En el marco del Día de la Tierra, el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (Ceplan) advierte que la degradación de los ecosistemas en el Perú mantiene una tendencia creciente entre 2015 y 2022, con impactos directos en el bienestar de la población y en las actividades económicas que dependen de la biodiversidad, especialmente en los sectores más vulnerables.
La biodiversidad, que abarca la variedad de vida en el aire, la tierra y el agua no solo sostiene los equilibrios naturales, sino que también es fuente de alimentos, empleo e ingresos. En América Latina y el Caribe, cerca del 20 % de los puestos de trabajo están vinculados a servicios que provee la naturaleza, como la agricultura y el turismo, lo que evidencia su importancia para la economía regional y la subsistencia de millones de personas.
En el caso peruano, el deterioro ambiental se expresa en el aumento sostenido de ecosistemas degradados. Según datos del Ministerio del Ambiente, esta superficie pasó de 16,9 a 19,3 millones de hectáreas entre 2015 y 2022, lo que representa un incremento de alrededor del 14,0 % en menos de una década. A ello se suma la pérdida de cobertura vegetal, que alcanzó picos de hasta 175,7 mil hectáreas en 2017 y se mantuvo por encima de las 80 mil hectáreas anuales entre 2019 y 2022.
Esta tendencia responde a presiones humanas como prácticas productivas no sostenibles y a los efectos del cambio climático, factores que comprometen la capacidad del territorio para conservar su equilibrio ecológico. Si bien el país ha ampliado sus áreas naturales protegidas, que pasaron de 19,5 a 25,8 millones de hectáreas entre 2011 y 2024, y durante este periodo se ha incrementado el registro de especies (26 349 en total, de las cuales 8 664 son endémicas), estos avances aún no logran revertir la tendencia de deterioro.
A nivel territorial, el panorama muestra contrastes. Algunos departamentos registran reducciones en la superficie degradada, como Piura (-78,4 %), Lambayeque (-67,0 %), Áncash (-53,3 %), Tacna (-32,4 %), Arequipa (-30,4 %) y Lima (-26,9 %). Estos resultados podrían estar asociados a procesos de restauración focalizada, mejoras en la información territorial o cambios en el uso del suelo. Sin embargo, estas mejoras no son suficientes para contrarrestar la tendencia nacional.
Las proyecciones internacionales señalan que, de mantenerse las actuales dinámicas de producción y consumo, la pérdida de biodiversidad podría intensificarse hacia finales de siglo, dificultando su recuperación. En contraste, según escenarios de WWF que integran restauración de ecosistemas, protección efectiva y cambios en los patrones de consumo permitirían revertir esta situación entre 2040 y 2050.
Frente a este contexto, el Ceplan subraya la necesidad de fortalecer las políticas públicas orientadas a la restauración de tierras degradadas, en línea con los compromisos internacionales asumidos por el país. Esto implica mejorar capacidades técnicas en regiones y municipios, promover prácticas sostenibles, como la agroforestería que combina cultivos y árboles para mejorar la productividad, conservar el suelo y facilitar el acceso al financiamiento internacional.
Asimismo, se plantea priorizar la protección de ecosistemas estratégicos como la Amazonía, los páramos y las zonas marino-costeras, además de implementar plenamente la Estrategia
Nacional de Diversidad Biológica al 2050. El impulso a mecanismos financieros, como los bonos de biodiversidad y los pagos por servicios ecosistémicos, también forma parte de las acciones necesarias.
Finalmente, el organismo destaca la importancia de fortalecer la gobernanza ambiental en todos los niveles de gobierno, mejorar los sistemas de fiscalización e incorporar criterios ambientales en sectores productivos, con el fin de asegurar un desarrollo sostenible que proteja tanto a la naturaleza como a las poblaciones que dependen de ella.






