El Perú ha alcanzado un hito importante en su actividad manufacturera: en el 2025, las exportaciones de este sector rozaron los 18,000 millones de dólares, una cifra que quintuplica lo que se registraba a inicios de siglo. Sin embargo, detrás de este récord hay una realidad evidente: el país apenas está arañando la superficie de su verdadero potencial industrial. Para acelerar este ritmo y dejar de ser un exportador principalmente de materias primas, el debate económico y legal se ha volcado hacia una estrategia global que ha transformado economías enteras: las Zonas Económicas Especiales (ZEE).
¿Qué es una ZEE y por qué el modelo anterior no funcionó en el Perú?
Imagina una ZEE como un «atajo en el tiempo y el espacio». Se trata de áreas geográficas delimitadas dentro del país donde las reglas para hacer negocios son mucho más flexibles, atractivas y libres que en el resto del territorio nacional. El Banco Mundial las define como herramientas para superar las barreras que suelen espantar a los grandes inversionistas, como la burocracia excesiva, la falta de infraestructura o los sistemas tributarios complejos.
En teoría, el Perú no es ajeno a esto. Desde la década de 1990 existen las Zonas Económicas de Desarrollo (ZED) en puertos clave como Paita, Ilo y Matarani, además de la Zona Franca de Tacna (Zofratacna). El gran problema es que, bajo la administración pública tradicional, estas zonas tuvieron un impacto minúsculo. Un informe de BBVA Research encendió las alarmas al revelar que estas áreas apenas representaron el 0.12% de todo lo exportado por el Perú, moviendo apenas 88.5 millones de dólares en un mar de más de 74,000 millones. El modelo estatal estaba estancado.
El giro de timón: La llegada de las zonas privadas y el «Efecto Chancay»
El verdadero cambio de juego empezó a gestarse con la aprobación de la ley que crea las Zonas Económicas Especiales Privadas (ZEEP) y su reciente reglamentación. Este nuevo marco legal cambia las reglas del juego al permitir que sean empresas privadas las que construyan, financien y gestionen estos espacios industriales, ofreciéndoles a cambio un agresivo paquete de facilidades aduaneras y exoneraciones fiscales.
Bajo este nuevo impulso, se han diseñado nueve zonas estratégicas en el país, destacando un corredor industrial y logístico en la costa central que incluye a Chancay, Huacho, Ancón, Huaral y el Callao, además de puntos de conexión como Iñapari, Concepción y Puno. La ventaja geográfica del Perú, sumada a la puesta en marcha de megaproyectos portuarios y su red de Tratados de Libre Comercio (TLC), coloca al país en una posición geopolítica envidiable para convertirse en el hub (centro de operaciones) de Sudamérica.
La analogía del fútbol: El calzado no hace al jugador
Tener una ley atractiva es solo el primer paso. Como bien señala Alberto Trejos, exministro de Comercio Exterior de Costa Rica —país que alberga Coyol, la mejor zona franca de América Latina—, diseñar el marco legal de una zona franca es como comprarse zapatillas de fútbol de alta gama: «No solo necesitas los zapatos, también necesitas entrenar, tener talento e ir al gimnasio».
Para que las ZEEP peruanas tengan el éxito de las potencias asiáticas o de la industria médica costarricense, el Perú debe resolver desafíos estructurales concretos:
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Desarrollo de capital humano: Las industrias de alta tecnología que se busca atraer (tecnológica, farmacéutica, ensamblaje avanzado) no buscan mano de obra barata, sino mano de obra calificada. Lo positivo de esto es el impacto social directo: los técnicos e ingenieros locales acceden a puestos de trabajo mucho mejor remunerados, elevando el ingreso real de los hogares.
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Logística integrada: De nada sirve tener un espacio con cero impuestos si las carreteras de acceso están colapsadas o si la energía eléctrica es inestable. Las ZEEP exitosas se edifican pegadas a puertos y aeropuertos eficientes.
La hoja de ruta para evitar «elefantes blancos»
El Banco Mundial es muy claro en sus advertencias para evitar que estos proyectos terminen en el abandono por falta de planificación. El éxito de las nuevas zonas privadas dependerá de cumplir con cuatro principios esenciales:
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Ubicación rigurosa: Deben ubicarse donde el mercado y las rutas comerciales lo exijan, no por presiones políticas.
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Mentalidad pro-reforma: El entorno empresarial debe ser ágil, eliminando la tramitología pesada que históricamente asfixia los proyectos en el Perú.
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Evaluación de la demanda real: Las zonas deben diseñarse escuchando qué necesitan los inversionistas extranjeros para mudar sus fábricas al país.
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Sostenibilidad e inclusión: Deben generar encadenamientos productivos, es decir, que las grandes fábricas de la ZEEP compren insumos a las pequeñas y medianas empresas locales, integrando la economía nacional en lugar de ser islas aisladas.
Fuente: Diario Oficial El Peruano




