Por: Jorge Chávez Hurtado
Fue Ada Gonzales Soto —Adita, como la llamamos quienes hemos aprendido a reconocer su perseverancia— quien, allá por el año 2016, me habló por primera vez de algo que no era un trámite ni una simple gestión administrativa. Me habló de identidad.
No levantó la voz, no hizo discursos, no necesitó hacerlo. Su convicción bastaba.
Ese día entendí que hay personas que no trabajan por reconocimiento, sino por memoria. Y la memoria no se archiva: se defiende.
Adita estaba al frente de aquel proceso que, con el tiempo, se convertiría en un hito para la región: la creación del Día de la Identidad Cultural Huanuqueña. Recuerdo su disciplina, su forma metódica de ordenar cada documento, cada argumento, cada paso. Nada quedaba librado al azar. Nada era improvisado.
Y se logró. Huánuco tenía, por fin, un día para mirarse a sí mismo.
Desde agosto de 2016, gracias a la Ordenanza Regional N.º 053-2016-GRHCO, cada primer viernes posterior al 15 de agosto —fecha de la fundación española de Huánuco— la región tiene un día para mirarse a sí misma y reconocerse. No como un lugar más en el mapa, sino como una tierra con memoria, con raíz, con voz propia.
Pero hay personas que no se detienen cuando alcanzan un objetivo. Por el contrario, es allí donde realmente comienzan.
Este año 2026, su llamada volvió a encontrarme.
No fue una llamada cualquiera. Fue una de esas que anuncian que algo importante está por suceder.
—Tenemos que hacer algo más grande, me dijo. Ya se han iniciado las acciones.
Y entonces mencionó el nombre de una melodía que el mundo ha escuchado, pero que hoy Huánuco busca volver a nombrar desde su origen: El Cóndor Pasa.
No como una simple composición musical, sino como una verdad que necesita ser afirmada.
Me habló del Decreto Regional N.º 001-2026-GRH/GR, mediante el cual se declara de interés regional la difusión y posicionamiento del origen huanuqueño de esta obra universal de nuestro insigne músico Daniel Alomía Robles. Me explicó también sobre la conformación de una Comisión Especial, integrada por instituciones públicas, universidades, organizaciones culturales y representantes de la sociedad civil, con el encargo de llevar adelante esta tarea histórica.
—Orlando Vara Mazzini ya está participando, me dijo, y es importante que te sumes en tu condición de integrante de nuestra Asociación Promotora de la Identidad Cultural Huanuqueña.
No hubo duda. No podía haberla.
El 17 de marzo, a las nueve de la mañana, llegué al auditorio de la Universidad Nacional Daniel Alomía Robles. Allí se desarrollaría la reunión de instalación de la Comisión y la aprobación del Plan de Trabajo.
Antes de que iniciaran las exposiciones, ocurrió algo que no figuraba en la agenda: el encuentro de voluntades.
Autoridades, docentes, especialistas, músicos, gestores culturales… todos reunidos no por obligación, sino por convicción. En medio de ellos, Adita, recibiendo a cada participante con la misma cordialidad de siempre, pero también con la firmeza de quien sabe que está conduciendo un proceso necesario.
No era una reunión más. Era, sin que muchos lo dijeran en voz alta, un acto de afirmación cultural.
Días antes, el Gobierno Regional ya había dado un paso importante al emitir el decreto. Sin embargo, los documentos por sí solos no transforman la realidad; son las personas las que les dan vida, las que convierten las palabras en acciones.
Y eso fue lo que comenzó a tomar forma en ese auditorio.
Durante la sesión, Adita expuso el Plan de Trabajo en representación de la Secretaría Técnica. Detalló objetivos, actividades, cronogramas y responsabilidades. Se habló de investigación histórica, de recopilación de fuentes documentales, de producción de materiales educativos, de campañas de difusión, de conferencias, de presentaciones artísticas y de articulación con instituciones nacionales e internacionales.
Se mencionó incluso la proyección de este esfuerzo hacia espacios de reconocimiento global.
Pero más allá de la estructura técnica, lo que realmente se percibía era otra cosa: el deseo de recuperar una verdad largamente postergada.
Porque El Cóndor Pasa ha recorrido el mundo. Ha sido interpretada en escenarios internacionales, ha emocionado a generaciones y se ha convertido en un símbolo de la identidad peruana. Sin embargo, su raíz, su origen profundo, sigue latiendo en esta tierra: Huánuco.
Durante la etapa de intervenciones, los participantes coincidieron en la importancia de este proceso no solo desde una perspectiva cultural, sino también histórica, social y educativa. Se destacó la necesidad de fortalecer la identidad regional y de integrar a las instituciones en un esfuerzo articulado que permita posicionar, con sustento, el origen huanuqueño de la melodía.
El plan fue aprobado por consenso.
Se establecieron compromisos, se fijaron mecanismos de seguimiento y se delinearon las acciones que se desarrollarán a lo largo del año. Pero lo más importante no quedó consignado en el acta. Quedó en el ambiente: la convicción de que Huánuco no está dispuesto a renunciar a su memoria.
Al finalizar la reunión, mientras los asistentes suscribían el documento, observé nuevamente a Adita. No hizo ningún gesto grandilocuente. Solo sonrió, con la serenidad de quien ha aprendido que los procesos verdaderamente importantes no se imponen: se construyen.
Salí del auditorio con una sensación difícil de explicar.
Como si algo antiguo se hubiera despertado. Como si Huánuco, después de tanto tiempo, comenzara a pronunciar su propia historia con mayor firmeza.
Porque esto no trata únicamente de una melodía.
Trata de identidad.
Trata de memoria.
Trata de dignidad.
Hay canciones que no solo se escuchan: se heredan. Y hay pueblos que, aunque el mundo tarde en reconocerlos, nunca dejan de sostener su verdad.
Hoy, Huánuco ha decidido volver a cantar la suya.






