Monumentos en la ciudad de Huánuco

 

Por: Roger Rondón Bardón

 

La humanidad y sus civilizaciones siempre han expresado su venerado reconocimiento a los diversos personajes que han descollado en los diferentes campos del conocimiento humano, así como a quienes protagonizaron acciones heroicas y a aquellos que representaron la lucha suprema por la libertad.

La valoración y el reconocimiento de la humanidad se remontan a las grandes culturas sacerdotales de Oriente, pasando por las civilizaciones clásicas de Grecia y Roma, el Renacimiento, la época moderna y la contemporánea.

Han elevado estructuras monumentales que inmortalizan a sus representantes. La monumentalidad se ha expresado a través de diversas manifestaciones arquitectónicas: bustos, monumentos, obras escultóricas y arte pictórico, en fin, múltiples expresiones destinadas a preservar la memoria de quienes dejaron una huella trascendente en la historia.

Huánuco, nuestra ciudad, dotada por la madre naturaleza de un clima excepcional, bajo cuyo manto prodigioso ha cobijado y cobija a ilustres personalidades, puede sentirse orgullosa de una extraordinaria constelación de figuras estelares.

Entre ellas destaca Leoncio Prado Gutiérrez, héroe de Huamachuco y del Perú, representante de la proverbial “macheza huanuqueña”; Daniel Alomía Robles, músico y autor de la inmortal obra El Cóndor Pasa; Dámaso Beraún, astrónomo y estudioso, creador de importantes aportes como la trisectriz del ángulo, la teoría de las mareas y el reloj solar, uno de los cuales se encuentra en uno de los tejados del antiguo patio de la Gran Unidad Escolar Leoncio Prado.

También sobresale Hermilio Valdizán Medrano, considerado padre de la psiquiatría en el Perú; Carlos Showing Ferrari, recordado como el médico de los pobres; Marcos Durán Martel y Juan José Crespo y Castillo, héroes de la revolución huanuqueña de 1812; Aparicio Pomares, héroe de la Guerra del Pacífico; y Augusto Cárdich Loarte, descubridor del Hombre de Lauricocha, cuya antigüedad se estima en aproximadamente 10 000 años.

A esta constelación de notables huanuqueños se suman Javier Pulgar Vidal, sabio peruano y autor de la teoría de las ocho regiones naturales, así como de la región transversal del Perú; José Varallanos, destacado historiador y autor de la Historia de Huánuco; y Amarilis Indiana, poetisa huanuqueña y autora de la célebre Epístola a Belardo.

La trascendencia universal de nuestros representantes es simplemente incontrovertible. Todos ellos y ellas merecen un monumento, una placa o un busto que rememore hasta la eternidad su extraordinario aporte a la ciencia, al arte, a la pintura, a la literatura y a la heroicidad.

Huánuco, en el contexto de la veneración y el reconocimiento a sus hijos ilustres, ha elevado diversos monumentos que, lamentablemente, hoy se encuentran olvidados y descuidados; otros, simplemente, han desaparecido.

Los monumentos dedicados a Simón Bolívar y Mariano Ignacio Prado, que hace pocas décadas formaban parte de la Plaza de Armas de nuestra ciudad, simplemente han desaparecido. Del mismo modo, el denominado obelisco en honor al héroe Aparicio Pomares, ubicado en el cerro que lleva su nombre, presenta un estado lamentable; su situación constituye, verdaderamente, un desastre.

Existen, además, otros insignes representantes de nuestra tierra que no cuentan con un monumento, un busto o siquiera una placa recordatoria. Estos símbolos no solo cumplen la función de preservar la memoria histórica, sino que también deben servir como ejemplo e inspiración para las presentes y futuras generaciones.

Una ciudad que honra a sus hombres y mujeres ilustres demuestra que conoce y valora su historia. Los monumentos no son únicamente estructuras de piedra, bronce o cemento; son testimonios vivos de la memoria colectiva y expresiones de gratitud hacia quienes, con su talento, inteligencia, sacrificio y heroísmo, contribuyeron al engrandecimiento de nuestra tierra y de nuestro país.

Huánuco posee una riqueza histórica, cultural y humana extraordinaria. Por ello, corresponde a las autoridades y a la ciudadanía preservar los monumentos existentes, recuperar aquellos que han sido abandonados y promover el reconocimiento de quienes todavía permanecen sin un espacio visible en la memoria de nuestra ciudad.

Recordar a nuestros grandes hombres y mujeres es también una forma de construir identidad. Un pueblo que conoce, valora y preserva la memoria de sus personajes ilustres fortalece su presente y proyecta con mayor dignidad su futuro.

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