Una mujer de 72 años permaneció atrapada en el segundo piso de su vivienda en Villa El Salvador el pasado 18 de agosto, cuando un aniego de aproximadamente 1.5 metros de profundidad bloqueó cualquier posibilidad de salida segura. Efectivos del Departamento de Operaciones Especiales de Auxilio y Rescate (Depoear), de la División de Emergencia (Diveme) de la Policía Nacional del Perú, ingresaron a la zona afectada, evaluaron las condiciones y lograron evacuarla sin lesiones y en condición estable.
El episodio resume el trabajo de una unidad policial especializada que se mantiene en preparación permanente para actuar ante emergencias. Más de 60 efectivos integran el Depoear, cuyo entrenamiento incluye técnicas de rescate y evacuación por inundaciones, atención a personas afectadas por desastres naturales, búsqueda y rescate técnico en estructuras colapsadas, espacios confinados, corrientes de agua y zonas verticales, además de atención prehospitalaria y ayuda humanitaria.
Durante la emergencia en Villa El Salvador, donde más de 60 viviendas resultaron afectadas por inundaciones y el colapso del sistema de desagüe, fueron desplegados más de 40 efectivos del Depoear con botes inflables tipo Zodiac, chalecos salvavidas, escaleras telescópicas y herramientas especializadas para acceder a personas atrapadas. Los equipos lograron rescatar a niños, adultos, adultos mayores e incluso animales que se encontraban en peligro. En paralelo, más de 1,000 policías de distintas unidades reforzaron la seguridad en Lima Centro y en las zonas afectadas.
El coronel Edward Honorio Vidal Jiménez, jefe de la Diveme, explicó que la Policía ha reforzado su capacidad de reacción y mantiene vigilancia sobre los puntos considerados críticos para anticiparse a nuevas contingencias. La estrategia institucional no se limita al rescate: comprende también la protección de viviendas y bienes, la evacuación de vecinos, el control y desvío del tránsito, la seguridad del personal y la maquinaria que interviene en la emergencia, así como labores de inteligencia para identificar anticipadamente los lugares donde podría producirse una nueva contingencia. Bajo la conducción del ministro del Interior, César Astudillo, el sector ha colocado entre sus prioridades el fortalecimiento de la institución policial y una respuesta articulada frente a las necesidades de la población.
Contexto: una emergencia que se repite y un fenómeno climático que se acerca
El aniego que atrapó a la vecina de Villa El Salvador no fue un hecho aislado, sino parte de una seguidilla de emergencias que golpeó al distrito durante todo agosto. El 2 de agosto una intensa llovizna ya había inundado viviendas y colapsado tuberías de desagüe en la zona, con el agua llegando hasta la altura de las rodillas en algunos sectores. Dos semanas después, el 16 y 17 de agosto, el colapso de diez buzones de alcantarillado en el Sector 1, Grupo 1, provocó el ingreso de aguas servidas a 72 viviendas y afectó a 386 vecinos, obligando a las brigadas municipales a evacuar a familias en botes inflables mientras el nivel del agua superaba el metro de altura en algunas calles. El propio alcalde de Lima, Renzo Reggiardo, reconoció durante una visita a la zona que algunas vías construidas en administraciones anteriores no contemplaron sistemas adecuados de drenaje, lo que explica por qué los vecinos reportan que este tipo de aniegos afecta al sector desde hace varios años.
Este patrón de emergencias recurrentes adquiere una dimensión adicional frente al pronóstico climático para los próximos meses: la Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) mantiene un monitoreo permanente sobre la evolución de El Niño, que podría alcanzar una intensidad extraordinaria hacia finales de 2026, según proyecciones difundidas por el organismo. En ese escenario, la infraestructura de saneamiento de distritos vulnerables como Villa El Salvador —ya golpeada por lluvias de intensidad moderada— enfrentaría una prueba considerablemente más exigente si se confirma un episodio de fuerte magnitud.
Es en ese contexto que cobra sentido la lógica detrás de unidades especializadas como el Depoear: la preparación no ocurre durante la emergencia, sino en los meses previos, mediante entrenamiento constante, equipamiento específico y trabajo de inteligencia para anticipar los puntos donde el riesgo es mayor. Una inundación, como recuerdan los propios especialistas de la Diveme, no termina cuando deja de llover: quedan viviendas afectadas, vías bloqueadas, familias que necesitan ser evacuadas y zonas que requieren vigilancia para evitar nuevos riesgos, un ciclo que la Policía busca enfrentar con capacidad instalada antes de que el fenómeno climático alcance su punto más crítico.
Fuente: Agencia Andina




