Por: Fortunato Rodríguez y Masgo *
El sol huanuqueño brilla en el universo de cielo azul allá arriba donde vive Taita Dios. Mientras tanto, la ciudad de Huánuco está rodeada por tres jircas: Paucarbamba, Marabamba y Rondos. La ciudad camina lentamente por sus calles llenas de recuerdos, viendo como el tiempo pasa y deja en el olvido una parte de nuestra historia. Las casas y mansiones legendarias están cada día peor; Quizás mañana sean demolidos y enterrados, como le pasó a nuestra hermosa y antigua catedral que se edificó en la Plaza de Armas. Hoy es sólo un recuerdo lleno de lamentos del mundo católico.
Seguimos sumergiéndonos en el mundo de los recuerdos y hoy nos detendremos para acercarnos a un lugar histórico e inolvidable que nos trae momentos de nuestra infancia. Nos referimos al Palacio Obispal de Huánuco, ubicada en el Jr. Hermilio Valdizán N.º 656 y fue construido en 1890 gracias a las gestiones de Monseñor Alfonso María De la Cruz Sardinas y Zavala, hasta hoy primer obispo huanuqueño en ser nombrado titular de la Diócesis de Huánuco.
El Palacio Episcopal de Huánuco fue construido gracias al aporte económico de Taita Alfonso, su familia y feligreses; algunos a través de caridad y otros suministraron materiales de construcción. Mientras tanto, pobladores de Acomayo, Churbamba, Santa María del Valle, Ambo, Higueras, Rondos, Huancapallac y otros realizaron los trabajos. Vinieron albañiles y peones, que trabajaron gratis, porque era la casa donde viviría Monseñor Sardinas, que irradiaba humildad; a cambio recibieron comida.
El pueblo de los herederos de la cultura de los Chupachos, edificaron dicho palacio, a base de adobes con tierra negra y paja de puna, los muros anchos con arcos de descanso y un techo de tejas andinas quemadas en Punchao. El piso era de losas de mármol traídas desde Huancapallac (Higueras). En el interior había un hermoso jardín con plantas ornamentales acentuando las hermosas rosas. Contaba con un despacho auxiliar, un despacho principal, una encantadora y cautivadora capilla y el ambiente de la residencia episcopal y su terraza, que armoniza con hermosas plantas y su gran huerto bordeando los jirones de Dámaso Beraún y Bolívar. Era una hermosa casa de una sola planta de estilo andino como el resto de las casas de Huánuco.
El Taita Alfonso, celebraba casi diario la Santa Misa en la Capilla y cuando llegaban sus feligreses, en especial los hermanos del campo (chacra) los dejaba entrar a su residencia y luego se sentaban a la mesa del comedor a tomar café de la huerta con pan de horno de leña y charlar en quechua. Monseñor Sardinas se identificó fuertemente con sus paisanos indígenas y murió añorando a su amado Huánuco. Una vez le pidió que lo acompañara en una visita pastoral al hermano Buenaventura Gorostiza del Monasterio de Ocopa, quien pudo escuchar al taita huanuqueño cantando un huayno huanuqueño, cuya letra decía: “Bajo el cielo huanuqueño -creí terminar mi llanto -pero la suerte entre tanto -a otra tierra me condujo… llorad, llorad ojos míos -lejos del amado suelo -si llorares mi consuelo -yo seguiré llorando -y seguiré recordando…”.
Hoy, el tren del olvido y la indiferencia intenta arrebatarnos este histórico y legendario palacio episcopal, construido por los indígenas herederos de la cultura de los Chupachos. Con mucho dolor y tristeza observan morir cada día a la casa del Taita Alfonso; Quizás, mañana “duerma” en el suelo, a pesar de que a 200 metros vivían obispos que nada o poco hicieron por nuestra casa del taita Alfonso, quizás porque no tuvieron sentimiento huanuqueño o no sabían de la vida de nuestro bendito que va camino a la santidad.
