A un año y nueve meses de ser recluidas en el penal de Potracancha, madre e hija fueron condenadas a 17 años, un mes y 26 días de pena privativa de la libertad efectiva, esto luego de someterse al proceso de conclusión anticipada tras aceptar haber cometido el delito contra la dignidad humana en la modalidad de explotación sexual agravada.
De confirmarse la sentencia emitida en primera instancia Rosario Atencia Chávez y Beatriz Herlinda Escobedo Atencia cumplirán su condena el 2041. También deberán pagar una reparación civil de 6 mil soles a favor de las agraviadas.
CASO. La investigación que terminó en sentencia fue realizada por el fiscal Walter Alvarado Mendieta de la Fiscalía Especializada en Delitos de Trata de Personas de Huánuco y data del 2023, cuando la unidad especializada de la Policía puso al descubierto que madre e hija realizaban cobros de cupos a las mujeres que ejercían la prostitución clandestina en la intersección de los jirones Huallayco y Ayacucho.
Con información de inteligencia que incluyó observación, vigilancia y seguimiento (Ovise), la unidad especializada recomendó a la fiscalía solicitar al juzgado la detención preliminar de las implicadas en el caso.
Es así que en agosto del 2024, la policía y fiscalía realizaron la diligencia de allanamiento, descerraje y registro domiciliario de cinco inmuebles, incluyendo hoteles, dónde las meretrices de nacionalidad peruana y extranjeras usaban como un medio para la ejecución del delito.
De las cinco personas detenidas en su momento, la fiscalía sólo requirió prisión preventiva por 18 meses para Rosario Atencia y Patricia Escobedo.
En el juicio oral, el fiscal logró probar su acusación basados en testimonios de agraviadas de la banda criminal denominada «Las cariñosas de Huallayco». Dijeron que pagaban entre 30 soles con la finalidad de ejercer la prostitución en la calle.
Según la fiscalía, madre de hija ejercían el control en las calles ubicadas a inmediaciones del mercado modelo de Huánuco, dónde las ‘trabajadoras’ pasaban todo el día ofreciendo sus servicios a los transeúntes.
Para dejarlas trabajar, las meretrices debían pagar por el uso de las calles, hecho que puesto en evidencia a través de imágenes y fotografías.







