(Segunda cosecha de relatos)
Por: Víctor Raúl Osorio Alania*
Lectura y escritura son formas de protestar contra el olvido, también son mecanismos de registrar experiencias personales y colectivas. El paraguas de la narración con tendencia hacia el cuento llega con Aguanieve.
DEL OCHO AL CATORCE
Golpes morales. Parecía la suma inequívoca de martes y viernes trece (también lo pongo en números, 13), un domingo para el olvido. Su esposa se fue con su mejor amigo y detrás de ellos la mascota guau, guau, guau; el equipo de sus amores ganó el partido y sumó tres puntos, pero más tarde le avisarían que perdía cuatro puntos por incumplir con saldos laborales.
La cuestión da para más. Puso agüita en su tetera silbadora, tenía balón nuevo de gas, empero no había un solo palito en la cajita de fósforos Inti. Timbra el celular y le comunican que su hija está contrayendo matrimonio con uno de los falsos testigos que lo mandó a prisión. ¡Ups!
NUEVE. Una niña primero, un varoncito después, fueron herederos del clan familiar Wayta-Mayu, labriegos por excelencia.
Viendo el árbol genealógico, los Wayta carecían de jardines y agua, porque nacieron en un sitio lleno de polución, no obstante, dieron lecciones de vida a sus retoños como el perfume natural del rosedal. En paralelo, los Mayu vivían preocupados y explicaban con todos los mecanismos posibles la necesidad de cuidar cordilleras, lagunas, ríos y manantiales.
A la postre, los Wayta-Mayu juntaron sus vidas y propósitos para defender la ecología desde la praxis; en primer lugar, aprendieron y enseñaron a descontaminar la mente.
DIEZ. Mefistófeles actúa más allá del bien, más acá del mal. Nunca le pidas piedad ni tolerancia, porque puede capturarte con la incertidumbre.
Si quieres condonar tu pacto con el diablo dile fuerte y sereno: — ¡Adiós angelito, la siguiente cita será debajo de la Chakana o Cruz del Sur y estaré acompañado del señor No Sé Quién Soy, descendiente cercano del tal Sin-vergüenza!
ONCE. Cinco de la tarde, despiden contritos al ser amado. Un minuto de silencio resulta una eternidad para quien toma la delantera, mientras tanto, en ese minuto los dolientes ven la tumba que también será su casa.
Tres presentes por el ausente, un pésame y no tres para los dolientes.
La muerte llega de prisa, más rápido echan tierra los enterradores u ocasionales hombres de la pala. ¿Por qué tanta prisa?
DOCE. Soñó con ser cura moderno, sin sotana ni templo, fe le borbotea por la epidermis.
Cuando despertó –por el cansancio de tanto dormir–, ya oficiaba la última liturgia de su carrera sacerdotal, ya ciertas feligresas lloriqueaban como María Magdalena, incontables abadesas oraban porque sus confesiones nunca sean reveladas.
TRECE. Ganó el equipo de sus amores, bebió, cantó y bailó, cuando sus amigos estaban beodos y querían garabatear o llenar de grafitis la ciudad de siete mil habitantes, aclaró la emoción: — ¡Somos hinchas, pero no fanáticos!
El más dipsómano de todos diría: — ¡Viva los fanáticos que no hinchan!
CATORCE. Fue víctima del relámpago a los cuarenta años de edad, sanó sus heridas lavándose con aguanieve, comiendo cushuru, degustando toqosh api o mazamorra de tocosh…
Sus hijos e hijas ya peinan canas, pero él rejuvenece cada vez que relata de cómo le hizo guiños a la muerte y no acepta el título de Hombre Rayo.
DEL QUINCE AL VEINTICUATRO
Plácida labor habitual sin abandonarlo. El autodidacta evita quejarse porque alcanza placer en todo lo que hace.
Presumir le desgasta, prescinde odiar, golpea el pecho en el altar de su conciencia nunca en el tabernáculo, sopesa el discurso espontáneo con el discurso reflexivo.
DIECISÉIS. Profesora está bonita, si su esposo la viera le propondría nuevamente matrimonio.
Yo ni loca para casarme. Me arreglo con la expectativa de nuevos horizontes en mi rostro cejijunto.
DIECISIETE. Cuando estaba solo quería la compañía de ella, pero, cuando estaba acompañado deliraba por soledad, consuelo, esperanza, socorro, piedad; mientras que su amada charla que charla distendidamente con su primer enamorado del colegio.
Vida de ancianos marcados por el recuerdo imperecedero.
DIECIOCHO. Timbra el celular y sale a abrir la puerta, tañe la campana del pueblo enciende la radio, escucha la bocina del automóvil se apresta bañar a Pegaso…
Créame, no está loquito y no tenía nada, solo su imaginación imaginable.
DIECINUEVE. La luna va detrás del sol, las estrellas no saben a quién decir papá ni mamá, ¡pobrecitos! La cometa y el cometa muéstrense contentos como mellizos, el arco iris resulta buen tobogán del viento.
Oyese a la distancia: —Señor vio pasar a mamá Luna… —Señora vio correr a tayta inti o el Sol…
VEINTE. El río llora cuando hay lluvia, se queja con el calentamiento global. Entonces el torrente está prohibido de mencionar: —Siendo río no me río, porque tengo un lío con lo mío y con don Pío que es tío de aquel frío.
VEINTIUNO. —Soy periodista… Permiso, prensa… Abran paso para este reportero…
Pasaron muchos años para develar sus engaños, pues tenía una grabadora antigua donde colocaba la única cinta magnetofónica de sesenta minutos. Si una conferencia duraba dos horas o más, volteaba y volteaba la cinta.
El pueblo siempre querendón cuando lo veía acercarse indicaba: — ¡Llegó el periodista!
— ¡Ah!, él que anda de período en período con las autoridades municipales, regionales y nacionales.
VEINTIDÓS. Cientos de agricultores hicieron un alto en sus actividades para escuchar a un experto en biogenética animal. —Mi empresa y la tecnología de punta son unicidad… (Aplauso grabado).
—Pronto tendremos ganado vacuno sin huesos y con peso de trescientos treinta y tres kilos… (Aplauso grabado y con reverberación).
Los agricultores inquirieron con voz serena: — ¿Cómo va sostenerse una vaca deshuesada con más de trescientos kilos?
Otro fue más reflexivo. Entiendo, la vaca transformada en invertebrado y la mariposa será un vertebrado… Deduzco que la compañía sembrará yerba en el cielo. ¡Genios ingenuos!
VEINTITRÉS. Pascuum, la ciudad más alta del mundo, ubicada a 4.338 de altitud ha generado códigos de sobrevivencia y abrigo.
Los varones descansan bajo cero y las mujeres bajo uno, así contradicen a la noche gélida; además considérese como la villa urbana-minera de las dos estaciones: la estación del invierno y la estación del tren. ¡Qué rico frío!
VEINTICUATRO. Un lápiz costaba más caro que un cuaderno, ¡suena desquiciado!, un cuaderno valía cien veces más que un árbol, ¡inaudito, mamita!
La arboleda explicó la situación extravagante a los suyos y decidieron marcharse para siempre…
¡Entérese de fuente indiscutible! Aquel desierto fue campo de oxígeno alguna vez.
*“El Puchkador de las Nieves”










