El conflicto iniciado el 28 de febrero con la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha afectado varias instalaciones petroleras y de gas en Oriente Medio, generando preocupación por el impacto en el suministro energético internacional.
En Yanbu (Arabia Saudita), un dron impactó la refinería de Samref, con capacidad de más de 400.000 barriles diarios. Esta instalación, operada por Aramco y ExxonMobil, es estratégica porque permite exportar crudo sin pasar por el estrecho de Ormuz, actualmente bloqueado por Irán. En Ras Tanura, otra de las mayores refinerías de la región, ataques con drones provocaron incendios y cierres parciales, aunque la actividad ya se ha reanudado.
El complejo industrial de Ras Lafan, en Catar, el mayor puerto de exportación de gas natural licuado del mundo, sufrió daños considerables por ataques iraníes que generaron incendios. Estos ataques fueron en respuesta a la ofensiva israelí contra South Pars-North Dome, el gigantesco yacimiento compartido por Irán y Catar, considerado la mayor reserva de gas del planeta. QatarEnergy estima que la parte catarí, conocida como North Field, concentra cerca del 10% de las reservas mundiales de gas natural, con contratos de largo plazo con empresas como Total, Shell, Sinopec y Eni.
En la isla de Jark, desde donde parten el 90% de las exportaciones de crudo iraní, se registraron ataques estadounidenses. Aunque las autoridades aseguraron que las exportaciones continúan con normalidad, Estados Unidos ha amenazado con destruir las infraestructuras si Irán mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz. En South Pars, Irán confirmó incendios en algunas áreas del yacimiento tras los ataques israelíes.
La refinería de Ruwais, en Abu Dabi de Emiratos árabes Unidos, considerada la cuarta más grande del mundo, interrumpió sus actividades por precaución tras un ataque con drones en la zona. La compañía nacional Adnoc no ha emitido comentarios oficiales sobre el incidente.
La escalada de ataques contra estas instalaciones energéticas estratégicas refleja la vulnerabilidad del suministro global de petróleo y gas, y aumenta la tensión en los mercados internacionales ante la posibilidad de una crisis energética de gran magnitud.







