Por: Jorge Chávez Hurtado
Hay gratitudes que no envejecen, nombres que el tiempo no borra y canciones que permanecen para siempre en la memoria de un pueblo. Lo descubrí cuando recibí, vía WhatsApp, una invitación de mi amigo y gran maestro de la música Orlando Franko Vara Palma, nuestro querido Joselito Vara, para asistir a la conferencia de prensa por los dieciocho años de su emblemática orquesta Son de Clase.
«Estamos muy felices de cumplir 18 años haciendo música», decía el mensaje. Lo llamé para confirmar la invitación y me anunció que la cita sería en un conocido local de Huánuco. Preparé mis preguntas, sin imaginar que la historia más conmovedora de aquella jornada comenzaría antes de llegar a la conferencia.
Poco antes me había reunido con los jóvenes del Coro Ruicino. Les comenté que asistiría al encuentro periodístico con Joselo Vara Palma y, espontáneamente, me pidieron transmitirle sus saludos. Luego pronunciaron unas palabras que se me quedaron prendidas en el alma: “¡Al maestro Joselo le debemos todos nuestros éxitos y sueños logrados!”.
¡Qué hermoso es descubrir que la gratitud sigue floreciendo en el corazón de quienes alguna vez recibieron una mano generosa! Aquellas palabras eran mucho más que un saludo: constituían un homenaje sincero, nacido de la memoria de jóvenes que reconocen a quien contribuyó a convertir sus sueños en realidad.
El Coro Ruicino vive su tercera generación de integrantes. Joselo los ha recibido en la sala de grabación de Pillkomusic, donde sus voces encontraron la oportunidad de transformarse en canciones que, gracias a las redes sociales, han llegado a públicos del Perú y del extranjero. Comprendí entonces que la grandeza de un maestro no se mide solamente por los escenarios conquistados o los aplausos recibidos, sino por la huella que deja en quienes aprendieron a creer en sí mismos gracias a su apoyo.
Con esa emoción llegué a la explanada de El Rinconcito Huanuqueño. Allí estaba la familia de Son de Clase: sus padres, Orlando e Irma; su hermana Nathalie; sus hijos, sobrinos, primos, tíos y los músicos que han contribuido a construir esta historia. Pero hubo un detalle que no pasó inadvertido: semanas atrás, Joselo había sufrido un accidente cuando se dirigía a su trabajo. Aún en proceso de recuperación, con el apoyo de sus médicos, llegó a la conferencia caminando con dificultad, rengueando, pero con el espíritu firme y la voluntad intacta. Su andar revelaba las huellas de aquel percance; su presencia, en cambio, hablaba de esperanza y determinación. Porque hay caídas que lastiman el cuerpo, pero no consiguen derribar los sueños de quien encuentra en su vocación razones para seguir adelante.
Cuando llegó mi turno de preguntar, quise ir más allá de los balances festivos. Le pregunté a Joselo si, después de tantos éxitos y de haber llevado el nombre de Huánuco a diversos escenarios, sentía todavía alguna deuda pendiente con la música y con nuestra tierra. Me respondió que sus objetivos se renuevan con cada sueño, con cada proyecto que le permite innovar y fortalecer la orquesta. Comprendí que, para él, los dieciocho años no representaban una meta definitiva, sino un nuevo comienzo.
La historia de Son de Clase empezó en Lima, en 2008, durante una fiesta de ciudadanos huaracinos, donde tuvo su primera presentación. Joselo me contó que el nombre de la agrupación fue inicialmente provisional, pero terminó gustándoles tanto que se quedó para siempre. En aquella aventura también fue fundamental la inspiración y el emprendimiento de su esposa, Zoila Rojas Huatuco, compañera en la construcción de este sueño. Recordé entonces aquella frase que conserva su vigencia: detrás de muchos grandes logros hay una mujer cuya entrega sostiene, alienta y acompaña.
Durante estos dieciocho años, Son de Clase ha compartido escenarios con reconocidos artistas y agrupaciones, y ha llevado su música a programas televisivos como «Miski Takiy» y «Domingos de Fiesta», de TV Perú, además de «Las Calientitas», de Willax TV. La pandemia interrumpió los espectáculos presenciales, pero no apagó la pasión de sus integrantes. La orquesta se reinventó y regresó a los escenarios para reencontrarse con su público, dispuesta a seguir escribiendo nuevas páginas de su historia.
Fue entonces cuando Orlando Vara Mazzini, padre de Joselo y otro gran maestro de la música, me habló de Son de Clase Kids, el proyecto que reúne a niñas, niños y jóvenes talentosos, entre ellos las hijas de Joselo, sus sobrinos y otros pequeños seleccionados mediante un exigente casting. Pensé que allí estaba una de las mayores conquistas del maestro: asegurar que la música no se detenga con una generación, sino que encuentre nuevas voces para continuar su camino.
El domingo 11 de octubre, Son de Clase celebró sus dieciocho años junto al público que ha acompañado su trayectoria, con artistas invitados y agrupaciones amigas, entre ellas Sonido 2000. Fue una fiesta de música y alegría, pero también de familia, amistad y perseverancia; la celebración de una agrupación que demuestra que desde Huánuco es posible construir sueños capaces de trascender fronteras.
Al terminar aquella jornada, regresé con mis apuntes y una certeza que los jóvenes del Coro Ruicino habían sembrado en mi corazón: el verdadero éxito de Joselito Vara no está solamente en la orquesta que dirige, sino también en la gratitud de quienes encontraron en él una oportunidad, en la familia que sostiene su sueño y en los niños que comienzan a recorrer el camino que ayudó a abrir.
¡Dieciocho años, maestro Joselo! Que florezcan tus sueños, que pronto recuperes plenamente tu salud y que Huánuco siga cantando contigo. Porque mientras tus enseñanzas vivan en tus discípulos y tus canciones sigan tocando corazones, tu legado será eterno.




