Por: Fortunato Rodríguez y Maso*
Las celebraciones patrias de antaño reviven nuestros recuerdos, instantes aquellos experimentados en los años 60 y 70 en nuestro amado Huánuco. Las celebraciones comenzaron días antes con eventos culturales y deportivos organizados por las instituciones educativas, dentro de sus instalaciones escolares, tales como campeonatos internos, competencias de declamación, poesía y más. A medida que la comunidad de Huánuco se preparaba para la presentación adecuada de sus hogares, se “pintaban” la fachada que exhibía un tono blanco con zócalo rojo y se «arreglaba» el techo de tejas para la próxima estación invernal que se aproximaba en octubre.
Los eventos principales se llevaban a cabo en la heroica Plaza de Armas de nuestra ciudad, con un ambiente de sana diversión artística, cuya iluminación se llevaba a cabo con fluorescentes de colores y se adornadaba con cadenetas de tejido rojo y blanco, que representaban nuestra bandera. El clima era de patriotismo, la participación era multitudinaria, manteniendo el respeto mutuo; la mayoría nos conocíamos, nos sentíamos como una familia. Nuestro querido Huánuco de antaño era así.
Serenata
La serenata tenía lugar en la fachada del municipio, al lado del acceso principal, en el centro de nuestra ciudad. Se había instalado el “castillo” de fuegos artificiales, y a partir de las seis de la tarde, se lanzaban cohetes que anunciaban las “vísperas”. El escenario estaba montado y adornado adecuadamente, y la banda de músicos ingresaba por las calles 28 de julio, Damaso Beraun y Dos de Mayo, alcanzando el área desde donde animaban las celebraciones patrias. La fiesta musical se llevaba a cabo con artistas originarios de Huánuco que interpretaban nuestra música con entusiasmo local. La velada musical concluía a la medianoche, momento en el que se encendía el castillo de fuegos artifíciales. Alrededor de la plaza principal, se podían ver a mujeres avivando el fuego mientras preparaban picarones y también “soplaban” el carbón para dorar el chunchulín, además de “batir” el ponche. Todos ellos contribuían a crear el ambiente festivo del pueblo con un fuerte sentido patriótico.
Celebraciones en locales
La promoción de los eventos de baile comenzaba el primero de julio; las estaciones de radio locales, como Huánuco y Huallaga, brindaban anuncios sobre la actuación de orquestas que llegaban de Lima, quienes se enfrentaban en el escenario a orquestas locales; por ejemplo, Los Destellos (Lima) contra Los Walkers de Rogelio Velásquez (Huánuco). El lugar era Chung Wa, que estaba bien adornado. De igual manera, el Club Central, el Hotel para Turistas y el Club “Bielo” organizaban fiestas amenizadas por los Kelkas, Tótems, Sonora Zapata y otros grupos. Por este motivo, los hombres asistían formalmente con traje, y las mujeres llevaban vestidos diseñados para la ocasión; previamente, los hombres iban a las peluquerías para hacer ajustes finales a su peinado; mientras tanto, las mujeres llegaban temprano a diversos salones de belleza para hacerse los rulos y el maquillaje. Las celebraciones estaban previstas para el 27 y 28 de julio, desde las ocho de la noche hasta el día siguiente. Luego, casi todos se dirigían al mercado para disfrutar de un caldo de cabeza o de papa. Rara vez había un altercado o disputa; todos nos sentíamos como una gran familia.
Eventos deportivos
Las competiciones deportivas eran impresionantes, en primer lugar, durante los años sesenta se llevaban a cabo en el antiguo estadio del jirón Huallayco, donde aseguraban su lugar equipos de Lima para su actuación, como la reserva de Universitario o Alianza Lima, quienes se medían contra nuestro apreciado León de Huánuco. En ausencia de equipos de la capital, se organizaban torneos entre León, Bielovucic, Tarapacá y Santa Rosa, eran enfrentamientos intensos y apasionantes, la afición se llenaba de entusiasmo, las apuestas en la tribuna de madera eran comunes, cohetes y una banda de música animaban el evento deportivo, no se permitía la venta de alcohol ni peleas; para controlar esto estaba don Cocoroco, el famoso y severo portero, conocido por proteger el acceso armado con un garrote y una actitud inflexible.
Durante la noche, se llevaban a cabo torneos de voleibol o baloncesto en el «Court Interno» del Colegio Leoncio Prado, se enfrentaban equipos de Tingo María, Pucallpa, Huancayo y Lima, las gradas se llenaban hasta el límite por la multitud de aficionados, eran una auténtica fiesta deportiva, familias completas animaban al club de sus corazones, con trompetas y matracas y a todo pulmón apoyaban a sus deportistas.
Danzas
La presencia de grupos de bailarines de Churbamba, Acomayo, Huancapallac y Cayran enriquecía las celebraciones patrióticas, ya que participaban en el desfile cívico, educativo y policial, moviéndose al compás hipnótico y reflejando el espíritu de nuestros ancestros como los Chupachos, comunidad indígena del Valle del Pillco. Sus atuendos representaban la esencia del personaje con tonos vibrantes, y gran parte de ellos llevaban máscaras de madera.
*Cronista, economista, abogado. Correo: rodriguezmasgo@gmail.com Celular: 964759237.
Foto: D.R. referencial.




