Réquiem para Jesús Virgilio López Calderón

(Huánuco, junio 5 de 1936 – Lima, sábado 2 de febrero, 2019)

Por Víctor Raúl Osorio Alania (*)

 

La crónica respeta un orden cronológico, visible el punto de partida y la meta; pronto, un conjunto de crónicas puede abarcar lustros, décadas, incluso siglos. En el campo periodístico es frecuente el uso de este género literario, así emerge la crónica ecológica, institucional, comunal, deportiva, literaria, tradicional.

Pedro Cieza de León (1520-1554) con “La crónica del Perú”, Felipe Guaman Poma de Ayala (1534-1615) mediante “Nueva coronica y buen gobierno”, Gómez Suarez de Figueroa o Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616) a través de “Comentarios reales de los Incas” destacan en condición de cronistas.

Hoy cuando las avecillas trinan compungidas y sabiendo por quién doblan las campanas, gente de toda catadura reconoce a don Jesús Virgilio López Calderón como “Cronista de Huánuco”, esa acreditación se lo ha ganado a pulso cuando supo mantener la pluma en su real forma expresiva, o sea, pensando y hablando, leyendo y escribiendo, siendo médico y cronista. El reconocimiento va más allá del velatorio, entierro, discurso fúnebre, pichqay (cinco días).

Jesús Virgilio circunscribe –de forma primordial– su manifiesto a la villa cuatricentenaria de Huánuco, lugar de su inspiración, pasión y razón de existencia. Cuando dialogaba tenía la virtud innata de narrar sus apuntes con coherencia, cohesión, carcajeo; podría inferir que transmitía con los mismos detalles como los hubo escuchado. Discernía antes de hablar.

“Mis crónicas del ayer” (2004) de Jesús Virgilio ha repercutido desde los oteros hasta el valle de Pillkumayu y de este hasta la memoria colectiva. La portada divulga identidad cultural con trasfondo de vivencia citadina; la primera solapa discurre con la biografía del susodicho, hay datos predecibles.

«Sus padres fueron el maestro Virgilio López López y doña Grimanesa Calderón. Cursó estudios primarios en el Centro Escolar “Hermilio Valdizán” y secundarios en el Colegio Nacional “Leoncio Prado” de su ciudad natal. En 1964 egresó de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos con el título de Médico Cirujano. En 1975 optó el grado de Doctor en Medicina otorgado por la misma universidad» (sic). Fue Director de la Escuela Profesional de Medicina, UNHEVAL. Junto a María Isabel Weydert y sus cuatro hijos hizo llevadero lo cotidiano.

Hablando con empatía y sin apuros, todas sus obras son asequibles como pan chapla, generosas cual clima primaveral de este valle, pero incido en “Mis crónicas del ayer” para exponer que la dislectura (término acuñado por Marco Aurelio Denegri Santagadea) corre victoriosa entrelineas y por ende entrepáginas.

El chupecito. Acababa de bañarse doña Victoria y en momentos en que se secaba y talqueaba, se levanta don Miguel a tomar su desayuno. Ingresa a la cocina y ve la olla de chupecito que hervía a borbotones. Lo prueba con el cucharón y encuentra que le falta sal y grita a su mujer. — ¡Victoria, no le has echado sal a tu “chupe”!

Ella le contesta: So viejo cojudo. A ver tú échale ají a tus… 

En “Aptitud verbal” 2021 (Comprensión de textos), publicado en el año 2015, Alicia Cuyubamba, Haiber Echevarría, Norma Osorio han generado ejercicios a partir de los textos de autores huanuqueños, peruanos y universales. Aparecen las citas de Samuel Cárdich Ampudia, Andrés Cloud Cortez, Teófilo Fernández Santa Cruz, Andrés Jara Maylle, Enrique López Albújar, Esteban Pavletich Trujillo, Félix Ponce e Ingunza… En la página 37 fulgura el texto de Virgilio López Calderón, fuente “Mis crónicas del ayer”.

El día del santo. El 18 de marzo a las doce de la noche llegaban los tunantes con cohetes y música de guitarras, mandolinas y bandurrias. Cuando se abría la puerta aparecía la abuelita esbelta y sonriente, mostrando uno o dos dientes de oro en la dentadura postiza. (…) En la sala bailaban parientes que llegaban en grupo y que abrazaban efusivamente a la abuelita, deseándole muchísimos años de vida y de jarana.

El ponche se servía a la una, y a las tres de la mañana el caldo de gallina, caliente y sabroso, con su presa de aquellas gallinas viejas y viudas que contemplábamos cacarear redondas y de cadencioso andar, en el patio.

El día del santo, era continuación de la serenata, pues con el caldo, ponche y desayuno, el cuerpo se reponía y alimentaba y no pedía cama. Seguía el baile entre la ida y la venida de parientes y amistades, con los trajines de los cocineros por el empedrado patio, preparando cuyes y gallinas y el chancho para la pachamanca. Cuando doraba la tarde, después del cafecito, para despejar el sueño, comenzaba el baile en el salón, en donde alternaban los conjuntos de guitarra con la vitrola de cuerda.

(1). Idea principal en el texto: A. Todos tenemos un día importante. B. A priori, durante y a posteriori del natalicio. C. Abuelita homenajeada en vida. D. El cumpleaños abordado en una apoteosis citadina. E. «Muchos años de vida y de jarana».

(2). Ideas secundarias: A. Todo lo subsiguiente. B. Alimentación opípara quita el sueño. C. Filarmónicos ejecutan instrumentos de cuerda. D. Baile hasta el ocaso de la festejada. E. Parientes visitan a la homenajeada.

Réquiem para Jesús Virgilio López Calderón (acróstico con quintillas y octavillas).

Jamás dejó de auscultar / Era cordial, trashumante / Supo inquirir y escuchar / Único como aspirante / Ser digno para vivar.

Venero del treinta y seis / Imagen vivaz con gaje / Regio sobre su mensaje / Gélido en el diecinueve. / Idóneo por saber / Locuaz bajo pensamiento / Idilio sin miramiento / Oh, Huánuco, ¿quién te mueve?

Llora incluso la nevera / Óptimo fuiste, dechado, / Pasas a la otra ribera / Está en el viento techado / Zambulle tras la naviera.

Camina hermano mayor / Arriba busca tu estrella / Lógico, la que destella / Decidido va. ¿Volverá? / Esta oda ante tu epitafio: / Resultó pura energía / Ósmosis para este día / Novilunio es y será.

nexo. Amigo Jesús Virgilio López Calderón, ten la certeza que ganaste un espacio en el corazón de tus lectores, po ello, brota el compromiso de auscultar tus obras y seguir con la difusión, a la postre, así el homenaje será activo como la apología del Pillkumozo, como la sesuda perseverancia de “La Negrería” con tu entrañable amigo, don Miguel Guerra Garay. Hasta pronto “Hijo Predilecto de Huánuco”, ¡sé que volverás desde la tierra fértil donde yaces!

(*) “El Puchkador de la Nieve”

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