Irán sufrió un nuevo golpe a su cúpula con la muerte del ministro de Inteligencia, Esmail Jatib, en un bombardeo israelí. El ataque se produjo apenas un día después de que Israel anunciara la eliminación de Alí Larijani, jefe del Consejo Superior de Seguridad Nacional. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, confirmó la operación y aseguró que su ejército tiene carta blanca para abatir a cualquier dirigente iraní considerado objetivo militar.
El líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, advirtió que los responsables “pagarán por la sangre derramada”, prometiendo represalias tras la serie de asesinatos de altos mandos. Jamenei, quien asumió el liderazgo tras el asesinato de su padre al inicio de la guerra, declaró que “cada gota de sangre derramada tiene su precio”.
La tensión se extiende al sector energético. El presidente iraní, Masud Pezeshkian, alertó que los ataques contra infraestructuras críticas, como el yacimiento de gas SouthPars-North Dome, pueden tener “consecuencias incontrolables”. El conflicto también ha disparado los precios del petróleo, afectando a los países del Golfo.
En paralelo, Estados Unidos enfrenta dificultades para sumar aliados a la misión de reapertura del estrecho de Ormuz, bloqueado por Irán, por donde transitaba una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos. El presidente Donald Trump reprochó la falta de compromiso de sus socios internacionales.
En Teherán, miles de personas participaron en el funeral de Larijani y de Gholamerza Soleimani, líder de la fuerza paramilitar Basij, además de homenajear a los más de 80 marinos fallecidos tras el hundimiento de una fragata iraní por un submarino estadounidense frente a Sri Lanka. Los ataúdes, cubiertos con banderas iraníes, fueron acompañados por dolientes que portaban retratos de Jamenei en una procesión marcada por gestos tradicionales de luto chiita.
El canciller iraní, Abás Araqchi, aseguró que “la ola de repercusiones mundiales no ha hecho más que empezar”, mientras los Guardianes de la Revolución reivindicaron bombardeos en Tel Aviv y prometieron vengar la muerte de sus líderes.
Por su parte, Tulsi Gabbard, directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, afirmó que el gobierno iraní ha sufrido duros golpes y quedó debilitado, aunque sigue “intacto”.
La escalada de ataques y represalias entre Israel e Irán, sumada a la presión sobre las rutas energéticas globales, configura un escenario de alto riesgo con repercusiones que podrían extenderse más allá de Medio Oriente.







