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Por. Fortunato Rodríguez y Masgo *
El departamento de Huánuco, en la actualidad, alberga en su territorio a una destacada cultura etnoamazónica, conocida como Asháninka. Esta es una comunidad nativa cuyo origen se remonta a hace tres mil años, manteniéndose viva hasta el presente, a pesar de la invasión de culturas foráneas, como la andina y la occidental, entre otras.
Huánuco posee en su territorio la conocida «montaña», que se refiere a la selva o la Amazonía. En una específica ubicación, reside esta cultura antigua, que en el pasado mantuvo una estrecha relación con sus hermanas culturas amazónicas, los Panatahua, Yaneshas y Chupachos, todos ellos vinculados por ser descendientes de la amplia familia lingüística ARAWAK O ARAHUACA.
Hoy en día, el pueblo nativo Asháninka reside en una porción del territorio amazónico de Puerto Inca. Por lo tanto, son habitantes de Huánuco, quienes fortalecen nuestra cultura con su historia y nos enorgullece contar con un pueblo nativo de nuestra selva. Así pues, Huánuco posee milenarias culturas preincas y amazónicas; es nuestro deber informar sobre la relevancia de su existencia en nuestro departamento o región.
Hoy trataré de proporcionar algunas características de esta cultura milenaria en vida, para la admiración de los actuales a pesar de haber pasado más de tres mil años.
TOPONIMIA. Numerosas especulaciones e interpretaciones han surgido en torno a la palabra nativa asháninka y uno de los expertos asociados a este grupo aborigen es el antropólogo Enrique Rojas Zolezzi. Él define la toponimia asháninka, tras llevar a cabo las investigaciones del caso, de la siguiente forma: “(…) Nosotros asháninka, es el término que una persona utiliza para referirse tanto a sus parientes de sangre como a sus objetivos, los cuales se ubican en
Además, este investigador observó que el término asháninka está vinculado con el prefijo de primera persona, incluso plural, vinculando a un grupo de individuos, llamándolos «nosotros» o «emparentados».
La cultura asháninka se distingue por contar con una organización basada en lazos familiares, sus miembros provienen de su propia familia, siempre en constante movimiento de agrupación y cantidad. Por ende, se confirma la afirmación de nuestro historiador Enrique Rojas Zolezzi, «todos forman parte de una familia o grupo familiar».
Es imprescindible destacar que el asháninka posee un saber ancestral, la forma de reconocerse entre sí, ya que expresan ser «como nosotros», otros se les llama «paisanos», comparten la misma tradición, el idioma es el mismo, se adornan de la misma manera, entre otros aspectos.
Es importante señalar que los asháninka rechazan ser llamados “chunchos” o “campas”, términos que fueron usados desde la época de la conquista espiritual por los misioneros franciscanos; de esta forma, justificaban su presencia en la selva para “civilizar” a las personas mediante la religión occidental. Para un nativo asháninka, es un insulto que lo llamen “chuncho” porque no son “incivilizados” ni “ignorantes”. En cuanto a “campa”, para ellos significa “ocioso” o “vago”. Ellos refutan esta idea con su trabajo calificado y su cultura, cumplen su papel dentro de su familia, aunque para un “extranjero” parezca que no hacen nada. Por ejemplo, la mujer está cocinando y limpiando la casa mientras el hombre descansa en su hamaca; aparentemente no está haciendo nada. Pero casi nadie sabe que el jefe de familia ya trajo leña, cazó un animal o pescó para cocinar, recolectó frutas, trabajo que realizó desde temprano en la mañana; ese rol ya lo cumplió y ahora espera a que la mujer termine su tarea.
ORIGEN. La civilización PROTO-ARAWAK se originó en la selva brasileña, particularmente en la región amazónica, donde habitaban cerca de los ríos y en las zonas propensas a inundaciones; esto les permitió llevar a cabo actividades agrícolas durante el período de reducción del río, es decir, de mayo a octubre cada año. Así, se trasladaban en búsqueda de terrenos productivos, llegando a un punto de sobrepoblación que provocó disputas por el espacio. Con el tiempo, algunos grupos decidieron migrar río arriba, navegando a través de los ríos Madeira, Jurúa, Purús, Japurá, Orinoco, Negro y Ucayali; una parte de este grupo amazónico llegó a la selva del Perú, donde se asentaron en las playas del río Ucayali. En esos lugares, llevaron a cabo sus actividades de subsistencia, como el cultivo, la pesca, la caza y la recolección de frutas. Las tierras eran prístinas y muy productivas, lo que les permitía vivir con comodidad bajo su cultura.
Con el paso del tiempo, estas comunidades formaron sus propios territorios, dando origen a dos comunidades: PROTO ARAWAK y ARAWAK MAIPUREANA, luego fueron desplazados de las tierras inundables por diversos grupos de la cultura TUPI y PANO, como afirma el investigador Enrique Rojas Zolezzi.
La cultura PROTO TUPI, un grupo social que habitaba la desembocadura del Amazonas, se apoderó de la llanura aluvial de esa región. Debido a su forma de vida, establecieron un gobierno bajo el liderazgo de un cacique, como se evidencia en la población nativa de AMAGUA, Cocama y Cocamilla, ubicados por los conquistadores en el siglo XVII, siendo los dos últimos en Perú. Además, los ARAWAK MAIPOREANOS, que fueron desplazados de los llanos inundables en las cabeceras del río Ucayali, se buscaron refugio en las tierras bajas Inter fluviales menos fértiles, dando así origen a la cultura Asháninka, junto con los Madriguengas y Nomatsiguengas. Posteriormente, surgieron las culturas Yanesha y Panatahua.
ACTUALIDAD. La comunidad indígena asháninka reside a lo largo del río Pachitea, manteniendo vivas su cultura, historia y tradiciones ancestrales. Se encuentran en la provincia de Puerto Inca, dentro de la región Huánuco. Esta provincia limita al norte y al este con la región Ucayali, al sur con Pasco, y al oeste con las provincias de Pachitea y Leoncio Prado (Huánuco). En sus márgenes fluye el majestuoso río Pachitea, donde están establecidas las comunidades asháninka. Lamentablemente, esta población nativa se halla “lejana” o “aislada” de las autoridades de Huánuco, ya que la distancia y la indiferencia actúan como barreras. Nuestros hermanos asháninka sienten que son marginados y olvidados por los representantes de Huánuco, a pesar de ser también parte de esta comunidad. Por ello, es fundamental reducir las distancias y acercarnos a ellos para estimular su progreso y hacer que se sientan incluidos en nuestra región. De esta forma, lograremos que esta comunidad indígena reciba atención y esté contenta de formar parte de Huánuco, evitando así que consideren la opción de trasladarse a Ucayali, que está geográficamente más cerca. Nuestras autoridades deben esforzarse por fomentar la unidad y cohesión en nuestro departamento y no permitir la pérdida de territorio; de lo contrario, terminarán formando parte de otras regiones debido a la negligencia de nuestros líderes.
FOTO: D.R. referencial.
*Escritor, economista y abogado. Cel: 964759237. E-mail: rodriguezmasgo@gmail.com






