Anciana discapacitada vive en la extrema pobreza y sin DNI para acceder a apoyo social

Hace aproximadamente cinco a cuatro años, Margarita Calixto Soto de 75 años de edad, natural de San Sebastián de Micarín en el distrito Chavín de Pariarca, provincia Huamalíes, a través de sus familiares intentó en reiteradas oportunidades obtener su Documento Nacional de Identidad (DNI), el derecho a la identidad que no se le debería negar a ningún peruano en teoría, pero el Registro Nacional de Identidad y Estado Civil (Reniec) se lo niega.

De acuerdo a Gilder Trinidad, un sobrino de la abuelita, este acto de justicia, que le abriría las puertas para mejorar sus condiciones de pobreza extrema, le vienen negando por no tener la partida de nacimiento original, no obstante, a que sustenta su existencia físicamente y con su antigua libreta electoral.

Margarita, no puede caminar a causa de su severa discapacidad, sus piernas no responden como a cualquier bípedo, sus manos deformes de dedos doblados, atacados por el reumatismo tampoco le ayudan. Estas condiciones le dificultan hacer largos viajes, y se complican por su falta de costumbre a vehículos motorizados, que le generan mareos hasta llevarla al borde de la muerte.

Sin embargo, sus sobrinos la llevaron en dos ocasiones a la presencia de los representantes del Reniec en sus campañas descentralizadas de trámites del DNI en Chavín de Pariarca, para conmover a los funcionarios encargados, pero no obtuvieron salida, ya que su partida habría sido quemado en la época del conflicto armado interno.

Los familiares tienen claro, si Margarita tuviera DNI, podría recibir aunque sea el vaso de leche, ayuda que le niegan en la municipalidad porque ella no existe para el estado. También quisieran acceder al programa Contigo o Pensión 65, para solventar sus necesidades básicas, ya que no puede trabajar a causa de su discapacidad y su avanzada edad.

Tampoco tiene hijos que la apoyen, solo su hermano con cáncer terminal, su hermana y sobrinos le tienden la mano brindándole lo poco que consiguen con el trabajo en la chacra. Las ansias de que la abuela pueda valerse por sí misma parece imposible, mientras Reniec no le dé una salida.

 

CASA DESTRUIDA. Gilder Trinidad, para demostrar, cuán fácil es abusar de los vulnerables y hacer que llueva sobre mojado, contó que su tía tenía una casucha que la Municipalidad Distrital Chavín de Pariarca la derruyó con la promesa de construirle una nueva, a cambio de ceder su terreno para hacer una carretera hacia la parte baja de Micarín.

Sin embargo, según su sobrino, el exalcalde Hernán Romero nunca cumplió su palabra, pese a que había un acta de por medio. Al final, fue la comunidad quien se compadeció y edificó una ramada con barro y madera de aproximadamente de 3 x 4 metros, al costado de la casa de sus parientes, donde la comuna finalmente donó únicamente las calaminas, pero la prometida vivienda no llegó (Yonel Rosales).

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