Huánuco y Fiestas Patrias de antaño

 

Por: Fortunato Rodríguez y Maso*

 

Llegó el medio año; los niños y jóvenes empiezan a sonreír tras días agotadores de estudio y estudio cada madrugada bajo un poste de luz pública o en los parques, con el fin de aprovechar los primeros rayos de luz que acariciaban la hidalga ciudad de Huánuco, en la década de 1970; de esta forma, almacenabas todo lo aprendido hasta el momento del examen de medio año.

Nos adentramos en el universo de los recuerdos para buscar los instantes inolvidables que definen nuestra vida, muchos de ellos con felicidad y otros con sufrimientos, que nos brindaron la oportunidad de moldear nuestro carácter con más firmeza; sabemos cómo superarlos gracias a la experiencia adquirida de la propia vida. Examen de medio año Evaluación de medio año

 

Examen de medio año

Hoy rememoramos las vivencias durante la educación primaria, donde la disciplina, la presentación, el estudio y el respeto eran factores que determinaban tu desarrollo. En primer lugar, se puede destacar que la educación cívica era un camino para vincularte con nuestro Perú, con nuestros emblemas; te formaba para mantener la identidad nacional viva, te instruía sobre la estructura del Estado, sus normativas, el respeto y la adhesión a las instituciones públicas, y la veneración a nuestros héroes nacionales. Posteriormente la actividad física para mantener una salud óptima, a través de la calistenia, ejercicio, gimnasia, deporte y la higiene corporal. Su atuendo era un polo (camiseta), short, medias y zapatillas de color blanco; no se toleraba un uniforme percudido o sucio; debía ser un blanco impecable; en caso contrario, tu castigo.

Hoy en día, recuerdo los cursos de historia, geografía, lenguaje, matemáticas, entre otros, cuyo material era estudiado de manera detallada. Cuando se realizaba el «examen de medio año», tu mente abarcaba todo lo que habías «memorizado»; no lograbas evitar mencionar hasta el punto y coma. De esa manera aprobabas los exámenes, y tu libreta de notas mostraba «lleno» de «azul»; por lo tanto, recibías las felicitaciones de tus padres, familiares y amigos. Pobre de quien se «jalaba» o no aprobaba; ya te esperaba la «sentencia», la «humillación» en el aula por ser «burro», tu buena «latigueada» por tus progenitores y una buena «baldeada» en la madrugada. Durante las vacaciones de medio año, no asomabas ni a la puerta de tu hogar; te encargaban de ayudar en la cocina, limpiar el hogar y cumplir con algún deber. El cine, la actividad deportiva y la cita con tus amigos estaban cancelados en ese instante.

Desfile escolar

Otro detalle que debe ser recordado es la preparación para el desfile de las Fiestas Patrias; todo comenzaba en junio, cuando estabas frente a la puerta del querido sastre, esperando para la medición de tu uniforme comando o el “único”, cuyo proceso de confección duraba un mes. Justo unas horas antes de la “marcha”, te entregaban tu tan esperado uniforme, ¡bien planchado! Ya en tu casa, tus chancabuco (zapatos) estaban bien “quipichados” (envueltos), comprados con anticipación en la zapatería “antes que suba” el precio. Por indicación de tu papá o de tu mamá, el peluquero te cortaba el cabello al estilo “alemán”, “boxeador” o “galacunca”; te dejaban totalmente “rapado”, y la razón era: ¡Tu pelo crece rápido! No tenemos dinero para estar yendo a la peluquería en cada instante. ¡Orden cumplida! Estabas completamente cortado y tus amigos aprovechaban la oportunidad para darte “su cariño” con una palmada en la cabeza.

Desde el primero de julio, ya estabas practicando tu esperada “marcha”; cada día el instructor o el profesor te enseñaba a marchar con rigurosa disciplina y un estilo militar, mostrando orden, seriedad en el desfile, postura recta y sobriedad, siempre con la ¡mirada al frente! Con un paso firme y potente, levantabas una nube de polvo por la fuerza de tus pisadas.

Durante el desfile del 28 de julio, mostrabas con gran orgullo que estabas “marchando”; te sentías feliz, era impresionante desfilar, tus padres y hermanos te aplaudían. Cuando ingresabas a la “pista de desfile”, marchando con paso uniforme, brazo firme que alcanzaba la altura del pecho o los hombros, y al acercarte al estrado donde estaban las autoridades, el batallón cambiaba de paso rápidamente a la orden del brigadier. Las piernas se levantaban alto, con firmeza y rigidez, golpeando el suelo con fuerza; muchos zapatos se “desclavaban” por la fortaleza al tocar el suelo. La cabeza se mantenía erguida, con la mirada atenta al frente. Mientras la banda de músicos tocaba una marcha que elevaba el patriotismo, el bombo marcaba el ritmo; al final, terminabas con ampollas en los pies, debido a que el tamaño de tus zapatos no era el correcto. La satisfacción después de “marchar” te llenaba de felicidad, porque era un sueño anhelado que habías convertido en realidad. Todo niño o joven deseaba “marchar” en las fiestas patrias, especialmente en los años 60 y 70.

 

Circo

También regresa a nuestros recuerdos la época del circo, que solía llegar a nuestra ciudad a mediados de julio, trayendo con ellos leones, tigres, elefantes, perros entrenados, caballos, payasos y trapecistas valientes, quienes surcaban el aire, lanzaban cuchillos o tragaban fuego; en definitiva, era un espectáculo inolvidable. La carpa del circo, adecuadamente preparada, te esperaba en el parque Amarilis, en Tabaco o en la esquina de los jirones Leoncio Prado y Constitución. El momento más emocionante era ver por primera vez a los enormes leones, que parecían dispuestos a «devorar» a su domador dentro de su jaula mortal.

Era espeluznante escuchar su rugido; los tigres de Bengala se veían majestuosos al correr a través de los arcos de llamas, dejando una fuerte impresión. Después hacían su entrada los enormes elefantes, que realizaban acrobacias y seguían todas las órdenes de su cuidador. Aquellos feroces animales de África, que había visto en el cine, los volví a encontrar en el circo cuando llegó a nuestro querido Huánuco de antaño; es una experiencia que perdurará en la memoria. Hasta el día de hoy, sus imágenes permanecen grabadas en mi mente.

 

Desfile de Antorchas

Además, permanece en la memoria el desfile con antorchas que se llevaba a cabo en la noche del 27 de julio, justo antes del 28 de julio, Día de la Independencia. Horas antes, te dirigías al Carrizal (rio Higueras) a buscar carrizo; una vez en casa, las dejabas en remojo para que se ablandaran; luego, moldeabas la figura que habías pensado crear, la cubrías con papel de cometa correctamente trabajado; en el centro, encendías una vela para iluminar el camino.

La “marcha” de antorchas comenzaba desde La Alameda de la República; recorrías las calles principales de la ciudad, acompañado de una banda de músicos que tocaban con entusiasmo marchas militares para darle más solemnidad al evento, llegando hasta la plaza de armas donde finalizaba el desfile. Algunos estudiantes traviesos comenzaban la conocida “guerra de antorchas”, resultando en que tu antorcha, que requirió tiempo y esfuerzo para hacerla, quedaba dañada al instante; regresabas a casa solo con el recuerdo de haber tenido una antorcha.

 

*Cronista, economista, abogado. Foto: D.R. referencial. Correo: rodriguezmasgo@gmail.com Celular: 964759237.

 

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