Por: Roger Rondón Bardón
La jungla amazónica, impregnada de melodiosos, subyugantes y sensuales arpegios musicales ejecutados por legendarios conjuntos como Juaneco y su Combo y Los Mirlos, ha penetrado profundamente las selvas amazónicas. Compite con las expresiones musicales nativas, plenas de sonoridad monocorde de flauta y tambor, que alegran, agitan y acompañan los bailes folclóricos típicos de San Juan.
Esta festividad confirma la resiliencia y resistencia cultural del pueblo selvático peruano. Su mitología de la Mama Yacu —madre de los ríos— y del Chullachaqui —entidad de pies desiguales— conforma una unidad en su cosmovisión. A eso se suman nuevos aires, usos sociales y costumbres que se expresan en la música, la pintura y los objetos de souvenir, no solo en San Juan.
En la memoria de los habitantes selváticos, Juaneco y su Combo siguen presentes en la memoria colectiva y provocan emociones profundas, mucho más cuando la gente acude masivamente a las orillas de sus ríos a bañarse, bailar y degustar sus platos favoritos.
El tradicional y exótico manjar del juane o “fán”, cuyo arte culinario se ha extendido y difundido, rompiendo las fronteras selváticas. En Huánuco es una realidad irrefutable.
La culinaria de nuestra selva se expresa en otros potajes exóticos que utilizan animales como el lagarto, el ronsoco, el añuje, condimentados con especias de la zona, yuca, plátano y peces de sus ríos. De ahí nacen la patarashca, el inchicapi de gallina, el tacacho con cecina y chorizo, las brochetas de suri, entre la veintena de potajes que muestran el arte de su cocina. Todos se consumen no solo en la Fiesta de San Juan, que celebra su día central el 24 de junio.
La inolvidable voz del mítico cantante ucayalino José Wilindoro Casique Flores, interpretando Vamos a la fiesta de San Juan, aún debe resonar más allá del encanto de sus ríos y floresta sensible. Las plantas son muy sensitivas, tal como lo afirmara el poeta nicaragüense Rubén Darío cuando en el poema Lo fatal dice: “Dichoso el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente”.
La afamada orquesta tropical que toca cumbia selvática son Los Mirlos, de la ciudad de Moyobamba, San Martín, ubicada a orillas del río Mayo. Destacan por su incomparable toque mágico instrumental y vocal. La difusión de su melodía alcanza a todos los pueblos de los ríos Shilcayo y Cumbaza en Tarapoto, muy cerca del Huallaga.
Los Mirlos son creadores de la cumbia psicodélica y la Danza Amazónica con su tema legendario La danza de Los Mirlos, que suena hace muchos años en la región selvática, especialmente en la Fiesta de San Juan.
La fabulosa orquesta de Los Mirlos, cual viento de aroma sensual y musical, recorre como brisa encantadora ríos, lagunas y la exuberante y mítica sabana amazónica con sus dulces y hermosas canciones de sabor selvático que son una delicia oírlas.
El Baño Bendito es la costumbre inveterada de los pueblos de San Martín. La gente acude masivamente a ríos y lagunas a sumergirse en las aguas, recordando el bautizo de San Juan. Se cree que es una bendición para la salud de quien se baña, pues Juan el Bautista bendice las aguas de ríos y lagunas.
Las ciudades ribereñas del Huallaga —Huánuco, Tingo María, Aucayacu, Uchiza, Yurimaguas, Contamana— muestran su inclinación por las hermosas canciones de la cumbia selvática. Lo mismo sucede, y con mayor razón, en los pueblos y ciudades de Ucayali: Pucallpa, Aguaytía, Atalaya, Yarinacocha, Purús y Padre Abad.
Las ciudades y pueblos del Pachitea también han sido influidos musical y gastronómicamente, especialmente Puerto Inca y Puerto Honoria.







