La Nación de los Chupachos y la dinastía Masgo

 

 Por: Fortunato Rodríguez y Masgo*

 

El Valle del Pillco encierra dentro de sus entrañas la historia de la nación de los Chupachos, pueblo originario de esta parte del país desde años inmemoriales, cuyo territorio nace en la cumbre de San Rafael, transita por Ambo, Huácar, cubriendo Santa María del Valle, Pachabamba, Churbamba, Acomayo, la montaña sagrada de Chinchao, Pillao, Chaglla, el Valle del río Pachitea hasta llegar a la quebrada del río Jaupar.

Cuando Iñigo Ortiz de Zúñiga visitó el territorio de los Chupachos al inicio de la colonia española, pudo recopilar las declaraciones del cacique supremo Felipe Masgo, quien dio a conocer la manera en que habitaban, qué producían, cuántas familias eran, entre otros.

Por tanto, la dinastía del cacique Masgo representa al linaje gobernante más importante de la nación étnica Chupacho, un pueblo originario del valle del río Huallaga donde habitó.

Como es de conocimiento, el linaje de la familia Masgo gobernó de forma hereditaria y vitalicia la cultura de los Chupachos, se estima desde el año 1200 d.C. hasta la llegada de los incas en 1525 y los inicios de la colonia española; es decir, considerando desde la fundación de la nueva ciudad española León de Huánuco en 1542. Posteriormente, fueron despojados de sus bienes, llegando a desconocer su autoridad como cacique supremo.

La nación de los Chupachos fue próspera, mantenía comunicación y relaciones con las culturas vecinas amazónicas, como fueron los Panatahuas, Asháninka y Yaneshas. De igual manera, con los pueblos originarios altoandinos preincas. Sus productos eran requeridos, como el maíz, fréjoles, coca, pescado de río, plumas de aves exóticas, carne de monte, fruta, entre otros.

Tierras para poblar

El curaca Masgo ordenó el desplazamiento poblacional de su nación, no permitió la concentración de su pueblo en un determinado lugar; todo estaba en movimiento. Por esta razón, su estrategia era agrupar a sus pobladores en grupos para habitar la parte alta andina y la zona templada; a estos se les denominó Ichu. Mientras tanto, las Islas Ecológicas (periferias) estaban en el valle del Huallaga y zonas cercanas. Los grupos de la población que colonizaban nuevas tierras eran los mitmaqkuna. Además, controlaban las punas que les permitían criar a sus animales, como los camélidos. De igual forma, tenían pobladores que vivían en la ceja de selva extrayendo sus productos. Era una población activa, dinámica, siempre en movimiento para poblar territorios por orden de su jefe Masgo.

 

Historiadores

Es oportuno mencionar a nuestro historiador José Vara Llanos, quien confirma la alianza estratégica de la nación de los Chupachos con el imperio incaico, acto de la negociación realizado por Túpac Yupanqui con el cacique supremo Masgo, en el año 1525. Luego, con la llegada de los españoles, el cacique Masgo tomó una postura de alianza y pacificación. Por su contribución al apresamiento del rebelde Francisco Hernández Girón, el virrey García Hurtado de Mendoza le otorgó la propiedad de diversas tierras en la región en 1591.

El maestro Vara Llanos manifestó: «Durante la expansión del Tahuantinsuyo, la nación de los Chupachos atravesó por etapas de alianza con Túpac Inca Yupanqui y, finalmente, de sujeción e incorporación al imperio durante el gobierno de Huayna Cápac.» Además, expresó: «Los Chupachos eran agricultores organizados en ayllus y gobernados por un curaca vitalicio.» Entre sus líderes locales destacó el cacique Masgo, quien gobernaba estas tierras.

De igual manera, nuestro científico huanuqueño Javier Pulgar Vidal comentó: La nación de los Chupachos habitaba el valle del río Huallaga. Su historia describe una interacción directa con la expansión del Tahuantinsuyo, marcada por la diplomacia y el intercambio cultural.

También, el obispo e historiador Francisco Rubén Berroa, afirmó que los Chupachos fueron los habitantes oriundos que habitaron el valle del río Huallaga, bajo el gobierno del curaca supremo Felipe Masgo. El imperio incaico llegó a estos lugares para tomar posesión de las tierras de los Chupachos y expandir sus dominios bajo la conducción de Pachacútec, consolidado por Tupac Yupanqui, quien ordenó la reubicación de los pobladores y la llegada de los mitimaes para enseñar técnicas de agricultura y construcción a los Chupachos.

 

El hijo del Curaca convertido en cuy

Es una leyenda que se transmite de forma oral en la comunidad huanuqueña de antaño. Es un hecho que entrelaza el misterio y la advertencia que ejercía el curaca Masgo sobre sus pobladores. De forma resumida, podemos manifestar: el hijo único del Curaca no siguió las reglas y consejos de su padre. Como castigo de los dioses de los jircas (cerros) Paucarbamba, Marabamba y Rondos, fue transformado en un pequeño cuy que residía dentro de una laguna de la cumbre de Paucarbamba y, durante la luna nueva, llora y pide perdón. Ya es tarde para lamentar; es un castigo perpetuo, de por vida. Es una historia que tiene el sentido de influenciar respeto y temor hacia los jircas y al curaca.

 

El Árbol del Amor

Ruperto Illathupa Masgo, mozo del Valle de los Chupachos, bajó a la ciudad de los mishtis huanuqueños, donde estudió la primaria en el colegio de los curas y continuó la secundaria en el Leoncio Prado de Huánuco. Era un joven culto, de buenos modales, refinado y extrovertido; para algunos era un schucuy y para sus amigos “Rupico”, hijo de don Maxshi Illathupa Masgo, terrateniente de extensiones de cultivo y ganadero desde sus ancestros.

Rupico se enamoró perdidamente de Camucha, hija del acaudalado Shapaco, un mishti (rico) de la sociedad huanuqueña. Ambos estaban locos de amor, pero fueron separados por las “murmuraciones” de las personas. Camucha fue enviada a un convento de monjas en Lima por orden de su padre don Shapa, mientras Rupico lloraba y sufría en Huánuco, debajo de dos árboles en la plazuela de Santo Domingo, lugar de sus encuentros amorosos. Como no pudieron unir su amor en matrimonio, Camucha se convirtió en monja de clausura. Luego de los años, murió y Rupico logró graduarse de abogado en la Universidad de San Marcos, luego emprendió un viaje al extranjero para especializarse, de donde no retornó. Al pasar el tiempo, murió. Solo el destino permitió que ambos se unieran debajo de dos árboles unidos entre ellos, pero con sus cenizas, porque ambos cuerpos fueron cremados y esparcidas sus cenizas en las ramas del Árbol del Amor, donde se unieron para el resto de la eternidad.

 

*Cronista, economista y abogado.

Fuente: Monografía de la Diocesis de Huánuco por Francisco Ruber Berroa y Bernedo, Historia de Huánuco por José Vara Llanos, Cultura Chupacho por Fortunato Rodríguez y Masgo.

Fotos D.R. referencial.  

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