Foto: Andina – EFE
‘Apocalipsis’ en Nepal y el Tíbet: ¿Podría ocurrir en el Perú?
Por: Roger Rondón Bardón
Un video grabado por una cámara de vigilancia, ubicada en un lugar estratégico de una población nepalí fronteriza llamada Rasuwagadhi, captó, en fracción de segundos, la destrucción de poblaciones que fueron arrasadas, destruidas, sepultadas y prácticamente desaparecieron.
Las imágenes registradas por las cámaras de vigilancia muestran el horroroso fenómeno de características dramáticas, espeluznantes y apocalípticas, cuando una inmensa avalancha de hielo, lodo, enormes rocas, piedras y otros desechos sepultó, en cuestión de segundos, las localidades ubicadas a orillas del río Lende Khola.
El desastre se habría originado cuando un desprendimiento glaciar cayó sobre las aguas, provocando un represamiento y formando un dique natural. La enorme presión de la masa de agua terminó por romper este obstáculo, generando un violento torrente que descendió con extraordinaria fuerza y velocidad, ocasionando una verdadera hecatombe.
Los habitantes intentaron salvar sus vidas, pero la avalancha y la inundación los sorprendieron y sepultaron, al igual que edificios, puentes, vías de comunicación, automóviles e instalaciones de infraestructura. La destrucción se produjo en una zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet, territorio administrado por China.
La prensa internacional dio cuenta al mundo de este trágico y doloroso acontecimiento producido en las estribaciones del Himalaya, cordillera donde se encuentra el Everest, la montaña más alta del planeta.
El desastre ocurrido en la frontera entre Nepal y el Tíbet dejó numerosas víctimas y miles de personas desaparecidas, mientras brigadas de rescate continuaron las labores de búsqueda entre los escombros y las zonas afectadas. Entre los desaparecidos se encontraban también turistas y montañistas extranjeros. Las cifras exactas de víctimas continuaban siendo materia de evaluación.
La región azotada forma parte del área de influencia del Himalaya. Sus hermosos paisajes, muchos de ellos de características subtropicales, atraen a miles de turistas por su exótica belleza, así como por la presencia histórica y cultural de los monasterios tibetanos y de los monjes que profesan el budismo.
Inicialmente, la explicación de este desastre se perdió entre diferentes especulaciones, incluyendo la posibilidad de que un movimiento sísmico hubiera precipitado el fenómeno. Sin embargo, los especialistas orientaron sus investigaciones hacia la inestabilidad de los glaciares y los efectos del calentamiento global, que viene acelerando el deshielo en diferentes regiones montañosas del planeta.
La advertencia sobre la posible formación de nuevos represamientos naturales y la acumulación de millones de metros cúbicos de agua y materiales en zonas vulnerables incrementó la preocupación y obligó a extremar las medidas de seguridad y prevención.
El terremoto de 1970 que sepultó Yungay y Ranrahirca
Mientras millones de peruanos estaban a la expectativa del Campeonato Mundial de Fútbol México 70, el fatídico 31 de mayo de 1970 nuestra patria fue escenario de uno de los terremotos más devastadores de su historia.
El violento movimiento sísmico remeció el departamento de Áncash y provocó consecuencias catastróficas. Como consecuencia del terremoto, una enorme masa de hielo, rocas y materiales se desprendió del nevado Huascarán, generando un aluvión que descendió con impresionante fuerza.
Yungay y otras localidades de la zona quedaron devastadas. La tragedia dejó decenas de miles de víctimas y se convirtió en uno de los mayores desastres naturales ocurridos en la historia del Perú.
Recordamos esta tragedia ante la posibilidad, Dios no lo quiera, de que en nuestro país pueda producirse un fenómeno semejante al ocurrido recientemente en la región del Himalaya. La cordillera de los Andes se encuentra en un proceso de acelerado deshielo como consecuencia del calentamiento global, y una de las zonas que requiere permanente vigilancia es el entorno de la Cordillera Blanca.
Si bien es cierto que no es posible detener completamente el proceso natural de deshielo, este fenómeno debe ser permanentemente monitoreado, tal como lo recomiendan los científicos. Sin embargo, los especialistas también sostienen que es posible reducir los riesgos mediante obras de prevención, sistemas de alerta temprana, ingeniería especializada y una adecuada planificación urbana.
Los organismos especializados en glaciares y ecosistemas de montaña han advertido sobre la importancia de vigilar permanentemente las zonas vulnerables de la Cordillera Blanca y otros sectores del país, debido a la inestabilidad que puede producirse por el retroceso glaciar.
El nevado Pastoruri, por ejemplo, ha perdido una importante parte de su cobertura de hielo y nieve. Durante muchos años fue conocido como un importante atractivo turístico y como escenario para la práctica de deportes sobre nieve. Hoy constituye uno de los ejemplos más visibles del impacto que el cambio climático viene produciendo sobre nuestros nevados.
La tragedia de Yungay debe permanecer viva en la memoria de todos los peruanos. Lo ocurrido en Nepal y el Tíbet constituye también una seria advertencia para los países que poseen glaciares y poblaciones asentadas en zonas de riesgo.
No se trata de generar miedo ni alarmismo, sino de comprender que la naturaleza y el cambio climático nos obligan a actuar con responsabilidad. El monitoreo científico, la prevención, la planificación de nuestras ciudades y la ejecución de obras de seguridad pueden salvar miles de vidas.
El Perú no debe esperar una nueva tragedia para comprender que prevenir siempre será mucho menos doloroso y costoso que reconstruir después de una catástrofe.




