Por: Joyce Meyzán Caldas*
Hemos repetido que una de las claves para transformar Huánuco es ampliar el acceso a la educación superior. Y, en principio, resulta difícil estar en desacuerdo. Que un joven pueda elegir entre más universidades, carreras, modalidades y propuestas académicas representa una oportunidad que generaciones anteriores no tuvieron.
La próxima expansión de la oferta universitaria en la región vuelve a poner este tema sobre la mesa. La Universidad Tecnológica del Perú viene desarrollando una sede en Huánuco y su oferta ya contempla a la región dentro de sus modalidades a distancia. La Universidad Continental, por su parte, ya tiene presencia académica en Huánuco mediante modalidades y convenios educativos.
Pero, ¿Huánuco está generando empleo al mismo ritmo en que genera profesionales?
No se trata de cuestionar que existan más opciones educativas. Se trata de mirar qué ocurre después de la ceremonia de graduación
El mercado laboral huanuqueño presenta señales que deberían preocuparnos. En 2024, la tasa de informalidad laboral departamental alcanzó aproximadamente el 82,9 %. Es decir, la gran mayoría de trabajadores se encontraba fuera de condiciones laborales formales. En la ciudad de Huánuco, la situación también es significativa: durante 2023, el 65,4 % de la población ocupada tenía empleo informal y el ingreso promedio mensual proveniente del trabajo fue de S/ 1 919,40.
Entonces aparece una contradicción: estamos ampliando las posibilidades de acceder a educación superior, pero todavía tenemos dificultades para garantizar que quienes terminan una carrera puedan incorporarse a un empleo formal, estable y relacionado con su formación.
Y esto no significa que sobren profesionales.
Significa que faltan oportunidades y, sobre todo, falta una mejor conexión entre educación y desarrollo económico.
El propio Ministerio de Trabajo identificó para Huánuco una demanda importante de determinadas profesiones. Para 2025, las carreras universitarias con mayor número de puestos proyectados fueron Contabilidad e Impuestos, Enfermería y Farmacia, con 164, 155 y 151 puestos, respectivamente. También aparecen Educación, Administración, Turismo, Psicología y Economía.
El problema es que esas cifras deben mirarse con perspectiva. Una demanda de 164 puestos no significa que exista capacidad para absorber indefinidamente a cientos o miles de nuevos egresados de una misma carrera cada año.
Y aquí está el verdadero desafío. ¿Qué ocurrirá dentro de diez años si seguimos aumentando la cantidad de profesionales sin transformar proporcionalmente nuestra estructura productiva?
Huánuco tiene potencial. La agricultura, la agroindustria, los servicios, la tecnología, el comercio y determinadas actividades vinculadas a infraestructura pueden convertirse en fuentes de nuevas oportunidades. El propio INEI identifica al sector agropecuario, minería, turismo, transporte, construcción, servicios financieros y otras actividades como componentes relevantes de la economía regional.
Una región necesita empresas capaces de contratar, inversión que genere nuevos negocios, infraestructura que facilite la producción, innovación, conectividad y políticas públicas que permitan que un emprendimiento pueda convertirse en una empresa sostenible.
De lo contrario, el joven que estudió cinco años para convertirse en ingeniero, comunicador, administrador, abogado o contador podría terminar trabajando en una actividad completamente distinta a su formación, migrando a Lima u otras ciudades, emprendiendo por necesidad o incorporándose a la informalidad.
De hecho, el problema comienza antes del egreso. El Ministerio de Trabajo advertía que la inadecuación laboral juvenil en Huánuco había aumentado del 62 % al 66 % entre 2014 y 2022. Esto significa que una parte importante de los jóvenes trabaja en ocupaciones que no corresponden adecuadamente con su preparación.
Las universidades tienen una responsabilidad: revisar permanentemente sus carreras, fortalecer la empleabilidad, vincularse con las empresas, impulsar investigación aplicada, innovación, emprendimiento y formación acorde con las transformaciones tecnológicas.
El Estado tiene otra: generar condiciones para que la inversión y el empleo formal crezcan.
El sector privado debe dejar de mirar a las universidades únicamente como proveedoras de trabajadores y convertirse en un verdadero aliado de la formación profesional.
Y los estudiantes también necesitan información para tomar decisiones. Elegir una carrera únicamente porque “me gusta” es importante, pero ya no suficiente. También debemos preguntarnos dónde podremos ejercerla, qué competencias exigirá el mercado y qué problemas de nuestra región podremos ayudar a resolver.
Huánuco tiene hoy una oportunidad extraordinaria: convertir el crecimiento de su educación superior en crecimiento económico.
Pero si en 2036 tenemos más universidades, más egresados y más títulos, pero seguimos teniendo informalidad, bajos ingresos y pocas empresas capaces de contratar profesionales, habremos ampliado la oferta educativa sin resolver el problema de fondo.
El reto, entonces, no es detener el crecimiento de la educación superior, sino lograr que este crecimiento vaya acompañado de una economía regional capaz de generar empleo digno, oportunidades de desarrollo y espacios para que nuestros profesionales puedan aplicar sus conocimientos. De poco servirá formar cada vez más profesionales si Huánuco no logra crear las condiciones para que ellos puedan quedarse, trabajar y contribuir al desarrollo de su propia región.
*Comunicadora, docente universitaria y periodista digital.
@joycemeyzan




