El alemán de la cocaína que descansa en Huánuco

Por: Pool Rivera Domínguez*

Cada 2 de noviembre, el Cementerio General «Augusto Figueroa Villamil» recibe a numerosos huanuqueños que acuden a visitar las sepulturas de sus familiares. Entre sus antiguos nichos descansan también personajes cuyas trayectorias forman parte de una historia regional todavía poco conocida. Uno de ellos es Arnold o Arnaldo Kitz, un comerciante alemán que, a finales del siglo XIX, contribuyó al nacimiento de una industria que conectó las montañas de Huánuco con los principales laboratorios farmacéuticos de Europa. Su nombre, prácticamente desconocido entre nosotros, ocupa un lugar importante en la historia de la cocaína peruana.

Kitz nació en Alemania en 1853 y llegó al Perú en una época en que el mundo científico europeo experimentaba un creciente interés por las propiedades de la hoja de coca. Por entonces, la cocaína era una sustancia legal que comenzaba a emplearse en la medicina, particularmente como anestésico local. Su producción despertó el interés de empresas farmacéuticas que buscaban abastecer un mercado internacional en expansión. Entre ellas sobresalía la firma E. Merck, establecida en Darmstadt, Alemania, que llegó a convertirse en uno de los principales compradores y refinadores de cocaína del mundo.

En el Perú, los primeros avances de esta industria estuvieron vinculados a las investigaciones del farmacéutico Alfredo Bignon, quien durante la década de 1880 desarrolló un procedimiento para obtener cocaína cruda a partir de las hojas de coca. Su método permitía procesar la materia prima cerca de las zonas productoras, evitando transportar grandes cantidades de hojas hasta los laboratorios de la capital. Aquella innovación abrió nuevas posibilidades comerciales para los territorios de los Andes orientales, donde la coca se cultivaba desde mucho antes de su incorporación a los circuitos farmacéuticos internacionales.

Fue precisamente hacia esos territorios donde se dirigió Kitz. Según las investigaciones del historiador norteamericano Paul Gootenberg, en 1886 adquirió la propiedad de Tulumayo, cerca de la actual Tingo María, y dos años después emprendió actividades en Pozuzo, colonia de inmigrantes austroalemanes establecida en la vertiente oriental de los Andes. Su vinculación con la empresa Merck fue particularmente estrecha. Gootenberg considera probable que hubiera llegado al Perú como representante de sus intereses comerciales, aunque la documentación conocida no permite establecerlo definitivamente.

En Pozuzo, Kitz introdujo procedimientos para transformar la hoja de coca en cocaína cruda, un producto que podía conservarse y transportarse con mayor facilidad. Hacia 1890 había establecido allí una de las primeras instalaciones de esta industria en la región. La producción se destinaba al mercado alemán, donde continuaba su refinación para usos farmacéuticos. Así, una colonia relativamente aislada de la Amazonía peruana comenzó a participar en un circuito comercial que terminaba en los laboratorios europeos.

Sin embargo, las dificultades del transporte condicionaban el funcionamiento del negocio. La mercancía debía atravesar caminos de montaña, generalmente a lomo de mula, hasta alcanzar los centros comerciales desde donde podía ser enviada al extranjero. Huánuco ocupaba una posición estratégica en aquellas rutas y, con el tiempo, Kitz trasladó progresivamente sus actividades hacia nuestra ciudad. Hacia 1893 concentró aquí las principales operaciones de su empresa, conocida como Kitz y Compañía. Sus intereses comerciales se extendieron también a otros productos tropicales, entre ellos el caucho.

La presencia de Kitz contribuyó a una transformación económica de mayor alcance. Las técnicas de procesamiento que introdujo fueron adoptadas por otros empresarios, incluidos inmigrantes de origen croata que participaron en el desarrollo de la industria regional. De esta manera, Huánuco dejó de ser únicamente una zona productora de hojas de coca y se convirtió también en un espacio de elaboración de cocaína destinada a la exportación. A finales del siglo XIX, la región había adquirido una posición destacada dentro de una actividad legal y estrechamente relacionada con la industria farmacéutica internacional.

Aquella expansión continuó durante los años siguientes. Hacia 1900, la región de Huánuco reunía una parte importante de las fábricas peruanas de cocaína cruda. Entre los empresarios que posteriormente destacaron en esta actividad figuró Augusto Durand, conocido también por su protagonismo en la política nacional. La industria involucró a comerciantes, propietarios agrícolas, trabajadores y transportistas, articulando distintos espacios de la economía regional. Huánuco participaba así en un mercado internacional cuya importancia difícilmente podría advertirse al observar únicamente su aparente aislamiento geográfico.

Kitz, sin embargo, no llegó a presenciar el apogeo de aquella actividad. Gootenberg señala que contrajo matrimonio con una integrante de la familia Dibós, perteneciente a la sociedad limeña, y que murió sin descendencia en Huánuco, en julio de 1896. Su sepultura, ubicada en el pabellón Nuestra Señora del Carmen del Cementerio General, conserva una inscripción que presenta una diferencia significativa respecto de esa información. Aunque coincide con el año de nacimiento consignado por el historiador, señala abril de 1897 como fecha de fallecimiento. Esta discrepancia, identificada durante una investigación histórica en curso sobre los personajes sepultados en el camposanto huanuqueño, deberá contrastarse con otras fuentes documentales para establecer cuál de las fechas es correcta.

La muerte de Kitz tampoco significó el final inmediato de sus negocios. Kitz y Compañía continuó desarrollando actividades comerciales durante los primeros años del siglo XX, bajo la dirección de su último socio, Carlos Knoll. Para entonces, la industria regional había adquirido una dinámica propia que sobreviviría varias décadas, aunque posteriormente enfrentaría la competencia internacional y las crecientes restricciones sobre la cocaína.

La trayectoria de Arnold Kitz revela una dimensión poco conocida del pasado económico de Huánuco. Su sepultura constituye un testimonio material de los vínculos que nuestra región mantuvo con el comercio y la industria farmacéutica mundial. En vísperas del Día de los Muertos, recuperar su historia permite reconocer también el valor de un cementerio cuyo deterioro amenaza con borrar testimonios de nuestro pasado. Entre sus antiguos nichos permanecen otras historias que una investigación todavía en curso busca reconstruir.

 

*Investigador en historia y política regional Pontificia Universidad Católica del Perú

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