César, ¿adelantaste los relojes?

(Segunda interviú)

Por Víctor Raúl Osorio Alania*

Esta y demás consultas absuelve de forma categórica, César Abraham Vallejo Mendoza, empero, lo hace con desbordante humildad y solidaridad; llega para quedarse y nunca jamás va envejecer por la fortuna de la lectura, eso garantiza comunicación efectiva entre autor, obra y lector (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892 – París, 15 de abril de 1938).

ANTECEDENTE

Francisco Martínez García, Universidad de León (España), propone Algunos detalles significativo-poéticos en Piedra negra sobre una piedra blanca: Los antiguos peruanos señalaban con una piedra blanca los días felices; pero, antes que ellos, los romanos –según testimonio de Ovidio– tenían en sus casas una vasija en la que iban echando piedrecitas blancas o negras, según las cosas les fueran saliendo bien o mal; al terminar el año hacían el recuento, y el número mayor de piedrecitas daba calidad al año entero: bueno, si las blancas ganaban, malo, si ganaban las negras. (p. 311)

El adulto guía (indígena) y el joven blanco (patrón) durante su periplo, en caballo, intercambian pareces ingénitos a la piedra. El segundo personaje muestra incredulidad. El final es más que interesante en La ofrenda de piedra de Ciro Alegría Bazán: Ese mundo de piedra estaba allí, al pie de la cruz, en las ofrendas de miles de cantos, de piedras votivas, llevadas a lo largo del tiempo, en años que nadie podía contar, por los hombres del mundo de piedra. El niño blanco se acercó silenciosamente a las alforjas, tomó la piedra y avanzó a hacer la ofrenda. (1967, pp. 239-240)

VALLEJO

«Soy un triste juguete del destino», menciona William Shakespeare Arden mediante Romeo, este último presiente la desgracia. Usted, ¿cómo intuye la inexorable partida? Mi respuesta léase en Piedra negra sobre / una piedra blanca.

Me moriré en París con aguacero, / un día del cual tengo ya el recuerdo. / Me moriré en París –y no me corro– / talvez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso / estos versos, los húmeros me he puesto / a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, / con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro // también con una soga; son testigos / los días jueves y los huesos húmeros, / la soledad, la lluvia, los caminos…

AUSCULTAMIENTO

Permítame realizar el examen literario. Si Espergesia culmina Los heraldos negros (1919), en proceso, Piedra negra sobre una piedra blanca es la hechura treinta y dos (32) en Poemas humanos (1939).

Piedra negra sobre una piedra blanca destella como sonus o soneto, pues agrupa cuatro estrofas (dos cuartetos y dos tercetos).

Isometría. Las silabas gramaticales fluctúan de 10 a 14. Trece concluyen en palabra paroxítona. Fragmento 1: aguacero, recuerdo, corro, otoño; parte 2: proso, puesto, vuelto, solo; estrofas 3 y 4: pegaban, nada, duro; testigos y caminos. El trece concluye en húmeros (vocablo esdrújulo).

La sinalefa utiliza en licencia métrica. En la retahíla de arte mayor, hay 13 versos endecasílabos y el verso diez consta de eneasílabos o 9 sílabas métricas («todos sin que él les haga nada»).

Destaca la rima asonante. En el primer cuarteto, “o” de “aguacero” rima con “o” de “recuerdo”, “corro”, “otoño”. Insiste el autor en el segundo cuarteto, riman con la vocal “o”, “proso”, “puesto”, “vuelto”, “solo”.

Piedra, sinonimia de guijarro, pedrusco, pedernal, roca, peña.

Uno. Las piedras como los números dicen todo en este poema, permite hallar denotativos y connotativos.

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Dos. Vallejo sufrió los embates del paludismo, lo siente como piedra de tonelada indescifrable. Húmero (brazo), fémur, peroné, tibia (pierna) “pregonan” por la postura horizontal, de aquellos síntomas habla él.

Tres. La temprana muerte de Miguel, su hermano mayor (m. el 22-agosto-1915), 112 días de carcelería en Trujillo (desde el 6-nov.-1920 hasta el 22-febrero-1921), la odisea del día a día y demás acciones incumben a lo antedicho.

Cuatro. Las chullpas o recintos funerarios de varias culturas preincas fueron hechas con barro y piedra. Infiero que César Abraham visionaba una tumba decorosa, de fácil acceso para tener descanso matinal eterno.

Cinco. Cuando se coloca la primera piedra en la base de las casas va flanqueada con olitas de barro que contienen granos andinos y afines. No obstante, Manuel Scorza Torres, indica: «El ayuntamiento y el pueblo asisten a la solemne colocación de la “primera piedra” de los edificios públicos. Nunca se coloca la segunda… El Perú íntegro es una primera piedra» (Redoble por Rancas, 1976, p. 194).

Seis. Piedra sobre piedra dan lugar a bosques pétreos con figuras geomorfológicas. Angasmarca (en Santiago de Chuco) tiene al otero Pirámide como vigía natural.

Siete. Integrantes de las comunidades originarias frotan el cuerpo con piedrecitas revividas desde el subsuelo por el pikpish (pajarito). Son guijarros blancos y negros. La frotación (shojpi o jubeo) sana al niño afligido.

Ocho. Descubierto el fuego sirvió para cocer los alimentos, ahuyentar a los animales, instalarse en zonas altoandinas, fundir metales. La pachamanca hecha con piedras calientes proviene de aquellas épocas.

Nueve. ¿Qué hay del pircado? Piedra sobre piedra crece de modo vertical, / nacen circunferencias de todo tamaño / para resguardar a los animales, también a las chacras. / Vamos a pircar sueño y realidad / tomando como ejemplo la vivencia andina.

Diez. Las apachetas de antaño puede hallarse a la vera de los caminos o en colinas visibles. Coloque un pedernal con absoluto respeto. ¡Genera éxito!, testifican arrieros y viajeros de siempre.

¿Qué oda ubicaría como guirnalda de Piedra negra sobre una piedra blanca? Panteón, alegato 39 en Poemas humanos. «He visto ayer sonidos generales, / mortuoriamente, / puntualmente alejarse, / cuando al desprenderse del ocaso / tristemente, / exactamente un arco, un arcoíris».

DISTINCIÓN

Mucha congoja dispensa elegía (soneto).

César Abraham Vallejo Mendoza, / tu augurio existencial desde la banca: / Piedra negra sobre una piedra blanca / si pellizca el cuerpo antes de la poza.

Cuando escuchaba serena la moza / querías cubrir el jueves con panca, / pero fue un viernes de zozobra franca, / distaba un átomo para tu loza.

Figuradas piedras calman tormentos / mucha congoja dispensa elegía, / o será la piedra angular ungida.

Ay, quince de abril de mil novecientos / treinta y ocho, a las nueve y veinte del día, / París quedó tenue con tu partida.

CULMEN

¡A Santiago de Chuco, plenitud! / ¡Para César Vallejo, gratitud!

César, ¿adelantaste los relojes? / Admiro el vaticinio, hay varios trojes.

*“El Puchkador de la Nieve”

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