Huánuco: Carnavales y Semana Santa

Por: Fortunato Rodríguez y Masgo*

 

Los festejos de la Navidad tienen un comienzo y un final. Se reducen a unas horas de celebración familiar, a la unión hogareña. Sin embargo, casi de inmediato se enlazan con la festividad de la Bajada de Reyes, la cual se extiende hasta los días previos al carnaval, poco antes del inicio de la entrada del taita San Sebastián.

Es eneste momento que los barrios de nuestro querido Huánuco se trasladan a Izcuchaca, llevando consigocanciones, bailes y música al ritmo de una banda que interpreta exclusivamente piezas del cancionero huanuqueño. Armados con guitarras, talco y shacta, los asistentes zapatean sin descanso hasta desgastar por completolas suelas de sus “chancabuco”.

En primera instancia, se dedican a “jalar” un robusto árbol de pacay que generalmente proviene de alguna huerta vecina, tal vez de las tierras de propiedad de la familia Malpartida, dueña de amplios terrenos con árboles añejos. A pulso y con gruesas sogas arrastran el árbol; como recompensa, cada esfuerzo es aplaudido con un “copón” de shacta y gritos entusiastas, acompañados de una chacchada y un buen trago de purito aguardiente antes de retomar la tarea.

Al llegar a la esquina de Abtao con Junín ya les espera un par de bueyes traídos especialmente desde Cayhuayna para cargar el inmenso árbol.Este esadornado con papeles multicolorescomosi se tratase de vistosascometas. Asícomienza el conocido “jala jala”,iniciando desdela “pampa” de SanSebastián.

Los celebrantes pasan por el grifo “Torres”, cruzan toda la avenida 28 de Julio hasta alcanzar la plaza de armas. Allí se desata una gran zapateada al compás de la música, alimentando las energías con más shacta. El recorrido prosigue sin descanso hasta llegar a la Alameda, mientras los toros sudan como “shapacos” incansables, y los hombres y mujeres bailan cargados de alegría, cubiertos de talco, con serpentinas al cuello y moviéndose en prosa. Cuando los músicos toman un breve descanso, los asistentes más espontáneos toman las guitarras en mano y entonan huaynos y mulisas que despiertan memorias e intensifican el sentimiento colectivo.

La marcha sigue al son de la banda por el jirón Dos de Mayo hastallegar a laesquina de la cárcel.Allí resonan los cohetes en medio de lasnotasmusicalesde una mulisa y se organiza un gran“ruedo” en señal de saludo paralos reclusos, que ven desde sus celdas cómo se comparte el espíritu festivo del que tambiénforman parte simbólicamente.En su honor, se brindan copones rebosantes deltradicional aguardiente, cerrando la despedida conpotentes cohetes que retumbanincluso en el pavimento.

El “jala jala” continúa hasta retornar nuevamente a la plaza mayor, donde el alcalde y su comitiva se unen al evento festivo. Todos bailan juntos y retoman el camino al son del repertorio huanuqueño. Con cohetes marcando cada esquina -una señal clara del progreso del jolgorio-, el trajín no cesa, mitigado solo con tragos de shacta.

Finalmente, la algarabía alcanza su destino en el barrio shapaco: San Sebastián. Ya entrada la tarde, incluso los toros necesitan un descanso y algo para comer. Los anfitriones no fallan e invitan una clásica locreada de res ofrecida por las familias Baldeón, Bedoya, Zevallos, Retis, Malpartida, Verde y otras más que muestran su generosidad con todos los invitados. El árbol es plantado ceremoniosamente en la “pampa” frente a la iglesia. Desde ese momento se retoma el “jala jala”, esta vez con el alcalde Arnulfo presente.

