¿Existe una industria cinematográfica en Huánuco?

 

Por: Joyce Meyzán Caldas*

 

Una sala llena a las nueve de la mañana no es una imagen habitual cuando se habla de cine en Huánuco. Sin embargo, eso ocurrió este 2 de noviembre, durante la inauguración del 13.º Festival Nacional de Cine de Huánuco (FENACI 2026). En Cineplanet del Real Plaza se congregaron estudiantes, docentes, realizadores, invitados especiales y público interesado en el séptimo arte. La jornada incluyó la proyección de una película y varios cortometrajes, y continuó al mediodía con una ceremonia protocolar. La experiencia dejó una interrogante que merece una reflexión más profunda: ¿existe realmente una industria cinematográfica en Huánuco?

Responderla exige reconocer, primero, que hacer cine implica mucho más que contar una historia y encender una cámara. Supone formación especializada, equipos, financiamiento, organización de equipos de producción, distribución, exhibición y, sobre todo, continuidad. Una película puede concretarse gracias al esfuerzo de sus realizadores, pero si no encuentra espacios para proyectarse ni mecanismos para recuperar la inversión, su recorrido difícilmente trascenderá el momento de su estreno.

Huánuco tiene antecedentes que demuestran que la creación cinematográfica no es una aspiración reciente. En 2014 tuve la oportunidad de ver Los Negritos de Huánuco, un mediometraje de ficción de 56 minutos dirigido y escrito por Elías Cabello Contreras, con la participación de Gregorio Zúñiga, conocido como Goyo, en la producción, edición y sonido. Recuerdo aquella propuesta como un importante esfuerzo por llevar a la pantalla una de las expresiones culturales más representativas de nuestra identidad. Goyo, quien además fue mi maestro y es un amigo a quien aprecio, forma parte de esas experiencias que evidencian el talento y la iniciativa audiovisual existentes en nuestra región. Sin embargo, después de aquella producción, cabe preguntarse por qué no se consolidó un camino de nuevas películas que consiguieran llegar a las salas y encontrar continuidad.

La producción regional no se detuvo allí. El llanto del búho, de Carlos Vega Dionisio, exploró el género del terror a partir de las creencias populares relacionadas con el canto del búho en los cerros de Lauricocha. Por su parte, Tierras furiosas, de Daniel Flores Roque, constituye otro antecedente de la creación cinematográfica vinculada con realizadores huanuqueños. A estas obras se suman Portucuta, de Jaime Zúñiga Villanueva, y Shawi por siempre, de Luis Tapayuri Salazar, reconocida como mejor cortometraje realizado por huanuqueños en el FENACI 2024. Esta selección permite identificar una producción diversa, con propuestas que merecen mayor difusión y seguimiento.

Otro espacio importante de creación se encuentra en las universidades. Desde mi experiencia como docente universitaria, he podido comprobar que los estudiantes tienen capacidad para desarrollar proyectos audiovisuales que van más allá de los ejercicios académicos. Un ejemplo es Sasa Kuyay, cortometraje dirigido por Diego Rengifo, quien fue mi alumno. En 2025 tuve la oportunidad de acompañarlo, junto con su equipo, al Festival Nacional de Cine Universitario (UNIFEST), donde presentaron su producción. Posteriormente, el cortometraje participó en diversos festivales y concursos. Esta experiencia demuestra que la formación universitaria puede convertirse en una plataforma para impulsar nuevos realizadores, siempre que existan oportunidades para continuar produciendo y mostrar sus trabajos.

Entonces, si Huánuco tiene realizadores, películas y cortometrajes, ¿por qué sus producciones no consiguen mayor presencia en las salas comerciales? La respuesta no puede reducirse a una supuesta falta de talento o de interés del público. El problema también está en las condiciones de producción y circulación. Realizar una película requiere inversión, pero distribuirla implica recursos adicionales para promoción, negociación con exhibidores y estrategias que permitan convocar espectadores. Las salas comerciales responden a criterios de programación y rentabilidad, por lo que una producción regional con presupuesto limitado puede encontrar dificultades para acceder a sus pantallas. De allí la importancia de desarrollar circuitos alternativos en universidades, centros culturales, cineclubes y plataformas digitales.

A ello se suma la necesidad de fortalecer el financiamiento. Los estímulos económicos del Ministerio de Cultura, así como las alianzas con empresas privadas, universidades y gobiernos locales, representan oportunidades que podrían aprovecharse mejor. Para ello se necesita capacidad de gestión, formulación de proyectos, planificación presupuestal y conocimiento de los mecanismos de distribución. El desarrollo cinematográfico no depende exclusivamente de quienes dirigen o escriben una película; también requiere productores, gestores y organizaciones capaces de sostener estos procesos.

En este contexto, el FENACI, que se desarrolla del 2 al 6 de noviembre, representa una iniciativa importante para Huánuco. La posibilidad de reunir a directores, productores, artistas, estudiantes y espectadores en nuestra ciudad contribuye al intercambio de experiencias y a la generación de contactos. Su programación contempla competencias, actividades formativas, encuentros profesionales, el Primer Mercado Audiovisual de Huánuco y espacios para proyectos en desarrollo. La inauguración, con una sala completamente llena, fue una muestra del interés que puede despertar el cine cuando existen oportunidades de encuentro y exhibición.

No obstante, el festival también debe invitarnos a mirar los desafíos pendientes. Una semana de proyecciones no es suficiente para consolidar una industria cinematográfica. Su impacto debería trascender las fechas de realización y traducirse en proyectos que encuentren financiamiento, realizadores que accedan a formación, alianzas que permanezcan y producciones que logren circular dentro y fuera de la región. Asimismo, Huánuco necesita identificar a sus realizadores, sistematizar sus producciones y generar espacios permanentes para que el público conozca y valore el cine regional.

Nuestra región tiene historias, paisajes, memoria y tradiciones que pueden convertirse en importantes propuestas audiovisuales. También cuenta con personas que han demostrado que es posible producir cine desde este territorio. El desafío consiste en articular esos esfuerzos y construir las condiciones para que las iniciativas individuales se transformen en procesos sostenibles.

Por ello, la pregunta no es únicamente si existe cine en Huánuco. La evidencia demuestra que sí se produce. Lo que debemos cuestionarnos es si estamos construyendo las condiciones para que ese cine tenga continuidad, alcance nuevos públicos y permita que sus realizadores puedan vivir de su trabajo. El FENACI puede contribuir significativamente a ese propósito, pero la tarea no termina cuando se apagan las luces de la sala. Es precisamente entonces cuando debe comenzar el trabajo para que la próxima película pueda realizarse y encuentre un público dispuesto a verla.

 

*Comunicadora, docente universitaria y periodista digital.

@joycemeyzan

 

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