Es momento de recordar algunos hechos, tales como: al momento de la muerte de Monseñor Sardinas, acaecido el 26 de junio de 1902, ocurrió un hecho sobrenatural; “Un arco iris se elevó desde la catedral hasta el palacio episcopal. A los pocos minutos de su muerte, estuvo en el cielo de Huánuco casi hasta el anochecer, y el arco iris reapareció al día siguiente durante el funeral”. Este hecho está presente en la memoria del pueblo de Chupacho que ama a su Taita.
Otra cosa, aunque no lo crean, pero sucedió, el hecho fue confirmado por el señor Ignacio Figueroa Coz, ex secretario privado de Monseñor Sardina, quien manifestó: «Había en el palacio episcopal un almacén donde se guardaban libros, periódicos, papeles y muchos utensilios; el joven Enrique, que estaba empleado, pidió buscar un libro en español. Inmediatamente recibió la aprobación; Al entrar al local, encendió una vela y arrojó al suelo la cerilla restante. Inmediatamente se produjo un gran incendio. El obispo Sardinas llegó corriendo, sacó el cordón que sujetaba su túnica y lo arrojó al fuego. Como un relámpago, la atmósfera reverberó y logró extinguirse en un instante. Revisando el ambiente, no se quemó casi nada, todo estaba intacto, como si nada hubiera pasado. Al final vi el cordón de la túnica del taita, que brillaba, brillaba demasiado.»
Nuestro Taita vivió dentro de su residencia de forma humilde, austera, no tenía lujos; Su dormitorio, tuvo una cama sencilla con frazadas de lana de carnero tejidos por los artesanos de Dos de Mayo. Muchas veces durmió en el suelo sobre pellejo de oveja, cubierto por su capa de su hábito.
Nuestro padre Alfonso, al ser nombrado obispo de Huánuco, renunció al lujo, a la vanidad y al orgullo; En cambio, vivió humildemente en medio de la pobreza, con muchos sacrificios para agradar a Dios. Sólo tenía un criado indígena como asistente en el obispado, que le ayudaba y preparaba la comida de forma precaria y austera. Su vestimenta era una túnica de tocuyo blanco. Eso sí, era muy caritativo y complaciente con el pueblo indígena de los Chupachos, a quienes quería mucho. Siempre compartía pan en la mesa y les hablaba en quechua. Nunca aceptó una ofrenda personal.
La casa de nuestro taita Alfonso se está derrumbando, casi nadie está haciendo algo para evitar este hecho. La nueva residencia y el palacio episcopal ya se encuentran en el territorio de la nueva catedral moderna sin olor a humildad; Carece de la calidez y cariño del pueblo Chupacho.
En la actualidad el antiguo palacio del obispo de Huánuco, construido por nuestro taita Alfonso con sus naturales, se encuentra completamente desierto; a pesar de estar declarado patrimonio cultural nacional. La conservación y preservación de este sitio sagrado e histórico es necesaria porque fue residencia del Beato Monseñor Alfonso María de la Cruz Sardinas y Zavala, quien próximamente será canonizado en los altares de la Iglesia Católica en la cristiandad. Además, es una construcción artesanal con conocimientos ancestrales de la cultura Chupachos.
Cabe mencionar, los huanuqueños no olvidan, quién ordenó la demolición de la antigua catedral de Huánuco. Además, no olvida quién ordenó la venta del huerto en el ex palacio del Obispo de Huánuco. Tampoco olvida quién ordenó destruir parte del antiguo palacio episcopal de Huánuco para construir las nuevas oficinas de Cáritas. Y ahora la pregunta es: ¿quién quiere que se destruya el antiguo palacio episcopal y para qué? Estos hechos deben tenerse en cuenta…
*Cronista, economista y abogado. Fotos: D.R. referencial. Cel: 064-964759237, E-mail: rodriguezmasgo@gmail.com





