¿Pública o privada? entre la inversión, la calidad y la experiencia universitaria

 

Por: Joyce Meyzán Caldas*

 

Cada año, miles de jóvenes terminan el colegio con una pregunta que parece sencilla, pero que puede marcar buena parte de su futuro: ¿universidad pública o privada? En Huánuco, la conversación suele reducirse a dos nombres conocidos: la Universidad Nacional Hermilio Valdizán (UNHEVAL) y la Universidad de Huánuco (UDH).

Y casi siempre aparecen las mismas respuestas. Que en la pública hay mayor exigencia. Que en la privada existen mejores instalaciones. Que una tiene más prestigio. Que la otra ofrece mayores oportunidades. Pero, ¿cuánto hay de realidad y cuánto de prejuicio en estas afirmaciones?

El sistema universitario peruano ha cambiado considerablemente en los últimos años. El licenciamiento institucional impulsado por SUNEDU estableció condiciones básicas que las universidades deben cumplir para continuar funcionando. Pero tener licencia no significa automáticamente ser una universidad excelente. Significa haber demostrado determinadas condiciones mínimas de calidad. El verdadero desafío comienza después: ¿qué hace cada institución con ellas?

Ahí aparecen otras variables: docentes preparados, investigación, infraestructura, innovación, empleabilidad, experiencia estudiantil y, algo que muchas veces olvidamos, capacidad para responder a las necesidades de la sociedad.

Porque pagar una pensión no compra automáticamente una mejor educación. Una universidad privada puede ofrecer aulas modernas, laboratorios, plataformas digitales y servicios adicionales. Pero un campus moderno no garantiza, por sí solo, mejores profesionales.

Y aquí Huánuco ofrece un caso que desafía algunos de los prejuicios instalados sobre la universidad pública. La UNHEVAL ha mostrado que una universidad estatal también puede apostar por una transformación importante de sus condiciones de enseñanza. La renovación y modernización de laboratorios, equipamiento y servicios en distintas facultades ha cambiado progresivamente la experiencia de muchos estudiantes, acercándola a las exigencias de una formación profesional más actual.

Esto resulta importante porque durante años se ha asociado a la universidad pública con infraestructura deficiente, servicios limitados o interrupciones constantes. Sin embargo, la experiencia reciente de la UNHEVAL permite cuestionar esa idea. Sus actividades académicas se han mantenido de manera continua y, en buena parte de sus facultades, las mejoras en equipamiento y laboratorios evidencian que lo público no tiene por qué ser sinónimo de precariedad.

Pero tampoco se trata de pintar una universidad perfecta. Persisten desafíos y no todas las facultades avanzan al mismo ritmo. Precisamente por eso, hablar de calidad exige mirar la realidad completa y no construir una conclusión a partir de un solo indicador.

La UDH, por su parte, también viene recorriendo un camino de mejora, especialmente en infraestructura y laboratorios para la formación profesional. Y aquí aparece una conclusión que quizá disguste a quienes buscan una ganadora absoluta: en determinadas carreras, una universidad puede tener mejores condiciones de equipamiento e infraestructura que la otra. No existe necesariamente una institución que sea superior en todo.

Podemos comparar edificios, laboratorios y presupuestos, pero finalmente es el docente quien entra al aula, orienta una investigación, cuestiona una idea y ayuda a formar criterio. Por eso, hablar de calidad universitaria también implica preguntarnos en qué condiciones trabajan los docentes, cuánto investigan, qué oportunidades tienen para capacitarse y cuánto respaldo reciben para enseñar.

¿Qué piensa realmente quien pasa cinco años dentro de una universidad? ¿Se siente preparado para trabajar? ¿Encuentra docentes que lo inspiren? ¿Cuenta con laboratorios y recursos suficientes? ¿La institución escucha sus necesidades? Estas preguntas son importantes porque una universidad no existe para alimentar rankings ni llenar estadísticas. Existe para formar personas capaces de desenvolverse profesionalmente y aportar a su sociedad.

Si trasladamos esta discusión a Huánuco, el contraste entre la UNHEVAL y la UDH resulta especialmente interesante. Ambas obtuvieron su licenciamiento institucional en 2019 y, desde entonces, han tenido que demostrar que pueden sostener y mejorar sus condiciones de calidad. Hoy corresponde preguntarnos qué ha cambiado.

Porque aquí aparece una pregunta más importante que cualquier ranking: ¿cuánto de lo que investigan nuestras universidades sirve para resolver los problemas de Huánuco?

Nuestra región tiene desafíos en agricultura, educación, salud, turismo, infraestructura, desarrollo económico y comunicación. ¿Estamos formando profesionales capaces de responder a ellos? ¿Estamos investigando nuestras propias necesidades o simplemente cumpliendo indicadores?

Y luego está la prueba definitiva: lo que ocurre después del título.

El éxito de una universidad no debería terminar el día de la graduación. También deberíamos saber qué ocurre con sus egresados: cuánto tardan en conseguir empleo, si trabajan en aquello que estudiaron, si emprenden, si continúan preparándose y si logran aportar al lugar donde se formaron.

Por eso, la discusión entre pública y privada necesita dejar de ser una pelea de hinchadas. No se trata de declarar ganadora a la UNHEVAL o a la UDH. Cada institución tiene fortalezas, debilidades y desafíos diferentes. Incluso dentro de una misma universidad, una carrera puede ofrecer mejores condiciones que otra.

Tal vez la verdadera pregunta para Huánuco no sea cuál universidad es mejor.

Tal vez deberíamos preguntarnos qué universidad está haciendo más por formar al profesional que nuestra región necesita.

Al final, la universidad no debería ser solamente una marca que se coloca en un currículum. Debería ser una experiencia que deje capacidades, pensamiento crítico y herramientas para transformar la realidad.

Y si queremos discutir seriamente sobre educación universitaria en el Perú, ha llegado el momento de dejar atrás la pregunta de siempre: ¿pública o privada?

La pregunta que realmente importa es otra:

¿Estamos formando a los profesionales que el Perú, y Huánuco, necesita?

 

*Comunicadora, docente universitaria y periodista digital.

@joycemeyzan

 

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