Con la llegada del Año Nuevo, millones de personas en Perú y el mundo recurren a las tradicionales cábalas para recibir el nuevo ciclo con optimismo y esperanza. Estos rituales, cargados de simbolismo, se han transmitido de generación en generación y se mantienen vigentes como parte de la cultura popular.
Entre las prácticas más comunes destaca comer las 12 uvas a la medianoche, cada una acompañada de un deseo que simboliza abundancia y buenos augurios para los meses venideros. Otra costumbre extendida es usar ropa interior de colores específicos: el rojo para atraer el amor, el amarillo para la prosperidad económica y el verde para la salud.
Asimismo, muchas familias colocan lentejas en los bolsillos o sobre la mesa, como símbolo de riqueza y estabilidad financiera. Otros optan por dar la vuelta a la manzana con una maleta vacía, un gesto que representa el deseo de viajes y nuevas oportunidades en el año entrante.
En algunos hogares también se realizan baños de florecimiento o rituales de limpieza energética, destinados a dejar atrás las malas vibras y comenzar el año con equilibrio y armonía. Estos actos reflejan la mezcla de herencias culturales y creencias que forman parte de la identidad latinoamericana.
Más allá de la superstición, las cábalas se han convertido en una forma simbólica de cerrar ciclos y proyectar metas personales y colectivas. Para muchos, representan un momento de unión familiar y de renovación espiritual, en el que se busca iniciar el año con la mejor energía posible.






