Huánuco en lo más alto: Nelson Ayala dirigió una inolvidable fusión sinfónica en Lima

 

Por: Jorge Chávez Hurtado

 

La noche del 24 de mayo no fue una noche cualquiera para la música peruana. En el auditorio de la Municipalidad Distrital de Santa Anita ocurrió algo que difícilmente olvidarán quienes tuvieron el privilegio de estar allí: la cumbia huarochirana abrazó a la música sinfónica y juntas hicieron llorar al público.

Y en el centro de aquella hazaña musical estaba un huanuqueño: Elver Nelson Ayala Chota, sí, el gran Nelson Ayala.

Maestro en la música, productor musical de irrebatible éxito y uno de los talentos más extraordinarios que ha dado Huánuco en las últimas décadas. Desde el corazón de nuestra ciudad, Nelson lleva años produciendo éxitos para artistas locales, nacionales e internacionales. Y no exagero cuando afirmo que estamos hablando de un verdadero genio de la producción musical.

Esa convicción mía no nació ayer.

Hace muchos años, el inolvidable Sergio Pelo D’Ambrosio, músico huanuqueño de enorme éxito nacional e internacional, me lo dijo con absoluta seguridad: “En Huánuco tenemos a Nelson Ayala, un brillante productor musical”. Y cuando una afirmación así viene de un músico del nivel de Pelo D’Ambrosio, uno entiende que no se trata de un elogio cualquiera, sino del reconocimiento sincero entre hombres que conocen profundamente el lenguaje de la música.

Pero esta vez la noticia llegaba desde Lima y tenía otro matiz: Nelson Ayala iba a dirigir una orquesta sinfónica.

Confieso que al enterarme sentí curiosidad, emoción y hasta orgullo anticipado. Porque una cosa es triunfar como productor musical —y Nelson hace tiempo que conquistó ese lugar—, pero otra muy distinta es pararse frente a treinta músicos y conducir una propuesta sinfónica que pretendía unir la elegancia clásica de los violines con el sentimiento popular de la cumbia huarochirana.

Y lo logró, vaya si lo logró.

Aquella noche quedará grabada en la historia musical de Huarochirí y también en la memoria cultural de quienes creemos que la música peruana todavía tiene hombres capaces de reinventarla sin traicionar su esencia.

Bajo la dirección de Nelson Ayala, la orquesta presentó una fusión inédita entre la cumbia huarochirana y la música sinfónica, promoviendo además la cultura musical de los pueblos mediante el encuentro entre los sonidos de Huarochirí y la música académica sinfónica. Violines, violas y cellos comenzaron a conversar con el timbal, el bajo electrónico, el teclado, la trompeta y el alma inmortal del saxofón. Era como si dos mundos distintos se hubieran encontrado finalmente para abrazarse en un mismo escenario.

El concierto rindió homenaje al saxofonista Hugo Pacheco, uno de los pioneros de la cumbia huarochirana, hombre querido por generaciones enteras gracias a los éxitos que construyó a lo largo de su trayectoria artística. Once piezas sinfónicas fueron interpretadas durante dos horas y media y el auditorio terminó completamente lleno, pero hubo algo todavía más impresionante que la multitud: la profunda emoción del público, conmovido por aquella extraordinaria fusión musical.

Y mientras el público aplaudía emocionado, allí estaba Nelson Ayala conduciendo cada instante con la serenidad de los grandes maestros.

Pensé entonces en todo el camino recorrido por este músico huanuqueño.

En aquel niño nacido en la colorada ciudad de Pucallpa, que llegó a Huánuco apenas con quince días de vida. En el muchacho que creció rodeado de instrumentos gracias a su padre, el maestro Elver Ayala Corcino, fundador de la legendaria agrupación Los Totems. En aquel niño que desde los ocho años empezó a estudiar piano bajo la enseñanza del desaparecido maestro Roel Tarazona Padilla.

Todo parecía conducirlo hacia este momento, porque Nelson no apareció de la nada.

Detrás de esa dirección sinfónica existen más de 25 años de experiencia musical, incontables noches de trabajo en estudios de grabación, arreglos musicales convertidos en éxitos y una disciplina silenciosa que solo poseen los verdaderos artistas.

Su formación en el Instituto Superior de Música Daniel Alomía Robles, hoy convertido en universidad, terminó consolidando a ese músico integral que hoy admiramos: pianista, arreglista, compositor y productor musical.

Muchísimos artistas pasaron por sus estudios de grabación y muchísimas canciones encontraron allí el matiz exacto, la armonía precisa y la emoción correcta gracias a la sensibilidad artística de Nelson Ayala.

Y, sin embargo, esta vez parecía comenzar algo todavía más grande.

Al terminar el concierto le pregunté:

—Nelson, ¿cómo se llama la orquesta sinfónica?

Y él, con sencillez, aunque también con la convicción de quien sabe que acaba de iniciar un nuevo camino, me respondió:

—“Todavía no tiene nombre, pero le pondremos Orquesta Sinfónica de Nelson Ayala”.

Qué respuesta.

Porque en esas palabras estaba naciendo oficialmente un nuevo proyecto artístico, la génesis de una nueva etapa y el inicio de algo que promete crecer muchísimo más.

El concierto contó además con la participación de músicos huanuqueños como Jesús Caldas, Christian Ruiz y Pedro Olivas, quienes también llevaron el nombre de nuestra tierra a lo más alto de aquel escenario limeño.

“Próximamente tengo proyectos no solo con música huarochirana; vienen otros proyectos sinfónicos de diferentes géneros”, afirma Nelson con entusiasmo.

Y uno le cree, claro que le cree, porque los genios creativos nunca se detienen.

La reciente grabación del Coro Ruicino con el tema “Cuando salí de mi tierra” vuelve a confirmarlo. Allí también quedó plasmada la sensibilidad artística de Nelson Ayala, quien con paciencia, bondad y enorme capacidad creativa ayudó a nuestros jóvenes ruicinos a desarrollar todas sus potencialidades en el canto.

Por eso hoy no estamos simplemente hablando de un productor exitoso. Estamos siendo testigos de un nuevo capítulo en la vida artística de un huanuqueño extraordinario.

Un hombre que ahora se estrena como director de orquesta sinfónica y que parece decidido a seguir llevando el talento huanuqueño por todo el Perú, mientras otras ciudades seguramente quisieran tenerlo entre sus filas, pero Nelson Ayala sigue proclamándose huanuqueñista hasta los huesos.

Ama esta tierra, cree profundamente en ella y la lleva consigo en cada nota musical. Por eso tengo el firme presentimiento de que se vienen nuevos tiempos para Nelson Ayala: tiempos de grandes conciertos, de nuevas fusiones musicales, de escenarios multitudinarios y de ovaciones merecidas.

Porque hay hombres destinados únicamente a trabajar, y otros destinados a dejar huella en la historia cultural de un pueblo.

Nelson Ayala pertenece a esos últimos.

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