En Huánuco hay fechas que no pasan: se quedan. Se quedan como el olor del café recién tostado, como el eco de un huayno que atraviesa generaciones, como la memoria viva de un pueblo que, aun en silencio, canta.
Por eso, cuando el reloj marcó las cinco en punto de la tarde en el auditorio Roel Tarazona Padilla de la Universidad Nacional de Música Daniel Alomía Robles, no solo comenzó un concierto: comenzó un acto de amor.
Era la XXV edición de la Canción Huanuqueña, bodas de plata de una tradición que ya late como un corazón heredado.
El público, huanuqueñista desde la piel hasta el alma, ocupó cada butaca desde el primer minuto. Afuera, en las mesas, el tamal huanuqueño y el café de nuestra tierra alcanzaban para todos, como si la generosidad fuese un requisito para ingresar. Nadie imaginaba todavía que esa tarde y esa noche se convertirían en una postal que dolerá recordar por su hermosura.
La Asociación Promotora de la Identidad Cultural Regional Huanuqueña —con el apoyo del Gobierno Regional y de la propia Universidad Daniel Alomía Robles— no había organizado simplemente un concierto: había convocado a Huánuco entero. La UNHEVAL acompañó la transmisión, bajo la guía técnica de Melchor Vicente y las alumnas de Comunicación.
Y Huánuco respondió
Las voces nuevas que despiertan a la tradición
La conducción inicial estuvo en manos de las estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, quienes dirigieron el programa con ese entusiasmo limpio de la juventud, que ilumina incluso antes de hablar.
Fue Alejandra Meza Jesús quien abrió la senda musical interpretando El Peregrino, un huayno inmortal de José Zevallos Ramos, y apenas terminó sus primeras notas, uno podía sentir que el auditorio respiraba distinto.
Luego llegaron, una a una, voces jóvenes como torcazas en vuelo:
*Sharon Martín Rafael con Nací en el Pichgacocha, de Rollin Guerra Huacho.
*Elisa Peña Gonzales, del IE General Velasco, cantando Carnaval de la Unión Mulisa, recopilación de Dos de Mayo.
*Akemi Castro Espinoza con No lo digas, también de José Zevallos Ramos.
*Angie Chirre León con Me gusta la Libertad, un huayno tradicional de Ambo.
*Adriana Santillán Chaupis estremeciendo con Maipacha, harawi de nuestro Daniel Alomía Robles.
*Dayiro Esteban Suárez con el sentido ¿Dónde estás? de Mito Ramos.
*Alejandra López Minaya interpretando Tierra Hermosa, de Gumersindo Atencia.
*María Fernanda Evaristo Osorio con A la vida le he pedido, de Andrés Fernández Garrido.
La primera agrupación era un puente: la juventud abrazando los himnos de nuestros mayores. Y muchos, en silencio, intentaban contener alguna lágrima. Porque cuando canta un joven, también canta su pueblo.
Las voces de siempre: los consagrados
El segundo bloque, de artistas reconocidos, vibró con otra energía: la de quienes ya han abrazado los escenarios, la de los que llevan la música tatuada en la garganta.
Abrió Cristina Tolentino Chacón con Un Rinconcito para mi amor, de Andrés Fernández Garrido.
Llegó también Angelly Marcellini Zelada, interpretando Huánuco del Ayer de Fredy Marcellini Morales, y el siempre majestuoso Cóndor Pasa de Daniel Alomía Robles.
El Centro Musical Melodía Huanuqueña estremeció con Fox Incaico N° 8, mientras Deyvi Miller Alcántara ofreció Cuando salí de mi tierra (Mariano Ignacio Prado) y Ángel Hermoso (Andrés Fernández Garrido).
Rebeca Fernández puso a vibrar las paredes con El Pillco Mozo, tondero de Orlando Vara Mazzini, y luego con Mensaje de Amor, muliza de Gumersindo Atencia.
Siguieron Evelyn Alvarado, Ely León, Sileny Nolasco, Silvia Fernández, María Aydé Guerra, cada uno con piezas de los grandes maestros: Zevallos Ramos, Atencia, Alvarado, Fernández Garrido, Alomía Robles, Suárez.
Hasta que llegó él.
El gran Mito Ramos, con esa voz que parece venir desde los tres cerros que vigilan la ciudad, ingresó al escenario no solo a cantar, sino a honrar.
Y cuando rindió homenaje a los maestros huanuqueños, muchos sintieron que el tiempo se detenía…
Pero cuando mencionó a su madre, Vilma García, a quien nuestro programa de radio reconoce como la Dueña y Señora de la Canción Huanuqueña, su voz tembló apenas.
Y en ese temblor estaba Huánuco entero.
El cierre: cuando todas las generaciones cantan a la vez
Para el último bloque, la conducción recayó en la reconocida comunicadora social Paola Reynaga, quien con la elegancia y cariño de siempre le dio al cierre la textura de un regreso al hogar.
El Coro Ruicino elevó Tierra de mis Amores, de Ethel Rolando Soria, como una oración colectiva que estremeció el auditorio. Luego, regaló una interpretación luminosa de El Cóndor vuelve a su nido, de Goyo de la Cruz Miraval, y culminó con el vals Huánuco Viejo, de Roel Tarazona y Arturo Caldas.
El Grupo Guarapo estremeció con Cuando salí de mi tierra y un mix huanuqueño que levantó al público.
Cada nombre, cada huayno, cada yaraví, cada muliza, era una parte de nuestra memoria colectiva.
Era como escuchar volver a nuestros abuelos.
Lo que quedó al final, cuando las luces se apagaron
Al culminar, la Asociación Promotora de la Identidad Cultural Huanuqueña agradeció a todos: artistas, instituciones, colaboradores, al público del auditorio y al público que siguió la transmisión por el Facebook de Radio UNHEVAL, gracias al trabajo técnico impecable de las estudiantes de Ciencias de la Comunicación.
Cuando las luces comenzaron a apagarse, algunos se quedaron sentados unos segundos más.
Como quien no quiere levantarse de un sueño.
Como quien teme que al abrir la puerta, esa Huánuco que cantó durante horas pueda desvanecerse.
Pero no.
Nada se desvanece cuando un pueblo canta.






