Mario Malpartida: “Las novelas me fascinan, pero disfruto más con el cuento”

 

Por: John Cuéllar

 

 

 

Entrevista al escritor Mario A. Malpartida Besada, escritor limeño afincado en la ciudad de Huánuco, hace más de medio siglo, cuya narrativa lo ha convertido en uno de los más prestigiosos escritores de la región y, por qué no decirlo, del Perú.

 

Buenos días, maestro Mario, quisiera empezar esta entrevista con una pregunta quizás trillada: ¿cuándo descubrió que la literatura, el acto escriturario, creativo, era lo suyo? En los últimos años de la secundaria, pero es difícil hacer precisiones.

Maestro Mario, ¿desde cuándo escribe usted?, hablando de narrativa, claro. Desde mi época escolar. Fue por entonces que empecé a escribir pequeños textos que nunca publiqué, salvo, aquellos que tenían tinte periodístico, en los periódicos murales y en pequeñas revistas escolares. Escritura seria y con verdadera pasión, en el intermedio entre el colegio y la universidad.

Y, ¿qué autores ha leído usted, antes de ser el Mario A. Malpartida Besada escritor? Leí a Julio Ramón Ribeyro, César Vallejo, Ciro Alegría, J. C. Mariátegui, entre otros. Los recuerdo mucho, aun cuando esto fue en mi etapa escolar.

Leyendo su literatura, me inclino a pensar que su género favorito es la novela, refiriéndome a aquel cuya lectura ocupó más tiempo de su vida. ¿Me equivoco? Ciertamente, las novelas me fascinan. Nunca me amilanaron ni las novelas más extensas, ni las más complicadas.

A diferencia de muchos autores, usted hace de su memoria una herramienta para su literatura, sin caer en lo anecdótico. ¿Cómo es posible eso? Claro, lo anecdótico alimenta historias diferentes; entre lo personal y la realidad objetiva, aparece como telón de fondo un compromiso que tiene que ver con el cuestionamiento, la observación, la crítica, la parte ideológica, la visión de mundo, etc. Lo anecdótico casi siempre llega a trasladar su rol protagónico a lo social, con o sin intención.

Maestro Mario, usted es uno de los pocos escritores que insertan con éxito la música en su literatura. ¿Cómo nació ello? Bueno, la música, sobre todo la popular, siempre formó parte de mi entorno social y familiar. Siempre me gustaron los boleros que tienen cierto aire poético; también las guarachas, por su apego a las expresiones populares. Igual me ocurre ahora con la llamada salsa. Creo que muchas canciones, dentro de su brevedad, contienen historias fascinantes. Por ejemplo, en los últimos años descubrí la canción “Triste y vacía”, que canta Héctor Lavoe. Pues, bien, esa historia de cuatro minutos me dio pie para mi cuento “Ella tenía dos nombres”, incluido en mi cuentario Hablando de ausencias.

 Interesante. Hay otro punto también interesante, y es que, en varias de sus obras, existe cierto erotismo. ¿Por qué esa preferencia o es pura casualidad? Quizá, al comienzo, fue resultado de una apreciación natural en la vida de mis personajes. Pero después lo hice premeditadamente porque, siendo lo erótico parte de la vida, lamentablemente ha sido tratado con algo de irresponsabilidad y hasta groseramente. Por eso me impuse el reto de afrontarlo estéticamente. Además, lo inserto como parte necesaria de la historia que narro, de ninguna manera puede ser gratuito. Lo erótico no puede ser grotesco; debe ser sublime.

 A otros escritores podría sonarles incómoda esta pregunta, pero estamos seguros que no a usted: ¿en qué momento decidió incursionar en la literatura infantil?, ¿por qué? En realidad, desde mi primer libro ya hay acercamientos a la exploración del mundo de la infancia. Luego el tema específico se me fue imponiendo poco a poco. Por otro lado, creo que también influyó mucho el tipo de infancia que me tocó vivir en lo personal. Yo no leí, como muchos, cuentos de hadas. De manera que mi infancia y la de mi entorno escribían sus propios cuentos todos los días. Creo que eso me impulsó a escribirlos de otra manera.

Otra inquietud, ¿en qué libro ha invertido usted más tiempo de lo normal?, ¿por qué? Creo que en mi novela Ciudad de agosto. Quizá por lo extensa, pero también por la responsabilidad de retratar de manera verosímil hechos aparentemente increíbles, referidos a temas muy sensibles. También porque tuve que echar mano más a la imaginación, a la suposición o a fuentes lejanas, a veces difíciles de comprobación. En este sentido, el peso mayor de la historia estuvo en la imaginación y las fuentes orales.

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¿Y qué libros suyos le ha dado más satisfacción?, ¿por qué? Creo que Pecos Bill y otros recuerdos, El fantasma de un cajón, Hablando de ausencias y El mago del papel. Pero a todos los quiero por igual. Creo que cada libro me conmocionó en su momento y, quizá, también a alguien más. Eso ya es una satisfacción.

Una infidencia, maestro, ¿en qué momento del día escribe Mario A. Malpartida Besada? En realidad, uso diferentes horas del día y por períodos. A veces se me vuelven rutina las horas de la noche; otras, en las tardes. Depende de las circunstancias. Creo que las horas nocturnas me dan más satisfacciones.

Como lector, ¿qué efectos provoca en usted una buena novela, un buen libro de cuentos? Me llena de sensaciones diferentes, como si estuviera despertando a nuevos mundos. Lleno la casa de suspiros y hasta sueño con sus ocurrencias.

Y, entre cuento y novela, ¿con qué disfruta más? Con el cuento.

¿Es cierto que la literatura le cambia la vida a la gente o es solo un clisé? Se ha hecho cliché solo para proclamar que alguien lee y que le gusta la lectura.

¿Alguna vez pensó en incursionar en la poesía? Sí, tengo poesía guardada.

¿Se puede vivir de la literatura, hoy en día? Bueno, en países como el nuestro, no.

 ¿Qué errores suyos como escritor, si es que los tiene, no deben cometer las nuevas generaciones? Precipitarse en las publicaciones; alargar demasiado los ciclos temáticos.

Suponiendo que nos estamos mudando a otro planeta y solo debe llevar 3 libros de uno o tres de sus autores favoritos, estos serían. Cien años de soledad, Ensayo sobre la ceguera y El Quijote de la Mancha.

¿Por qué cree que no hay mucho apoyo de las autoridades locales, regionales y nacionales a la cultura y, por ende, a la literatura? Es cuestión de política cultural integral. No se trata de apoyar en el sentido estrictamente material, sino de crear las condiciones necesarias a través de proyectos secuenciados. El activismo o la coyuntura no tienen sentido si no se hacen seguimientos.

 ¿Le sirve de algo leer literatura a un futuro ingeniero, abogado o médico? Claro que sí. El ingeniero que lee, debe ser un buen ingeniero; el médico que lee, debe ser un buen médico. Además, les da status social y cultural que se extienden a las bondades de su profesión.

 ¿Cuáles han sido sus últimas publicaciones y si tiene algunos proyectos de pronta publicación? El mago del papel y Una melena dorada en la tribuna. Ambos libros me vienen deparando grandes satisfacciones. Tengo lista una novela y casi lista la segunda parte de El mago del papel.

 Infinitas gracias, maestro, por cedernos parte de su valioso tiempo. Ha sido un gusto y un honor entrevistarlo para el placer de nuestros lectores. Muchas gracias, John.

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