Familiares de víctimas gritaban “pena de muerte” para asesino del martillo

En medio de desgarradoras escenas de dolor, en el cementerio de Yacus, fueron sepultados los restos de Edith Huaylas De la Cruz (29) y sus hijos de 2, 4 y 6 años de edad. Familiares, amigos y pobladores que llegaron al camposanto pidieron pena de muerte para Javier Rivera Miculicich (35) autor del cuádruple asesinato.

Antes de partir a su última morada, los féretros contiendo los restos de la madre de familia y sus tres hijos fueron llevados a la Plaza Mayor de Yacus, donde decenas de personas consternados por lo ocurrido atinaban a mirarse unos a otros mientras pedían justicia para la humilde mujer que sin imaginar su triste final aceptó casarse con el hombre que hace seis años juró amarla para luego terminar asesinándola a martillazos.

Su abuela de 100 años, padres, hermanos, primos y otros parientes pidieron que el autor de la muerte de sus seres queridos tenga un final tan cruel como tuvieron Edith y sus menores. En hombros fueron cargados los ataúdes para ser llevados al cementerio. En primera línea iba Edith, luego su hijo de 6 años, seguido por el de 4 y el último de 2.

Al compás de la música que tocaba la orquesta, poco a poco los féretros iban acercándose a la tumba, donde permanecerán para siempre. “Prima Edith Huaylas te fuiste a un lugar donde ya no vas a sufrir, dejaste vacío nuestros corazones por tu pronta pérdida, toda la familia aún no puede creer que te fuiste”, escribió una de sus parientes que acudió al sepelio.

El asesinato de Edith y sus pequeños causó conmoción nacional que a través de las redes sociales piden cadena perpetua y pena de muerte para Javier Rivera. “Maldito púdrete en la cárcel, mientras que otros sufren por tener una mujer que los quiera, tú la mataste”, escribió en su muro uno de sus seguidores.

HECHOS. La madrugada del 2 de noviembre, cuando Edith Huaylas cumplía 29 años de vida fue asesinada a martillazos por negarse a retomar la relación con su esposo Javier Rivera Miculicich. Al parecer los menores que estaban dormidos no habrían escuchado la discusión previa al feminicidio, luego el asesino del martillo salió a la calle y luego de pensar en sus hijos retornó a la casa y terminó matando uno a uno a sus pequeños a quien decía amar.

Al ver a sus hijos tirados en la misma cama, el desquiciado optó por cortarse las venas, pero antes llamó a uno de sus parientes para contar lo ocurrido. El familiar que llegó al inmueble ubicado en el asentamiento humano Juan Pablo II en San Juan de Lurigancho, al encontrar la escena y ver que Javier estaba agonizando llamó al SAMU, cuyo personal a bordo de una ambulancia trasladó al feminicida y parricida al hospital más cercano, donde lograron salvar su vida.

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