Pergeños de la literatura infantil

(Caso Pasco, primera entrega)

Por Víctor Raúl Osorio Alania*

La literatura infantil como la literatura en general tiene raíces en la fuente oral, incontinenti pasó a la fuente biográfica. Lo tradicional es piedra angular con mito, fábula, leyenda, cuento.

Pergeños de la literatura infantil en el departamento de Pasco es el título de la investigación que presenté, en el año 2000, para optar el título profesional de licenciado en educación secundaria, especialidad de Lengua y Literatura, en la Universidad Nacional “Daniel Alcides Carrión”, Cerro de Pasco.

Antecedentes. Víctor Solis Rojas en “Importancia de la literatura en la educación primaria en las comunidades de Cerro de Pasco”, asevera: «Las antologías que existen en los textos escolares no están en función de la realidad de Pasco, ni a los intereses de los educandos. Los docentes enseñan la literatura utilizando el método que no es más recomendable, método analítico–sintético. Los educandos desconocen las obras y autores de su localidad y de su zona» (1987).

Autores. Compilar resultó una gran hazaña, éxito que comparto siguiendo el orden alfabético ascendente.

Zenón Aira Díaz, autodidacta desde la cosmogonía andina, nació el 23 de junio de 1954 en Ninaqaqa (Ninagaga), Pasco. Autor de Fantasmandino, La ciencia, Humorismo (versos sin contar), El pecado original, El vinagre (naturismo), Vorágine (informativo ilimitado), Kuraka y otros. Todo fue impreso en “Andeamericana”, Cerro de Pasco.

Lo que atañe al pikpish indica que, «estos pajarillos al notar la presencia del hombre o animales (perro, llama, zorro, liklish, alqay) se comunican inmediatamente mediante pik, pik, pik; por ello, los pobladores antiguos lo bautizaron con el nombre de pikpish, por el tono peculiar de su canto».

Hugo Carlos Apéstegui Ramírez (Cerro de Pasco, dic. 7 de 1956 – Lima, dic. 7 de 2020). Poeta, docente, músico, amigo generacional…En su libro “DESEXTRAVIOS a dos voces” (1992) detalla vicisitudes longevas y tiernas con “…Y el talón de la verdad (Oh, pálida infancia)” y “Terroncito de azúcar”.

Muriéronse los huesos / viniendo al mundo, / alzaron cenizas / tornando a juzgarnos. // Diluyeron al crío / de colores quejidos / y una selva de llanto / inundaba la vida.

Nacemos sin cuerpo / y duele el peso de la arruga / metafísica, la incineración / del cuerpo…

“…Y el talón de la verdad (Oh, pálida infancia)” aviva la perpetua memoria de los años mozos del autor, transpolado en sus coetáneos, hijos, discípulos. Desde hace cuatrocientos años, en Cerro de Pasco, la vida en la adultez o infancia es dura, travesía más penosa que prodigiosa.

Yo tengo un angelito, / terroncito de azúcar, / sus rositas mejillas / risueñas me reciben, / sus frágiles manitos / se abrazan a mi hombro, / inocente devora / a besos a papá, / su corazoncito / rebosa de alegría / cuando una golosina / premia su picardía.

“Terroncito de azúcar” incuba en pro de la hija (en este caso, a su heredera Jessica) que se hace mujer sin haber dejado de ser niña. En el ámbito familiar, el primer canto tiene que dirigirse a los padres, a los hijos (biológicos o adoptados), a la pareja; mientras tanto, en el ámbito social, el contexto captura la prosa y versos.

Dionicio Rodolfo Bernal Rojas, “Wagrabotas”, nació en 1910 en Cerro de Pasco. En su obra “La muliza” (1978), incluye el aporte del Club Infantil Filarmónico Cerreño de Santa Ana de Tusi, pues en el carnaval de 1931 expuso la muliza “Sufro por ti”, letra de Alberto X. Sierra, música de Emilio Quinto.

Ruiseñor de dulce canto, / con tu canto melodioso, / cántale el amor predilecto / que le tengo a mi bella amada.

En lo profundo de mi pecho / tengo una pena muy grande / le aguardo moderado, / que nadie lo descubra.

Aquella que escuche, / mi triste cantar: / preguntando por qué sufro / «esa pena es el amor».

Buscando quien me consuele / tocando mi triste quena, / disimulo mi sufrimiento / a ver si así hallo consuelo.

Estribillo. Niña beldad amada / sabes que por ti sufro, / cura mi pena con tu amor, / con tus brazos suaves estréchame.

Comentario de la muliza “Sufro por ti”. Es plausible la corporación forjada entre adultos y niños tusinos. La música, como toda expresión artística, fortifica la identidad y prolonga la existencia.

Mavilo Calero Pérez (Goyllarisquizga, Pasco, marzo 4 de 1934 – Lima, sábado 27 de agosto de 2022). Autor proficuo de innumerables textos de poesía y narrativa. Acopló una frase para estos lares: Pasqueñicemos Pasco, lo cual tiene analogía con “Peruanicemos el Perú” de José Carlos Mariátegui La Chira.

De su libro “Antología poética” veamos la composición “El domingo de mis niños”.

Como piedra en el pozo / ha llegado el domingo de mis niños. / Como golpe injurioso / ha llegado a mi este triste cuadro.

Llorar porque si, llorar porque no, / llorar porque su infancia gris / recibe sólo el látigo cruento / es el domingo de mis niños.

Rolando Adolfo Casquero Alcántara (Cerro de Pasco, dic. 21 de 1925 – Expira en el año 2014). En “Cardiografías poéticas” (1992) juega exento de prejuicios con aquella “Muñeca rota”.

El otro día al pasar, como todos los días, / por la sala de mí muy modesta casa, / al dar un paso lleno de propia seguridad / tropecé con algo suave y bello a la vez.

Y cuál no sería mi pena al ver allí, / a una muñeca maltrecha y triste, / con cuyos ojos azules parecía balbucear: / Señor, recógeme y tenme en tus brazos…

En tus brazos, porque las que yo tenía, / me causaron su fractura algunos sádicos, / y hoy sin ellos, es mi tortura vivir / con dolor y pena, y no sé más que decir…

Nota de “Muñeca rota”. El niño biológico y el adulto que tenga el espíritu candoroso nunca dice juguete nuevo o viejo, tampoco juguete nacional o importado, el niño no pone sexo a los juguetes, lo hacen los adultos. Poseer o regalar juguete posibilita en el infante a que juegue, sueñe, imite, socialice.

La «muñeca maltrecha y triste» no se encuentra en esa condición por el descuido de algún crío en particular, más por el contrario ha servido como relax, avivando la imaginación hacia el infinito. Rolando Adolfo, en su magnificencia de abuelo, acurruca, socorre a la “Muñeca rota” como si fuera la nieta de sus días otoñales. Imitemos al autor, el mensaje primordial de su poema insta practicar el amor filial: padres con hijos, nietos con abuelos.

*“El Puchkador de la Nieve”

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