Por: Fortunato Rodríguez y Masgo*
El atardecer se produce cuando el sol se opaca reposando en la cumbre del jirca Rondos; mientras, la quebrada de Puelles lanza vientos que parecen ráfagas que levantan polvareda, que se dispersa entre las tranquilas calles de nuestro querido Huánuco; cuando de repente, el taita Puelles se relaja, la ciudad revela haber sido «barrida» por una escoba automática, solo fue minutos para limpiar, sin generar ningún gasto al municipio.
Aproximadamente al instante se propaga el aroma de café recién «pasado» en «coladera» de tela de costalillo de harina; esto indica la hora del lonche. Los «chiuchis» aceleran sus pasos para adquirir pan recién hecho; en tanto, en la cocina del hogar se está elaborando el chicharrón de chancho con mote pelado. El plato tendido en la mesa del comedor alberga un molde de queso; la familia, previamente congregada en la sala, lugar donde comenzaba la tertulia familiar, cuyo asunto, como siempre, era un suceso ocurrido, que se propaga como un río de pólvora entre la población, quienes expresaban su punto de vista o criticaban el suceso.
Ya todos sentados confortablemente en sillas de madera, alrededor del comedor de caoba, se ofrece «bien calientito» el anhelado «cafecito», acompañado sí, del chicharrón de chancho criado en el corral de casa (no había granja; menos se trae de Lima). Previamente, el cuchi (cerdo) se «capaba» (castrado) para que «engorde» con los sobrantes de comida en la cocina; cuando no había mote, de inmediato se reemplazaba con cancha tostada en manteca de chancho. El pancito hecho con leña era mestizo, mishtishongo y de piso; acompañado de su queso de Huallanca o Baños, resultaba una delicia al gusto. Finalizada la ceremonia del lonchecito, la mayoría salía a la calle para dar «una vueltecita» por el vecindario o por la plaza de armas; si la película resultaba interesante, acudían al cine Central o Huánuco. Tras una hora y media, volvías a tu hogar, donde te aguardaba la cena sagrada preparada en la cocina de leña.
Entre el lonche, el diálogo y la «jironeada», la noche se presentaba bajo un firmamento completamente repleto de estrellas. Era la época veraniega en Huánuco, agosto, días de celebración por el aniversario de nuestra querida tierra; mientras los chiuchis (niños) jugaban a futbol callejero en una calle sin pavimentar, los adultos se encontraban a gusto en el salón de la casa, organizando la tertulia de la tarde. El tema de hoy es nuestra Iglesia San Cristóbal, sitio sagrado ubicado en nuestro vecindario y la plazuela adornado por árboles y plantas ornamentales; en su interior, la cálida pileta, un sitio de reunión romántica para manifestar tu amor incondicional y la alegría de haber descubierto el corazón de tu amada.
Don Acucho, patriarca de la familia, expresa: «La Iglesia San Cristóbal es antigua y se reconoce como Patrimonio Cultural de la Nación, fue edificada en 1542, durante la plena conquista española; es la primera edificación en el valle de Pillko, territorio perteneciente a la cultura de los Chupachos, bajo la jurisdicción del cacique Masgo«.
Sigue: «De acuerdo con la narración del Monseñor Rubén Berroa, cuarto obispo de Huánuco, cuyos progenitores eran españoles, nacido en Moquegua, expreso: en el mismo sitio donde está edifico la sagrada iglesia; fue en ese lugar donde el fray Pablo de Coímbra ofició por vez primera la sagrada misa el 2 de febrero de 1541, en un improvisado altar de lajas de piedra, en un terreno abierto, a orillas del majestuoso río Huallaga”.
A su vez, don Grovicho dice: «Los habitantes de Acomayo, Churbamba, Santa María del Valle, Rondos, Huancapallac y otros lugares descendieron para colaborar en la edificación de la santa iglesia cuando los misioneros mercedarios lanzaron el llamado. La obra fue dirigida por los mismos frailes, quienes ordenaron a los chupachos extraer grandes piedras de la ribera del río Huallaga para cimentar; sobre esas piedras se construyeron columnas de adobones y muros anchos con arcos caídos, elaborados con tierra trabajada y paja de puna. El techo tenía una pendiente en dos aguas, como el de nuestra tierra«.
Don Faco participa: “Los indígenas chupachos se negaron rotundamente a permitir que el hospital utilizara su templo y sellaron la puerta de comunicación, bajo el argumento de que era únicamente para ellos. Se opusieron a la petición de los frailes mercedarios de construir una conexión directa entre la iglesia de San Cristóbal y el Hospital de la Santa Misericordia, alegando que ya habían edificado su propia capilla, San Juan de Dios, en las instalaciones del hospital. Esto fue la primera demostración de poder religioso que los chupachos llevaron a cabo en respuesta a la imposición de los misioneros cristianos. Por esta razón, se tuvo en cuenta que este templo era un sitio religioso de la comunidad. De esta forma, expresa el monseñor Rubén Berroa”.
Luchín también participó: «Los misioneros mercedarios convocaron a los pintores de Huánuco para que retrataran y pintaran motivos de la fauna y flora del valle de los Chupachos en los altares menores. La arquitectura principal es neoclásica, con grandes columnas construidas con tierra y yeso, decoradas con pan de oro, destacando el altar mayor de tres niveles, un arco cañón, columnas y hornacinas adornadas con filetes de pan de oro«.
«Con el paso del tiempo, la primera iglesia de Huánuco fue reconstruida, en particular el techo con tejas, siguiendo el estilo de dos aguas; asimismo, la nave principal y dentro de esta el coro de piso firme de tierra con quincha de carrizo, sostenido por dos grandes columnas macizas.
Es importante destacar que en este templo reposan notables reliquias, entre las que se encuentran la imagen de la Virgen de la Asunción (patrona de Huánuco) hecha en madera, San Antonio, San Agustín, el Señor del Huallaga, la Virgen Dolorosa y San Cristóbal. También está el Rostro de Cristo, hecho en madera y traído desde Italia por el padre Luiguí Pedriti en 1997. El cáliz que fue de Santo Toribio de Mogrovejo, por ejemplo.
Además, posee un púlpito artístico, que era el lugar desde donde predicaba el sermón de la misa. En cuanto a su parte mística, tiene una catacumba ubicada debajo del templo, aunque está cerrada por razones de seguridad.
Recuerdo que, en mi juventud, vi una imagen del Arcángel San Miguel aplastando al diablo con cuernos, en un altar menor. Sin embargo, cuando regresé a esa iglesia años después, ya no estaba la imagen; no supe por qué había desaparecido.
Así finaliza la tertulia vespertina en Huánuco, alrededor de medianoche, con rondas de copas de shacta y el humo tranquilo de un cigarro inca. Esto ocurrió en los años setenta y ha quedado grabado en nuestra memoria.
*Cronista, economista, abogado. Foto: D.R. referencial. Correo: rodriguezmasgo@gmail.com Celular: 964759237.




