese quien pueda parecía discurrir por cada neurona. La sobrevivencia parecía imponerse calcando a la mala hierba o a los matorrales.

Es posible, pero yo cumplo con mi parte… Gracias paciencia, veo en el horizonte, el retorno de mis hermanos colibríes, indicó el colibrí con cierto alivio, pero seguro de sí mismo. Su figura era frágil, no obstante, su decisión estaba incólume al nivel de níveas cordilleras.

Dichos pajarillos retornaron por convicción causal ante lo casual. Junto a ellos volvieron otras bandadas, también pudo notarse la presencia de cardúmenes, manadas, recuas, colonias, enjambres, majadas, rebaños… Ese acto removió conciencias y actitudes. Había que garantizar los siguientes nuevos amaneceres, a la distancia, agradece más de un ocaso.

Entre todos revivió la energía de restañar o contener aquel fuego. Los bípedos detuvieron la huida en seco y retornaron para cumplir con su parte contra aquella emergencia.

Los apus hicieron llover a cántaros para salvar el monte, así pudo controlarse el calor sofocante. Eso fue porque vieron la actitud esperanzadora del colibrí, de animalandia y del ser pensante. Era cuestión de compromiso en tono de algoritmo consensuado, dejaron de culpar a sortilegios o nigromancias. ¡Valiosa decisión!

Colibrí de valerosas labores / origina salvaguarda hogareña / en Amazonía de ensueño y breña, / dichos latidos parecen sensores.

 

MANANTIAL

Manantial, esplendor acuático, / vienes del cielo infinito, / reposas en la cordillera. / ¡Descanso merecido! / Vivificas el bosque montano, / ¡alegría natural!, / bajas calmado porque traes vida, salud, esperanza. / ¡Contribución valiosa!

Manantial, hechura prístina, hermosa, perfecta, / concebida en las alturas mayores para descender alegre por una senda fresca, / senda que es más tuya que mía, / senda que urge valorar en su real dimensión, / dimensión de burbujas inolvidables e irrepetibles.

Besas la hierba, / juegas con el ichu, / sinfonía haces con el canturreo de pájaros, / corres entre colinas, / suspiras por las flores, / las flores sueñan contigo.

Suma de manantiales forma el río, / sinergia de ríos genera el mar, / el mar vuelve a la atmósfera / y entendemos que eres vida / desde un capaz origen.

Mi aliado perfecto eres tú, manantial, / cuando lloro me haces reír, / cuando triunfo, festejamos, / cuando viajo, viajamos juntos…

Continúa manantial, fluye contra viento y marea, / te ruego por la Pachamama, / por los apus bienhechores, / por las generaciones.

ALPACA

Pergeñando la brisa de cierta laguna, inclusive de lagunas varias, / juega como una niña, / corriendo… camina, / salta, pero está cimbreando…

La llama su pariente más cercano, / guanaco y vicuña sus amigos de tertulia, / amicalmente lo llaman paquito, / su lana privilegio de pocos.

CURCO

«A mal tiempo buena risa». / Se jacta la avecilla / mientras aguza el pico descomunal, / su andar que parece de distinguida embarazada / solo le permite explayar monosílabos.

Vestido de negro irradia confianza, / ¡vaya confianza! / Acurrucado en nuestra alma / saluda con su jo, jo, jo.

 

WACHWA

Su instinto de colores le avisa cuando volar, /  también sabe volar con los pies en la tierra. / ¡No dispare, por favor! / Le invoco que aprendamos a convivir

Ella –así en femenino–, cuando pierde a su pareja llora sangre y la sangre llora. / Aquí sobrevive por ensalzar la vida, desafía la muerte con cada latido.

Parece tener dos colores (cuerpo blanco y cabeza negra), ¡oh equivocación!, / ellas, en su plumaje, abanican los catorce matices del blanco al negro.

 

AKAKLLU

Tierno cual fina templanza, / puntual como buen amanecer; / vive junto a las estrellas. / Akakllu en lengua materna, / dígase en español akakllo, pito o pájaro carpintero. / Se alimenta con raíces de plantas andinas, / por eso resulta un animal más que ecológico.

Avecilla de pico diamantado pulveriza tapiales / para mantener su color canela. / Usando costalillos o algún bolso similar / lo atrapan con propósitos medicinales, / nadie lo molesta por otro motivo. / En un vaso de vino mezcle las únicas / cuatro o cinco gotas de sangre y / sírvase a los epilépticos / para aliviar su trajín de péndulo.

¿El susto quiere ahuyentar? / Pues frote sobre el cuerpo y / suéltelo con cinta roja en el cuello. No más tartamudez, / coja la lengua del animal y / “flagélelo” contra la lengua del infante. / ¿Desea comprobar? / Hágalo en el acto, / porque su mecanismo de defensa / le alerta morir a las veinticuatro horas de atrapado.

 

*“El Puchkador de la Nieve”

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