(Caserío de Charquicancha, Yanacocha, Yanahuanca, 19 de febrero de 1930 – †Ídem, viernes 5 de diciembre de 2025)
Por: Víctor Raúl Osorio Alania*
Agapito Robles Broncano nació en las frescas alturas de Yanacocha (a 3,523 metros de altitud), su vida estuvo ligada a la actividad agraria, a la defensa de las tierras comunales, a la lectura necesaria de libros y textos, a la prédica del conocimiento teológico.
Casado con Ana Sánchez Calero concibieron siete hijos, la genealogía continua con nietos y bisnietos.
La estancia Charquicancha (en Yanacocha) le permitió mayor acercamiento con la Pachamama, observar todo sin límites, cuantas veces habrá dialogado con la soledad y ambos aprendieron a consolarse.
«Cuatro horas he caminado, en promedio, desde Yanacocha hasta la estancia Charquicancha, así he llegado. Ahí vivió siempre. Otro detalle. En la plaza de Yanahuanca solía conversar con Mauro Huaynate, otro personaje de Scorza», puntualiza Américo Reyes Capcha, historiador pasqueño.
De Yanahuanca a Yanacocha hay una distancia de siete km, lo cual se cubre caminando o en vehículo. Yanahuanca significa mole azabache, Yanacocha, laguna negra, Charquicancha tiene doble acepción, uno, es terreno seco, dos, lugar donde secan la carne mediante exposición al sol.
Yanacocha y Agapito Robles Broncano defienden las tierras comunales de modo legal, político y según la realidad, luchan contra el juez Francisco Montenegro [Madrid] y Alcira Benavides que se autoproclamaron dueños de la hacienda Huarautambo mediante gestiones asolapadas. De ese modo, Yanacocha y Agapito alcanzan reconocimiento local y regional. Huarautambo, vestigio arqueológico inca, fue propiedad de Yanacocha.
Agapito Robles ha sido perseguido, acusado, incluso, intentaron asesinarlo, enfrentó 12 denuncias, fue recluido 15 meses en Huánuco.
Más adelante, por la ley de la gravedad, salta hacia la palestra internacional y su protagonismo se conoce en el mundo académico cuando es aludido de modo literal sin ambigüedades en el Cantar de Agapito Robles (1976) de Manuel Scorza Torres (Lima, 1928-Madrid, 1983).
Dicha obra forma parte del ciclo llamado “La guerra silenciosa” integrada por las novelas: Redoble por Rancas (1970), Garabombo el invisible (1972), El jinete insomne (1976), Cantar de Agapito Robles (1976) y La tumba del relámpago (1978).
Los infalibles paisanos de Yanacocha siempre tuvieron la certeza que Agapito Robles Broncano era parte de ellos, ahí estuvo cultivando y cosechando esperanzas, cuidando la majada con el ímpetu de buen pastor; siendo personero comunal con documentos entre manos amparó el derecho a la tierra, o sea, proponía y lideraba acciones contra la injusticia.
Ha coincidido en ideales y realidades con Héctor Chacón Requiz, El Nictálope (Yanacocha, 8 de octubre de 1913-Yanahuanca, 4 de octubre de 2009, 18:00 horas). Dígase Nictálope porque veía mejor de noche, de tanto consultar al satélite la convirtió en luna llena.
Chacón y Robles dieron pasos históricos a contracorriente y en el sentido deslumbrante y habitual del río Chaupiwaranqa. Las piedritas del río hablarán algún día de andares solitarios y en compañía de aquellos mortales. Ambos descansan en el osario yanacochano. ¿Seguirán parlando de andaduras, ventura comunal o aguante multicultural?
