Huánuco y las siete caídas

Por: Fortunato Rodríguez y Masgo*

 

Mes de marzo, temporada de lluvias intensas. Persisten las precipitaciones torrenciales y las quebradas de Puelles, Llicua y Paucarbamba amenazan constantemente con quebrar la tranquilidad de la comarca. Muchos elevan sus oraciones pidiendo que se calme la furia de la madre naturaleza.

Nos encontramos en plena Semana Santa en la ciudad cristiana de Huánuco, allá por la década de los noventa. Es momento de sumergirnos en los recuerdos para revivir instantes inolvidables. Uno de ellos es la tradicional “visita a las siete iglesias”, que representa las “siete caídas” de nuestro Señor Jesucristo. Para algunos constituye un sacrificio; para otros, una manifestación de recogimiento espiritual.

Luego de los ritos religiosos del Jueves Santo, como la misa en la que se recuerda la Santa Cena ofrecida por Jesucristo, se realiza el lavatorio de los pies. En este acto participan doce niños, a quienes se les lava uno de los pies, simbolizando la humildad de Jesús hacia sus apóstoles.

Al culminar la ceremonia, el sacerdote traslada la Eucaristía hacia un altar menor, donde se ha preparado un monumento adornado con flores frescas, velas y cirios. Allí queda expuesta para la adoración de los fieles.

A partir de ese momento, se inicia la visita a las siete iglesias ubicadas en distintos puntos de nuestra heroica ciudad, recordando el camino hacia el Calvario y las caídas de nuestro Redentor.

Familias enteras, así como grupos de jóvenes de distintos barrios, se organizan para caminar durante toda la noche como señal de sacrificio y devoción. Llevan consigo velas que encienden en cada altar o monumento, expresando de esta manera su profunda fe.

Nuestro recorrido imaginario comienza en la Iglesia San Cristóbal, ubicada a 300 metros de la Plaza de Armas de la Ciudad Primaveral. Es considerada Patrimonio Cultural de la Nación, pues su construcción data de 1542, en plena época de la conquista española, siendo la primera edificada en el valle de los Chupachos.

Según relata el monseñor Berroa, los españoles promovieron su edificación en el mismo lugar donde Fray Pablo de Coimbra (portugués) celebró la primera misa el 2 de febrero de 1541, a campo abierto y a orillas del río Huallaga, sobre un improvisado altar de lajas de piedra.

Para su construcción se utilizó la mano de obra de los Chupachos, bajo la dirección de sacerdotes españoles. Posteriormente, el templo se convirtió en un recinto religioso destinado principalmente a los Chupachos, yanaconas y población afrodescendiente, quienes acudían a rendir culto en su nueva fe.

El templo conserva valiosas reliquias, entre ellas la imagen tallada en madera de la Virgen de la Asunción (patrona de Huánuco), San Cristóbal, la Virgen Dolorosa, el Señor del Huallaga, San Agustín, San Antonio y el Rostro de Cristo, traído de Italia por el padre Luigi Pedriti en 1997. Asimismo, resguarda el cáliz que perteneció a Santo Toribio de Mogrovejo.

Continuando con este recorrido de fe, llegamos a la Iglesia Cristo Rey o Santo Domingo, construida en 1543 durante la conquista española. Con el paso del tiempo, el templo se deterioró, por lo que fue demolido y reconstruido en 1929 bajo la dirección del reverendo padre Vito Cuttolo, durante el obispado de monseñor Rubén Berroa.

Esta iglesia estuvo bajo la administración de la orden de los dominicos, quienes residían en el Convento de Santo Domingo, hoy Seminario “San Teodoro”. Los dominicos destacaron por su profunda devoción y disciplina cristiana; según el historiador José Varallanos, muchos de ellos fueron considerados hombres de vida santa.

Entre sus bienes se encuentra la imagen de Nuestra Señora del Rosario, obsequio del rey Carlos V de España, así como un cáliz de plata y hierro que perteneció a Santo Toribio de Mogrovejo. El templo se ubica en el jirón Dos de Mayo 899, frente a la plazuela de Santo Domingo.

Seguimos nuestro camino hacia el Sagrario La Merced, administrado por la orden mercedaria, que llegó a Huánuco en 1560 con la misión de evangelizar a las poblaciones andinas. El templo fue construido en 1566, de estilo colonial, utilizando adobes de tierra negra y arcillosa, con base de lajas de piedra extraídas del río Huallaga. Su construcción fue impulsada por Fray Diego de Porres.

El 20 de enero de 1660, durante una oración, algunos fieles observaron una brillante estrella sobre la imagen de la Virgen de las Mercedes y otra menor sobre el Niño Jesús. Este suceso fue anunciado mediante el repique de campanas, atrayendo a numerosos devotos. Desde entonces, la Virgen es considerada milagrosa.

Otro hecho recordado es que, tras ser invocada en tiempos de sequía, se produjo una intensa lluvia acompañada de relámpagos y truenos, interpretada como respuesta divina. En 1942, la iglesia fue declarada Monumento Histórico por el Congreso de la República.

Nuestro recorrido continúa hacia el Templo de San Francisco, ubicado en la cuarta cuadra del jirón Dámaso Beraún, a doscientos metros de la Plaza de Armas. Según documentos históricos, su construcción culminó en 1560 en honor a San Bernardino, gracias al aporte de encomenderos y feligreses. Posteriormente, fue reconstruido por el fraile Andrés Corso.

Este imponente templo presenta una arquitectura neoclásica, con altares decorados en pan de oro de estilo barroco. Destaca también la participación de artistas locales, muchos de ellos Chupachos, quienes plasmaron su identidad en la obra.

Entre sus tesoros artísticos figuran dos cuadros coloniales: la Virgen Purísima, del taller de Murillo, y Santa Gertrudis; así como esculturas del sacerdote Lorenzo Valentino, como la Virgen Dolorosa —similar a la Virgen de la Macarena— y el Cristo Cautivo. El templo fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación el 17 de julio de 1997.

El recorrido prosigue hacia la iglesia El Patrocinio, ubicada en la esquina de la Alameda y el jirón Huallayco. Luego se visita la iglesia San Pedro, situada en uno de los extremos de la ciudad, y finalmente la iglesia San Sebastián.

Pasada la medianoche, tras una larga caminata, el cuerpo apenas resiste el cansancio mientras se emprende el regreso a casa, donde espera un merecido descanso. Así se vive este recorrido de fe y sacrificio, evocando las siete caídas de nuestro Redentor.

 

*Escritor, economista y abogado. Cel.: 964 759 237.

Correo: rodriguezmasgo@gmail.com Foto: D.R. referencial

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