La banda interpreta emotivas piezas emblemáticas que avivan la festividad en cada alma presente. Al son de la música y el inagotable ánimo de los huanuqueños, los participantes zapatean hasta dejar sus fuerzas y llenarse de felicidad compartida. Con rostros talqueados y cuellos adornados con cintas serpentinas, todos danzan bajo un cielo que parece reflejar su júbilo desbordante. De esta manera queda oficialmente inaugurada la tradicional fiesta de carnavales en Huánuco, un tributo viviente a las tradiciones

Durante el mes de febrero se celebra la festividad del Corta Árbol, la cual se prolonga hasta la semana de Cuaresma en marzo. Durante este periodo, se baila el alegre «Jala Jala», una danza cargada de prosa y sentimiento huanuqueño. En medio de la celebración, el Alaraca Mori y Chivirico Malpartida no dejan de bailar y beber. A su lado está el general Cuñi, quien llegó acompañado por don Miquicho.

La fiesta está en su apogeo, el patriarca de los Guerra lo reafirma mientras pide shacta. Cerca de ellos, se encuentran Siete Pelos, Siete Mujeres, Siete Machos y el famoso Papá de Huánuco, todos ellos ya animados por el aguardiente, pidiendo a gritos un huayno huanuqueño para seguir zapateando. Incluso el cura Shapinco se une al jolgorio, levantando su sotana, girando como un trompo viejo con la Coja Bedoya, mientras va cogido de la mano de la Chusca Gallina Camina; juntos parecen dos tortolitos enamorados.

Al llegar la medianoche se «tumba» el árbol en señal de cierre, y el nuevo mayordomo se compromete a organizar la festividad del próximo año en honor al Taita San Sebastián. Este año, la responsabilidad recae en don Shapa, un vecino destacado de Izcuchaca que sigue los pasos de su padre y abuelo, oriundos del cequión de Ayancocha.

Tras el intenso jolgorio que abarcó los meses de diciembre, enero, febrero y marzo (con festividades como La Navidad, la Bajada de Reyes y los Carnavales), el Alaraca Mori y Chivirico Malpartida buscan alivio en la botica de “papá” Ñumico Echevarría, donde con suero endovenoso intentan “resucitar” para quedar como nuevos.

Mientras tanto, en las iglesias de Huánuco, el ambiente se torna sobrio y cargado de misticismo. Con la llegada de la Semana Santa, los templos se cubren de velos negros, apagándose las luces eléctricas y encendiéndose únicamente velas y cirios que alumbran tenuemente.

Este escenario simboliza la tristeza y el dolor asociados con la vida, pasión y muerte de Jesucristo. Son días de reflexión en los que se prohíbe escuchar música, consumir bebidas alcohólicas o comer carne de res y pollo; en su lugar, se permite únicamente el pescado y el cushuro. Las emisoras locales como Huallaga y Huánuco ajustan su programación para transmitir solo música instrumental y mensajes religiosos.

Durante estos días solemnes, hombres y mujeres visten de luto riguroso: de negro y con rostros abatidos, como si hubieran perdido a un ser querido. El jueves y Viernes Santo, las iglesias están abarrotadas de fieles, hasta tal punto que no cabe un alfiler. El recogimiento espiritual es absoluto mientras las familias completas recorren en horas nocturnas las siete iglesias para orar y encender sus velas.

Finalmente llega el sábado de Gloria, momento en el que el Alaraca Mori y Chivirico Malpartida vuelven a la carga buscando nuevas fiestas. Esta vez, uno se dirige hacia Cruz Verde y el otro hacia Cruz Blanca. En ambos lugares celebran alegremente la Resurrección de Nuestro Señor Padre bebiendo shacta y bailando al ritmo del purito huayno huanuqueño.

La fiesta dura toda la noche y se extiende hasta el amanecer siguiente. Las capillas lucen decoradas con frutas frescas traídas de las huertas y montañas cercanas. Los estruendosos cohetes de don Amacho Visag resuenan sin descanso durante toda la noche, haciendo eco en cada rincón. Así es como transcurre la vida para el Alaraca Mori y Chivirico Malpartida en nuestro querido Huánuco.

 

*Escritor, economista y abogado. Cel.: 964 759 237. Correo: rodriguezmasgo@gmail.com Foto: D.R. referencial

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