Por Silvana Quiñónez Huete / Andina
Cada vez hay más mujeres que reparan autos, dirigen obras de construcción, hacen instalaciones eléctricas, lideran compañías y enseñan que eso que parece complejo e inalcanzable en realidad está a la mano de quien se lo proponga. Louana Martel, natal de Huánuco, forma parte de este grupo de mujeres que rompen estereotipos y que impulsan la igualdad de género en el Perú.
Louana Martel hace una pausa en su rutina diaria para explicar cómo llegó al mundo ferroviario. Su historia demuestra que el camino de una mujer en rubros e industrias poco explorados por su género puede ser tan largo y sinuoso como las vías de un tren.
Este viaje inició en 2011, cuando Louana tenía 25 años y la primera línea del Metro de Lima aún estaba bajo la administración de la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico (AATE), la cual después pasaría a estar a cargo del consorcio GyM Ferrovías. Gracias a sus estudios como Técnica en Ingeniería Electrónica en Senati consiguió un puesto en el taller de mantenimiento. Lo irónico es que incluso antes de conseguir el empleo, Louana ya había manifestado su futuro.
“En noviembre de 2010 me llamaron para entrevistarme acá en el taller. Me acuerdo que cuando vi esos cinco trenes rojos me quedé boquiabierta, totalmente asombrada. Inmediatamente dije: ‘Algún día este taller va a ser mío’ y se cumplió. Yo ni siquiera había sido aceptada en el puesto, por eso lo recuerdo con nostalgia”, comentó a la Agencia Andina.
Desde agosto del 2022, Louana es jefa de Mantenimiento de Material Rodante de la Línea 1 del Metro y tiene bajo su cargo a casi 258 profesionales, de los cuales 8 son mujeres, una importante cifra que ha ido aumentando con el paso del tiempo.
Altos y bajos
No obstante, llegar a donde está ahora no fue producto de suerte. Confiesa que detrás de cada paso dejó “sangre, sudor y lágrimas».
“He puesto mucha constancia, mucha perseverancia, mucha fuerza, incluso he llorado y me he levantado porque no fue fácil, más aún cuando eres la única mujer en un ambiente de varones y que, a veces, te tratan de bajar anímicamente o psicológicamente, pero si te dejas, perdiste, así que tienes que mantenerte siempre fuerte”, agregó.
Si bien señala que su entorno laboral ha mejorado notoriamente en los últimos años, al punto en que siente que se ha cambiado el paradigma de que una mujer no debería estar en un taller mecánico, revela que hubo momentos en el pasado donde se sintió presionada por su género.
“Cuando empecé aquí había muchos técnicos adultos y algunos no veían bien que una mujer estuviera en un taller. Yo no dejaba que me ayudaran, siempre decía ‘yo puedo’ y se los demostraba, entonces eso les molestaba. Siempre me decían: ‘Tú tienes que gatear antes de aprender a caminar’, pero para mí esto era una oportunidad única, así que no gateé, ni caminé, yo corrí y me pegué a las personas que podían ayudarme a mejorar”, contó.
Entre sus mentores destacó al técnico Víctor Rojas, quien se volvió una pieza clave en su desarrollo profesional. “Siempre estaba con mi maletita de herramientas parada a su costado, preguntándole en qué podía ayudar, me gané su confianza y poco a poco él me ha ido empoderando y me dio un cargo como líder de equipo en el 2012”.
Aunque su persistencia innata le permitió seguir escalando en su campo laboral, los malos comentarios o la “mala vibra” no desaparecieron totalmente, incluso en una ocasión pensó en rendirse y dar un paso al costado: presentó su renuncia.
Su jefe convencido de que ella era un diamante por pulir y que no debería escapar de los obstáculos, rompió su carta de renuncia y le dio unos días libres para que reflexionara sobre su futuro. “A veces pienso que si esa persona no hubiese puesto un freno, quizás yo no estaría acá contando esta historia”.
“A muchos hombres les duele en el alma que, siendo mujer, le digas qué debe hacer, eso me pasó cuando era más chica. A veces no me querían saludar, no me querían hablar y hacían las cosas solo porque se las pedía, pero hoy puedo decir que todo eso ha cambiado. Yo también aprendí un poco a moldear mi carácter, ahora siento que se acercan a mí y me comunican sus inquietudes”, añadió.
Motor y motivos
Con emoción y un poco de nervios, Louana contó que su hija Zoe Valentina, de tres años, acaba de iniciar su primer año escolar. Momentos como estos, señala, son invaluables e imperdibles. A pesar de su apretado horario laboral, siempre encuentra tiempo para acompañarla, consentirla y educarla.
“Mira mamá, ahí viene tu tren”, le dice Zoe emocionada cada vez que ve pasar los coches verdes que trasladan a más de 500,000 personas al día.
Si su hija pequeña es el motor de su vida, su determinación para desafiar estereotipos y transformar su entorno es el combustible que la impulsa diariamente a trabajar.
“Me motiva siempre buscar cambios. Todos los días tengo que aprender algo nuevo, ver mejoras en mi equipo, transformar lo que está a mi alrededor. No puedo quedarme estática, tengo que mantenerme en movimiento. Esa es mi motivación”.
Lucha constante
En el marco del Día Internacional de la Mujer, que se celebra el viernes 8 de marzo, esta huanuqueña de nacimiento brinda un mensaje de lucha y perseverancia para aquellas jóvenes que desean forman parte de rubros e industrias en las que, hasta hace poco, eran excluidas por considerarse exclusivos de varones.
“A las chicas nuevas les digo que ya tienen un cimiento donde crecer, nadie las tiene que discriminar, nadie les tiene que decir que no pueden hacerlo y yo estoy acá para darle siempre esa fortaleza y mi soporte. A los chicos también siempre les recuerdo que hay que tener mucho respeto, porque ellas son profesionales al igual que ellos y se ganaron su puesto como cualquier otro”, resaltó.








