Por: Joyce Meyzán Caldas*
Durante muchos años, estudiar un posgrado en el extranjero fue percibido como un privilegio lejano, casi inalcanzable para quienes se formaron en universidades de provincias peruanas como Huánuco. Esta idea, alimentada por la noción de que las maestrías fuera del país eran exclusivas para sectores con altos contactos o solvencia económica, está siendo desafiada por una realidad donde la globalización educativa y la virtualidad redibujan el mapa de oportunidades. Sin embargo, la pregunta persiste con fuerza entre los jóvenes profesionales: ¿es realmente fácil estudiar fuera? La respuesta no es unívoca, pues si bien el camino se ha democratizado, sigue exigiendo una dosis extraordinaria de estrategia, información y perseverancia. Actualmente, se estima que unos 8,500 peruanos salen anualmente al exterior, y el 75% lo hace específicamente para cursar estudios de posgrado. Aunque esta cifra refleja un interés creciente, Perú aún se encuentra por debajo de vecinos como Colombia, que moviliza a 61,000 estudiantes cada año, lo que sugiere que todavía existen barreras significativas por derribar y miedos que vencer a través del conocimiento de experiencias reales.
Las historias de profesionales como Krisbiat Domínguez y Stefanie Díaz permiten entender que el primer gran muro es el acceso, un proceso que comienza mucho antes de subir al avión y que requiere una autogestión impecable. Krisbiat, huanuqueño y orgulloso egresado de la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, decidió que su camino profesional requería una visión global que complementara su experiencia en el sector público. Al elegir un MBA en la Universidad Internacional de La Rioja, en España, no solo buscaba un título, sino una malla curricular que le permitiera entender los negocios desde una perspectiva internacional. Sin embargo, el camino administrativo fue el primer gran filtro. Krisbiat tuvo que enfrentarse a la rigurosidad de la validación de documentos y, sobre todo, a la exigencia de experiencia previa en cargos de liderazgo.
Por otro lado, la experiencia de Stefanie Díaz en el Reino Unido ilustra la importancia de la pasión y la especialización en nichos que el mercado peruano aún no desarrolla plenamente. Stefanie, experta en el mundo de la moda, identificó que para alcanzar el nivel de competitividad que soñaba, debía formarse en una de las capitales mundiales de la industria: Londres. Su proceso de postulación fue un ejercicio de introspección y creatividad; además de los consabidos exámenes de idioma y certificados de notas, tuvo que construir un portafolio sólido y producir videos de presentación que explicaran no solo quién era, sino qué valor único aportaría a la comunidad universitaria británica. Para Stefanie, demostrar que uno está lo suficientemente motivado para cumplir con el programa es el desafío más grande, pues las universidades de alto nivel buscan perfiles que no solo consuman conocimientos, sino que generen impacto.
El financiamiento aparece inevitablemente como el punto donde muchos proyectos se detienen por temor. Según datos de movilidad educativa, los costos pueden ser abrumadores: un posgrado en Estados Unidos promedia los 35,000 dólares anuales, en el Reino Unido ronda los 30,000 y en España se sitúa cerca de los 15,000. Estas cifras explican por qué el 58% de los peruanos que estudian fuera provienen del sector socioeconómico A. No obstante, las vivencias de nuestros protagonistas demuestran que existen rutas alternativas para quienes no pertenecen a esa élite económica. Krisbiat, por ejemplo, logró que su MBA fuera viable gracias a la obtención de una media beca, lo que redujo significativamente la brecha financiera y le permitió enfocarse en los gastos logísticos de su semana presencial en Madrid. Stefanie, bajo una lógica de previsión, optó por trabajar arduamente y ahorrar en Perú, además de buscar descuentos por pronto pago y beneficios que ofrecen las universidades en Londres para estudiantes internacionales destacados. El interés por las ayudas estatales también ha explotado como una vía de escape a la falta de recursos; el Programa Nacional de Becas y Crédito Educativo (Pronabec) registró un récord de 742 postulaciones a la Beca Generación del Bicentenario en 2025, un incremento del 44% respecto al año anterior, con un enfoque notable en jóvenes de entre 23 y 30 años que buscan las mejores 25 universidades del mundo.
Un factor revolucionario que Krisbiat resalta con especial énfasis es la virtualidad y la modalidad híbrida. La pandemia aceleró la adopción de estos formatos, permitiendo que un profesional huanuqueño pueda cursar una maestría europea desde su escritorio en Perú, manteniendo su empleo y sus redes de apoyo familiar. Krisbiat valora profundamente cómo esta modalidad se adaptó a su realidad laboral en el Estado, culminando su formación con una «Executive Week» en España que le permitió vivir la experiencia presencial, el ritmo estricto de la puntualidad europea y el intercambio directo con compañeros de Chile, Colombia, México y España. Esta modalidad no solo reduce los costos de residencia, sino que democratiza el prestigio académico. Sin embargo, tanto él como Stefanie coinciden en que la virtualidad no es sinónimo de menor exigencia. Al contrario, estudiar en otro huso horario y cumplir con estándares de universidades que priorizan el pensamiento crítico y la toma de decisiones basada en casos reales, exige una disciplina de hierro.
Más allá de los trámites y el dinero, el verdadero valor del posgrado internacional reside en el choque cultural y el crecimiento personal que transforma la identidad del profesional. Stefanie destaca que en Londres la educación es altamente personalizada y competitiva, rodeada de especialistas que te obligan a estar constantemente actualizado. Esta inmersión en un ambiente multicultural le brindó una confianza y un pensamiento crítico que hoy aplica en su labor docente, entendiendo que el grado de maestría es una credencial de peso en el mundo académico moderno. Para Krisbiat, la ganancia más tangible fue el fortalecimiento de sus habilidades blandas; el liderazgo, la comunicación asertiva y la visión estratégica que adquirió en España le permiten hoy abordar la gestión pública con una seguridad distinta. Ambos resaltan que incluso el regreso al Perú y el trámite ante SUNEDU, que suele tomar entre 15 y 45 días, es ahora un proceso fluido que cierra el ciclo de una inversión que vale cada segundo de esfuerzo.
En conclusión, ¿es fácil estudiar un posgrado fuera? La respuesta honesta sigue siendo un no rotundo, debido al sacrificio, la disciplina y la inversión que requiere. Sin embargo, nunca ha sido tan posible como hoy. Con aproximadamente 100,000 becas disponibles en universidades de todo el mundo y la apertura de las fronteras digitales, la oportunidad ha dejado de ser un sueño reservado para una minoría limeña. Para los profesionales de Huánuco y de todo el país, el camino no comienza con la suerte, sino con la decisión de investigar, planificar y atreverse a cruzar fronteras mentales y geográficas. Estudiar en el extranjero es, en última instancia, una estrategia de transformación que no solo otorga un título, sino que redefine la visión del mundo y la capacidad de influir positivamente en la sociedad peruana, tal como Krisbiat y Stefanie lo vienen demostrando en sus respectivos campos.
*Comunicadora, docente universitaria y periodista digital.
@joycemeyzan






