Por: Joyce Meyzán Caldas*
Huánuco acaba de celebrar su aniversario y, con las actividades ya terminadas, queda una pregunta que no debería disiparse con las fiestas, ¿qué hacemos con todo el potencial turístico que tenemos cuando termina agosto? Porque Huánuco recibe visitantes, tiene atractivos y posee una enorme riqueza en paisajes, historia, gastronomía y cultura. Sin embargo, todavía nos cuesta convertir todo eso en una oferta turística sólida, articulada y sostenible.
En los últimos años, el turismo en Huánuco ha mostrado señales importantes de crecimiento. En 2024, el turismo interno alcanzó 1 246 569 viajes hacia la región, frente a los 1 082 000 registrados el año anterior. Ese crecimiento confirma que Huánuco está entrando con mayor fuerza en los hábitos de viaje de los peruanos. Sin embargo, el turismo internacional todavía es reducido, lo que evidencia que la región crece, pero aún tiene pendiente consolidarse como un destino con mayor alcance nacional e internacional.
Ese crecimiento debe leerse con cuidado. No basta con celebrar que más visitantes lleguen; hay que preguntarnos cuánto tiempo permanecen, qué lugares conocen y cuánto de ese movimiento realmente se convierte en empleo, consumo local y desarrollo. Porque el turismo, cuando funciona bien, no solo mueve visitantes: moviliza transporte, hospedajes, restaurantes, guías, comercio, artesanía y otros servicios.
Y aquí conviene ampliar la mirada. El turismo huanuqueño no termina en la ciudad ni se reduce a Amarilis, Pillco Marca o Ambo. La región tiene una geografía turística mucho más extensa. Tingo María es uno de sus principales polos de atracción y el Parque Nacional de Tingo María recibió 183 209 visitas durante 2025, 29,9 % más que el año anterior y 61,3 % por encima de 2019. Kotosh, uno de nuestros principales referentes arqueológicos, recibió 63 404 visitantes en ese mismo año.
A ello se suman La Unión y Huánuco Pampa, las rutas de Tomay Kichwa y la Casa de la Perricholi, las lagunas de Pichgacocha, el Bosque Monte Potrero, Bosque Unchog, Garu, Tantamayo y muchos otros espacios que forman parte de una oferta que puede conectar historia, naturaleza, aventura, gastronomía y cultura. El propio Plan Estratégico Regional de Turismo reconoce esta diversidad y plantea circuitos que van mucho más allá de la capital regional.
Entonces, el problema no es la ausencia de atractivos. El problema es que todavía tenemos lugares, pero no siempre tenemos destinos.
Un destino no se define únicamente por la belleza de un paisaje o la importancia de un sitio arqueológico. También depende de la facilidad para llegar, permanecer, orientarse y disfrutar. Hay lugares con enorme potencial que necesitan mejor señalización, conectividad, transporte, información y servicios. Existen rutas que podrían convertirse en experiencias turísticas, pero todavía requieren mayor articulación entre operadores, autoridades y comunidades.
Eso nos lleva directamente a la gestión pública. No basta con campañas de promoción durante el aniversario, publicaciones en redes sociales o actividades aisladas en fechas festivas. Se necesita una política turística sostenida, con planificación, presupuesto, coordinación institucional y objetivos medibles. El turismo no avanza por inercia; necesita organización.
Y agosto debería ser una oportunidad para comprobarlo. El aniversario puede atraer visitantes, pero el reto es conseguir que no vengan únicamente por una actividad, un concierto o una celebración. Si alguien llega a Huánuco, debería encontrar razones para quedarse un día más, conocer Kotosh, recorrer la ciudad, probar nuestra gastronomía y continuar hacia otros destinos. Y si llega a Tingo María, la experiencia podría conectarlo con sus paisajes, su biodiversidad, su gastronomía y sus emprendimientos. La región tiene la posibilidad de construir una ruta mucho más amplia.
La propia experiencia de Tingo María demuestra que las festividades pueden generar movimiento turístico. Durante la Fiesta de San Juan, en 2025, se proyectó la llegada de 22 423 visitantes y más de 19 mil personas acudieron a sus atractivos turísticos. El desafío es que ese movimiento no se quede encerrado en una fecha del calendario.
También hace falta una mirada más moderna sobre la comunicación. Hoy un destino compite no solo por lo que tiene, sino por la manera en que cuenta lo que tiene. Huánuco necesita mostrar mejor sus provincias, sus paisajes, sus historias, su gastronomía y a las personas que hacen posible cada experiencia. Necesita dejar de promocionar atractivos aislados y comenzar a contar rutas, historias y experiencias.
El aniversario debería servir precisamente para eso: para mirar más allá de la celebración y pensar qué queremos construir durante los siguientes 365 días. Huánuco tiene historia, naturaleza, cultura y talento humano. Lo que todavía falta es articularlos bajo una visión común de destino.
El crecimiento turístico reciente es una buena noticia, pero no debería llevarnos a la complacencia. La pregunta ya no es si Huánuco puede atraer turistas. Los datos demuestran que sí. La pregunta es cuánto más podría lograr si conseguimos que esos visitantes recorran más, permanezcan más tiempo, consuman productos locales, recomienden la experiencia y regresen.
Huánuco no necesita solamente turistas de paso. Necesita visitantes que descubran la región, no solo una celebración; que recorran sus provincias, no solo sus plazas; y que encuentren razones para regresar cuando agosto haya terminado.
Porque el aniversario puede durar unos días. El turismo, si sabemos gestionarlo, puede durar todo el año.
*Comunicadora, docente universitaria y periodista digital.
@joycemeyzan



