Junto a las estrellas, próximo a la pachamama

Cerro de Pasco en la crónica prometida

´Por  Víctor Raúl Osorio Alania (*)

 He aquí la lluvia, he aquí la nieve, he aquí rayos, truenos y relámpagos, memorando (aviso diplomático) para el cambio de clima en 720 grados. El oxígeno ralea, cada picacho imponente, cual marioneta, pende de los rayos solares. En la región centro-andina del Perú se ubica Cerro de Pasco, emporio junto a las estrellas, próximo a la pachamama, protege a más de setenta mil habitantes, columpiándose a 4.338 msnm.

Justifican el nacimiento de la ciudad con “Los tres toros” (leyenda) que emergieron de las aguas cristalinas de Patarcocha o laguna de Patar. Los vestigios arqueológicos y afines hablan de la presencia preínca, destacan Los Pumpush (Bombón), vino la nacionalidad Yaro del altiplano sureño para ramificarse en tres parcialidades; más tarde, la expansión inca liderada por Pachacútec, siendo sucedida por españoles, ingleses, norteamericanos y actualmente capitales no precisados. Expolian a los obreros de contrata, laboran doce horas diarias, veinte días sucesivos y descansan diez o el quince por siete.

Cerro de Pasco, villa cuatricentenaria, el primer denuncio minero data del 9 de octubre de 1567, aludiendo al Cerro San Esteban de Yauricocha, a la sazón el Nuevo Potosí o Cerro de Pasco, actualmente, capital del departamento y provincia de Pasco.

Lo urbanístico y arquitectónico ostentan calles serpenteantes en la antigua urbe; San Juan Pampa, ¿la nueva ciudad o remedo ajeno?, expone armonía en sus vías, por eso los sentimientos y pasiones verticales van rápido al clímax horizontal.

Se edifica el hogar, se construye la casa. Las viviendas tienen diseño consabido. Base cimentada (incluye mesada en las esquinas), paredes de adobe –ahora de kinkón o ladrillo–, techo doble agua con voladizo (cornisa) y canaleta. Un par de gallos metálicos en estado amistoso validan lo arquitectónico sobre el techo.

La fuerza de los creadores de la profundidad fue complementada con el uso de animales. Las llamas cargueras adjudicaron su trabajo a las mulas, ambas fueron sustituidas por los carros metaleros del ferrocarril y vehículos de alto tonelaje (Lectra Haul).

Centenas de mulas se vendían diariamente, así, los muleros crearon la muliza; esta canción en medio de las cuitas, llora, filosofa, solivianta, ama, añora y entiende las secuelas de la minería expoliadora.

El terminal terrestre y calles adyacentes, desde las cuatro de la madrugada, ofrecen chupe o caldo verde, cura resaca de toda índole; para los más exigentes hay caldo de cabeza o uman caldo, también caldo de cordero. Al mediodía, patasca, mondongo, pachamanca, picante de cuy. Por la tarde, vivanderas de sombrero blanco, pañolón tipo Alaska, expenden charquicán y alverjitas. El comensal conoce su potaje.

Sí, por la noche, la temperatura desciende a muchos grados bajo cero. Sinergia hace cada pareja hasta abrigarse, los varones descansan bajo cero y las mujeres lo hacen bajo uno.

Pellejos de ganado ovino sobre la sábana blanca, cómodo descanso en la cama familiar; experiencia obviada por los hoteles, quizás por el trabajo que demanda lavar estos cueros. Frazadas tejidas en telares vilcabambinos ponen la cuota necesaria en la ciudad de las dos estaciones: la estación del tren y la estación del invierno. Ningún hotel exhibe las cinco estrellas, porque descansamos junto a las estrellas, amén de todos los “amos” e “imos” imaginables: amamos, laboramos, estudiamos, rezamos, jugamos, vivimos, sufrimos, concebimos…

Patarcocha o laguna de Patar, patrimonio natural ubicado en el mismo corazón del Cerro de Pasco. La primera dio lugar a Circunvalación “Túpac Amaru”, la otra es Circunvalación “Arenales”, eso refleja la sapiencia de los ciudadanos, bordea, circunvala, rodea.

¿Qué futuro le deviene a Cerro de Pasco? Porvenir cenizo como el color de los mineros. ¡Sufre Wankapucru! El amanecer donará sus colores para puchkar una ciudad sostenible con identidad y pulcritud. Desde la minería propiciar alternancias laborales (parque industrial), lo digo desde los 5.730 metros de altitud de Waqurunchu (Huaguruncho).

Cerro de Pasco, hijo espartano de la patria

Estando en Cerro de Pasco diga con voluntad peruana: ¡Batalla de Uliachín!; fuera del territorio pasqueño dígase: ¡Batalla del Cerro de Pasco!, acto heroico del 6 de diciembre de 1820, cuando la tropa patriota hizo morder el polvo de la derrota a la fuerza realista. El aporte de María Valdizán suma con el coraje de los soldados; además, la nieve, el clima de puna, el contorno de Patarcocha y la cuesta del actual barrio de Uliachín fueron aliados estratégicos en la obtención del triunfo.

En 1879, siendo inminente la invasión chilena, 220 integrantes de la “Columna Pasco” se inmolaron defendiendo la frontera peruana. Ellos pelearon solos sin la asistencia de la oficialía militar del Perú.

Hijos míveos… hechura telúrica

Daniel Alcides Carrión García (Cerro de Pasco, 1857-Lima, 1885). El Cristo del siglo XIX que predica con su ejemplo. Héroe nacional y doctor de la medicina mundial. Su martirologio vive en todo mortal. Su muerte germina esperanza.

Lorenzo Rockovich Minaya y Teófilo Janampa Morales. Ofrendaron sus vidas en el conflicto con el Ecuador, merecen reconocimiento más allá de estar rotulados en dos calles añejas. El empeño militar debe incorporarse en los libros de historia.

Muqui o muki. Vive con los topos. Cabello rubicundo, con su mirada penetrante captura el alma gemela, ojos vivaces que imantan al obrero más avispado; barba peculiar algo tupida. Orejas desorejadas nada clásicas; oído sensitivo capaz de captar lo endógeno y exógeno; talla suficiente de cualidades magníficas, el más alto mide un metro con cinco centímetros. Benefactor o mecenas con el minero hacendoso; castiga ejemplarmente y sin misericordia al vanidoso.

Illa o Ila. Animal diminuto de grandes réditos, reina en el sector agrario. Cuando el campesino captura la illa seguro que tendrá excelente cosecha, fertilidad y reproducción múltiple de sus animales.

Gamaniel Blanco Murillo, Andrés Ernesto Urbina Acevedo, Eleodoro Vargas Vicuña, Zenón Aira Díaz, Mavilo Calero Pérez, Jorge Aurelio Morales Galarza, César Pérez Arauco, Luis Raymundo Pajuelo Frías… letras sublimes en narrativa y poética, respectivamente, de este ámbito; otros vienen con estandarte propio, prepárense.

Un adiós con música

Sacándole fuego a la nieve, Julio Baldeón Gavino y Félix Luquillas Hualpa, dúo “Los Amantes del Cerro de Pasco”, impetran: «el huayno se canta y baila, la muliza solo se canta», avisen a los bardos y promotores de tertulias. Pasacalle y corso carnavalesco elevan la solemnidad de las calles antiguas y dizque modernas.

(*) “El Puchkador de las Nieve”

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