NOVELA
Scorza, M., plantea en el Cantar de Agapito Robles: Pero cuando todos imaginaban su libertad, el juez Montenegro revivió la archivada muerte de Amador Leandro, el Cortaorejas, y sorpresivamente lo acusó del crimen. Fueron trasladados a la cárcel de Huánuco. Allí doce meses se quedaron. Agapito Robles siguió encarcelado tres meses más: su mujer demoró ese tiempo en obtener los mil quinientos soles que requerían los trámites de su liberación. (1976, capítulo 1)
¿Alguien alzó su voz para pedir que se respete el debido proceso? Quizás haya alguno para honrar la curiosidad, cuestión de seguir indagando.
Literatura e historia logró exponer Manuel Scorza con exaltación de agua termal, los hechos y personajes de aquella hora no tan serena podrá leerse en las venideras y consabidas épocas.
En el contexto temporal y espacial del relato novelesco, corrillos del siglo XX, la lucha era para defender las tierras que usufructuaban contadísimos gamonales; en el XXI, aquellas fincas atávicas de Yanacocha y de muchas comunidades en el Perú emplean en tareas de exploración y explotación de recursos no renovables. ¿Quién asume o quiénes se responsabilizan por los impactos ambientales?
Vuelvo a la propuesta de Scorza. En el muelle, Agapito Robles, esperó encontrar yanacochanos que le adelantaran noticias de su comunidad. Pero salvo comerciantes hoscos, un agente viajero afectado por la altura y mineros borrachos, la Tiburón partió casi vacía. La niebla escamoteaba la vastedad del lago. Con dificultad avizoró las embarcaciones que navegaban hacia los puertos occidentales. El poniente era entre los pisonayes, cuando el enflaquecido personero desembarcó en Yanacocha. Por todo equipaje acarreaba un costalillo donde se entreveraban una camisa blanca sin cuello, dos camisetas, dos pares de medias de lana amarilla, un panetón, algunas latas de sardinas y una consultadísima Constitución del Perú. (Ob. Cit.)
¿Por qué sus paisanos decidieron aplicar a ley del hielo a uno de los líderes más notables? Porque, tal vez, la amenaza de ser encarcelados surtió efecto lacerante entre los comuneros. No obstante, aquel silencio reinante en su retorno a la tierra matriz no desanimó a don Agapito Robles Broncano, tampoco consideró como derrota, porque él tenía la preparación suficiente y era capaz de representarlos incluso sin epidermis.
ACTUALIDAD
Héctor Chacón Requiz, El Nictálope, es el epígrafe de una de las calles de Yanacocha, de seguro, en el andar propio harán análogo reconocimiento a don Agapito Robles Broncano, El Jinete Insomne. Sí, era insomne como equivalencia de inquieto, despierto, intranquilo.
¡Héctor Chacón es real! Pronuncian los hijos de Manuel Scorza Torres (Ana María Escorza Hoyle, Eduardo Manuel y Cecilia Escorza Hare).
Más de un lector menciona: ¡Distinguido líder comunal!
¡Yanacocha existe! ¡Qué privilegio! Opinan literatos cuando auscultan Cantar de Agapito Robles.
HONRAS
Agapito Robles Broncano arrebujado en dos ponchos (habano y colorido), hizo la metáfora de morir para vivir, si prefiere, abraza el renacimiento sintiendo a la bruñida superluna (luna llena) del jueves 5 de diciembre del año 2025, decidió partir sin mayores preámbulos al encuentro de los suyos, también será abrazado por algún scorziano, habrá de encontrarse con los curtidos comuneros, con Manuel Scorza Torres abrirán nuevas páginas y colocarán este capítulo pendiente y sucesivo.
Agapito Robles Broncano tu voz está en parajes y oteros con reflejo acrisolado sobre cordilleras, Altosmachay y en los barrios Tambo y Rabí (Rawibarrio); tu rostro estará en cada espejo de autónomos manantiales, pacientes cascadas y cataratas inmutables; tu nutrida confesión léase en Cantar de Agapito Robles.
Yanacocha y las comunidades originarias exclaman al unísono: ¡Agapito Robles Broncano, inmarcesible canto de Yanacocha!
*“El Puchkador de la Nieve”









