Por: Víctor Raúl Osorio Alania*
Roberto Mario Gómez Bolaños mediante humor vitalizado logra ganar titulares. Él es alegría que noquea al insomnio. El humor saber de su existencia. Actuando junto a comediantes (compatriotas mexicanos) alcanzaron talla mundial. El comediante ha confesado que las experiencias de Charles Spencer Chaplin Hill, Charlot (1889-1977) y Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, Cantinflas (1911-1993), le sirvieron de inspiración.
El Chavo del Ocho (diario), cada uno de sus episodios y filmográficos quiebran la inercia. Teniendo espíritu infantil sentirá encanto al seguirlo y podrá decir adiós a las endorfinas.
Oído a la música, el fondo musical de la serie El Chavo del Ocho fue creado en 1811 por Ludwig van Beethoven (1770-1827), la pieza titulada Marcha turca ha sido recreada antes de llegar a los estudios de la televisión azteca.
Roberto Mario Gómez Bolaños (Ciudad de México, 21 de febrero de 1929 – Cancún, 28 de noviembre de 2014), fue actor, productor, guionista (libretista), director, amante del futbol; hizo suyo el dígrafo “ch” como si fuera algoritmo preferido. Veamos: Chespirito (diminutivo de Shakespearito), El Chapulín Colorado, El Chavo del Ocho, El Chanfle, asimismo, Chaparrón y Lucas, El Dr. Chapatín, infaltable Chompiras, Botija y Chimoltrufia.
¿Hay bullying (intimidación) en la serie televisiva El Chavo del Ocho o solo era el reflejo de una comunidad hispanohablante? Huelgan respuestas desde las disquisiciones. .
DIARIO
Sus holgados pantalones tenían más parches y remiendos que tela original. Estaban precariamente sostenidos por dos tiras de tela que hacían las veces de tirantes, terciadas sobre una vieja y descolorida playera en la que también predominaban los parches y los remiendos. Calzaba un par de zapatos del llamado tipo “minero” que evidentemente habían pertenecido a un adulto. Pero lo más característico de su atuendo era la vieja gorra con orejeras, las que en tiempo de frío le debían haber sido de no poca utilidad, pero que, cuando lo conocí, en pleno verano, no hacían sino acentuar lo grotesco de su figura.
— ¿Grasa, jefe? –me había preguntado mostrando el cajoncillo de limpiabotas. Y yo estuve a punto de responder que no, ya que mis zapatos se encontraban en bastante buen estado, pero entonces surgió el presentimiento, ese algo que nos impele a tomar decisiones sin justificación aparente. De modo que respondí afirmativamente…
Me costó mucho trabajo entablar conversación con él, pues era notorio que mis preguntas provocaban el natural recelo de quien está acostumbrado a recibir muy poco –casi nada, diría yo– de los demás…
Entonces dejé correr una pausa intentando que fuera él mismo quien reanudara la conversación, pero resultó evidente que su timidez le impedía hacerlo. Por tanto, yo también interrumpí el interrogatorio.
Le di una buena propina cuando terminó de lustrar mis zapatos. Eso hizo que acudiera a sus ojos un brillo que antes había estado ausente, y que se pusiera a bailotear al tiempo que exclamaba:
¡Con esto me puedo comprar una torta de jamón… o dos… o tres…!
Y luego, pronunciando un rápido y entusiasta “gracias”, levantó ágilmente sus arreos de trabajo y se lanzó corriendo a la calle, donde empezó a sortear el intenso tránsito de automóviles con esa destreza que sólo tienen los niños pobres de las ciudades populosas. Luego, al tiempo que lo perdía de vista, aún alcancé a oír nuevamente las palabras que parecían mágicas: “¡Torta de jamón!”. Fue entonces cuando descubrí el cuaderno.
Lo había dejado a un lado de la banca del parque donde estaba yo sentado. Y resultaba fácil suponer que era propiedad del Chavo del Ocho, pues su lastimoso estado hacía juego con el propietario. Era un cuaderno corriente que mostraba con toda claridad el uso continuo a que había estado sometido. De las pastas de cartoncillo no quedaban más que pequeños e irregulares trazos manchados de grasa, polvo, sudor ¡y vaya usted a saber qué otra cosa! Las hojas, algunas también incompletas, estaban enrolladas por las puntas y ostentaban igualmente gran cantidad de manchas de los más variados orígenes, pero en ellas estaba contenido el manuscrito más espontáneo que jamás hayan podido ver mis ojos: “El diario del chavo del ocho”.
COMPRENSIÓN DE TEXTO
Comprensión literal (respuestas explícitas). Complete las oraciones. 1. Me costó mucho trabajo _____ conversación con él, pues era notorio que mis preguntas _____ el natural recelo de quien está acostumbrado a recibir muy poco –casi nada, diría yo– de los demás. 2. Le di una buena _____ cuando terminó de lustrar mis _____. Eso hizo que acudiera a sus ojos un brillo que antes había estado _____, y que se pusiera a bailotear al tiempo que _____. 3. Responde: ¿Cómo surgió la relación entre los personajes descritos?
Comprensión inferencial (se da por inducción y deducción). 4. Del texto podemos inferir y comparar. (a) Chavo vive de la asistencia del prójimo. (b) A Chavo le encanta la vida de trotamundos. (c) Chavo en México, lo que es pibe en Argentina, Churre en Sullana, chiuche en la parte andina del Perú. (d) Le niegan toda oportunidad laboral, a Chavo. (e) Es un niño marginal, luego de ser pudiente. 5. Deducimos del texto. (a) El Chavo que pone grasa habla cuando ve dinero. (b) Olvida el cuaderno [su cuaderno] por jugar con sus amigos. (c) Vive el día a día, no le importa el pasado, menos el futuro. (d) Todo lo que gana lo invierte –exclusivamente– en tortas de jamón. (e) Es reservado porque se concentra en su labor. Le gusta hacer bien las cosas.
Comprensión crítica (carácter evaluativo). 7. ¿El niño que pone grasa forma parte de los niños trabajadores del mundo? 8. ¿Debería erradicarse toda labor infantil? ¿Por qué?
Comprensión apreciativa (alude al impacto emocional). 6. ¿El Chavo del Ocho (diario), está inspirada en la vida de Roberto Gómez Bolaños o de otro chavo (niño)? 9. ¿Cómo te identificas con el personaje principal del texto leído?
Comprensión creativa. 10. Recreación a partir de la lectura hecha. Chavito chistoso chambea como chef a medio tiempo, experto en la elaboración de choclo con queso, chuleta, chorizo, pasta con champiñones (hongos), los fines de semana prepara chocolate y churros. Completa su rutina cotidiana leyendo y explicando el contenido de la obra El Chavo del ocho (diario), llega a la choza más lejana. ¡Buen charro resultó el chico!
*“El Puchkador de las Nieves”
REFERENCIA
Gómez, R. (2005). El Chavo del Ocho (diario). Lima, Perú: Punto de lectura.
Osorio, V., Cuyubamba, A. y otros (2015). Aptitud verbal (Comprensión de textos). Huánuco, Perú: “Puchkando” Editores.








