Los ‘Cazadores del Huallaga’ y los chilenos en Huánuco

 

Por: Fortunato Rodríguez y Masgo*

 

Frente a la declaración de guerra entre Chile y Perú el 2 de abril de 1879, Huánuco se movilizó y se organizó; de inmediato, se cerraron filas para defender nuestro país. Se designó una junta de vecinos destacados para recolectar dinero, joyas, contribuciones e inscribir a voluntarios para defender a nuestra nación. De esta manera, el coronel Leoncio Prado asignó a su hermano Justo Prado la tarea de conformar el Batallón «Cazadores del Huallaga», que consta de 350 alumnos del Colegio Minería, voluntarios abnegados, residentes y habitantes de las áreas circundantes. Tras varias jornadas de formación militar, prometieron en la plaza de armas de nuestro heroico Huánuco proteger a nuestra nación frente al atacante chileno; luego, desfilaron con la mirada dirigida al frente y un paso firme, con la emoción y la fuerza de los vencedores. Esto conmovió a la comunidad de Huanuqueño, quienes arrojaron alaridos al ver a nuestro Perú luchando.

El 3 de enero de 1880, 350 bravos de Huánuco se embarcaron en la guerra, llevándose únicamente su vida. Felipe Fernández fue nombrado sargento mayor, bajo la dirección de Justo Prado, Tomás Ingunza y Fausto Figueroa, los cuales encabezaban a los «Cazadores del Huallaga». Después de extensos días de sacrificio caminado, atravesando montañas, sierras y senderos de herradura, arribaron a Lima, donde fueron acogidos con gran entusiasmo.

Tras un periodo aproximado de un año, acamparon en Lima, el batallón de los huanuqueños fue asignado a formar el regimiento N.º 17 en el eje central, bajo la dirección del coronel Avelino Cáceres. Inmediatamente ascendieron y tomaron el control de la línea de defensa de la cima del cerro San Juan, en colaboración con el regimiento «Paucarpata» N.º 19.

Ya en el campo de batalla del cerro San Juan, se atrincheraron y se prepararon para disparar contra los invasores chilenos. Tan pronto como divisaron al enemigo, se sintieron valientes, prepararon sus fusiles y esperaban la instrucción para salir a combatir.

El 12 de enero de 1881, las dos fuerzas se miraron; el tiempo pasó, la noche llegó y los minutos se acercaban. Así fue: a las 4.30 de la madrugada del día 13 de enero de 1881, se inició la avanzada del ejército enemigo, quienes escalaron el cerro sin ser vistos por los vigilantes peruanos. Con el transcurso de las horas, un conflicto sangriento estalló. Los huanuqueños, con valor y valentía, se adelantaron para proteger a nuestro Perú. Al medio día, se quedaron sin balas, se les acabaron las municiones; al darse cuenta de esto, decidieron salir a luchar cuerpo a cuerpo contra los chilenos. Sin flaquear en ningún momento, se enfrentaron a culatazos de su fusil y puntas de su bayoneta, mostrando que eran guerreros herederos de la sangre de los Chupachos y de los temibles Panatahuas.

Desafortunadamente, la retirada del regimiento «Paucarpata» N.º 19 y la caída del comandante Fausto Figueroa herido confundieron a los cazadores del Huallaga. El enemigo se aprovechó de esta situación, capturando el cerro San Juan y matando a numerosos valientes huanuqueños. De este modo, murieron Adrián Sara, Dídimo Giles, Acosta, Silva, Llanos, López, Azaldagui, Cárdenas y Juan B. Tafur; Federico Figueroa y Rodríguez también resultaron heridos como Estenio Pinzas, fueron capturados decenas de soldados huanuqueños. Finalmente, la batalla de San Juan se perdió debido a que no había suficientes municiones.

A los días y meses, las fuerzas militares de Chile se movieron por el territorio de Perú, ocupándolo. Así fue, el primero de mayo de 1881, una división bajo la dirección del comandante D.B. Romero Roa entró a Huánuco, quien ordenó que se pagara un cupo de guerra de ochocientos mil soles y que se recaudaran tanto joyas como alhajas de oro y plata, utilizando métodos violentos e inmediatos. Para infundir miedo a la población, incendiaron antes la vivienda del acaudalado Francisco Rolando en Ambo.

El comandante Bouquer reemplazó pronto al comandante chileno y dispuso poner una mesa en el umbral de la catedral para recibir mayor cantidad de dinero como cupo; se adueñaron de joyas de oro y plata de las familias huanuqueñas, incluso se llevaron la custodia de la catedral de Huánuco con oro incrustado y piedras preciosas, candeleros de plata y pinturas al óleo. También, incendiaron viviendas y haciendas en Ambo, Acomayo y Santa María del Valle, así como ejercieron abuso sobre las bellas mujeres. Mantuvieron a una población entera bajo el terror de ellos.

El 9 de junio de 1883, la ciudadanía huanuqueña salió a las calles para manifestarse en contra de los actos terroristas y crueles que llevaban a cabo los chilenos. Al mismo tiempo, guerrilleros o montoneros provenientes de Chaulan, Chullay y Yarumayo descendieron desde las alturas hacia Huánuco con el objetivo de confrontar y provocar a los invasores para un enfrentamiento. Simultáneamente. Por otra parte, de la ciudad de Huánuco “aparecieron” los guerreros de Pachas, Obas, Chupan y Chavinillo, quienes realizaron ataques significativos contra los chilenos, obligándolos a replegarse. a su cuartel general, ubicado en Huánuco.

Años después, el primero de junio de 1885, los panatahuas “bajaron” a Huánuco con el objetivo de echar a los chilenos. Al tener conocimiento de este hecho, el comandante Buaquer, jefe militar del ejército de Chile acantonado en Huánuco, salió a su encuentro, llegando hasta el puente Taruca, donde ambos bandos se toparon y se enfrentaron de inmediato; los chilenos huyeron a su cuartel de Huánuco debido a la valentía y el valor que mostraron los panatahuas, quienes una vez más demostraron su poder; de la misma manera, que lo hicieron en el año 1812 frente a los españoles.

Finalmente, el reconocimiento eterno a nuestros cazadores del Huallaga y a los míticos montoneros huanuqueños, entre ellos al legendario Modesto Figueroa, proveniente de Churbamba, valiente soldado quien cayó prisionero, luego liberado; para después, ir hasta Huamachuco al lado de su coronel Leoncio Prado, donde nuevamente lucho contra los chilenos; así, como el, muchos huanuqueños como Aparicio Pomares permanecen en la memoria y admiración de nuestra gente. Mi única solicitud o recomendación al director de la Gran Unidad Escolar «Leoncio Prado» de Huánuco es que organice o establezca un batallón estudiantil en homenaje a los «Cazadores de Huallaga», y que participe en cada desfile. Así, conservamos viva la memoria de nuestros héroes huanuqueños, hermanos mayores y alumnos del Colegio Minería (actualmente Gran Unidad Escolar «Leoncio Prado») que sacrificaron su vida por proteger a nuestra nación.

 

*Cronista, economista y abogado.

Fuente: Monografía de la Diocesis de Huánuco, Francisco Rubén Berroa y Bernedo. Batalla de San Juan, Gral. Brig. EP Juan Urbano Revilla, Centro de Estudios Históricos Militares del Perú.

Foto: D.R. referencial.

Leer Anterior

Contraloría supervisa llegada de material electoral a las ODPE y locales de votación

Leer Siguiente

Todo listo para el inicio de la Liga de Ascenso Femenino en Huánuco