El ADN en la danza y música de los Negritos de Huánuco

Por: Roger Rondón Bardón

 

El ácido desoxirribonucleico (ADN) contiene la información genética almacenada en una molécula clave del ser humano. Desde la ciencia, esta información permite la transmisión de rasgos genéticos, físicos y psíquicos; y, en un sentido metafórico y cultural, alude también a la continuidad de prácticas, saberes y expresiones que se heredan de generación en generación, como ocurre con la danza y la música de los Negritos de Huánuco.

 

El ADN y la creación artística

Si bien es cierto que el ADN no almacena directamente costumbres, danzas ni música —pues su función es guardar información genética—, también es verdad que cultura y biología se entrelazan en la experiencia humana. La cultura, entendida como conjunto de prácticas, valores y expresiones artísticas, se transmite mediante el aprendizaje, la imitación y la convivencia social, en diálogo permanente con las disposiciones biológicas del ser humano.

James Watson y Francis Crick, genetistas y premios Nobel de Fisiología y Medicina, publicaron en la prestigiosa revista científica Nature el artículo que propuso la estructura de doble hélice del ADN. Este hito del conocimiento científico permite comprender la base de la herencia biológica y, por analogía, reflexionar sobre la continuidad y persistencia de las creaciones culturales que identifican a un pueblo.

La danza y música iconográfica de los Negritos de Huánuco no solo viven en la memoria colectiva de los habitantes de la ciudad capital, sino que se extienden a las once provincias que conforman el departamento de Huánuco. Esta expresión vibrante, colorida e inimitable de la cultura huanuqueña ha sido reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación, consolidándose como uno de los símbolos más representativos de la identidad regional.

El “ADN cultural” de la danza y música de los Negritos de Huánuco se gesta desde los primeros momentos de la vida. Desde el vientre materno, el niño recibe los estímulos sonoros de las cuadrillas danzantes en tiempos de Navidad y Año Nuevo; luego, ya en la infancia, estas melodías y ritmos se refuerzan en el entorno familiar y social. No es extraño observar cómo los niños, casi de manera natural, susurran los enigmáticos sones de la música mientras sus cuerpos se bambolean, imitando los pasos dancísticos de los bailantes, de sus padres o de sus familiares.

¿Qué huanuqueño no se ha percatado de que los niños aprenden esta danza como si estuviera incorporada en su propio ser? Esta realidad se hace evidente cuando los corochanitos —pequeños danzantes—, cual expertos bailantes, con la indumentaria pertinente que incluye la matraca, el chicotillo y la grotesca máscara, acompañan a la comparsa durante los días de fiesta hasta la despedida. Existen, además, cuadrillas infantiles y juveniles, e incluso cuadrillas integradas por mujeres, que portan el mismo atuendo tradicional de los varones e interpretan todos los personajes de la danza.

La dinámica de la evolución artística —que algunos consideran involución— de los Negritos de Huánuco, desde su origen hasta la actualidad, ha experimentado diversas modificaciones. Entre ellas, el aumento excesivo del tamaño del plumaje del sombrero o pastorina, en contraste con los pequeños penachos que utilizaban los negritos representados en las pinturas de Ricardo Flores. Asimismo, se observan cambios en la calzadura de los bailantes: antes escarpines, hoy botines o botas. Los cotones también han sufrido transformaciones como las mudanzas, así como el rol de la acompañante del Turco: la dama, que antes era interpretada por un varón con careta de mujer, hoy es representada por una mujer, generalmente una hermosa dama, en casi las doscientas cuadrillas de la variopinta comparsa.

La música, elemento constitutivo esencial de esta danza, también estaría experimentando cambios melódicos, según entendidos en la materia. Es notable el incremento de grandes y destacadas bandas musicales, muchas de ellas impulsadas por la Universidad Nacional de Música “Daniel Alomía Robles” de Huánuco, que ejecutan con maestría la melodía de esta danza. No obstante, resulta imprescindible revalorar y empoderar el Ayhuallá (despedida), colofón sublime del músico huanuqueño Joaquín Chávez Ortega, como expresión culminante de la tradición musical local.

Las últimas observaciones, en strictu sensu, nos impulsan a plantear la necesidad urgente de organizar un ente rector de la Danza de los Negritos de Huánuco, encargado de orientar, corregir las alteraciones sufridas cuando corresponda y, a la vez, convalidar los aciertos logrados a lo largo del tiempo. Finalmente, escribimos la presente nota con sentimientos encontrados, marcados también por los convulsos acontecimientos internacionales recientes, que nos recuerdan la fragilidad de la paz y la importancia de preservar, con mayor razón, nuestras expresiones culturales como espacios de identidad, memoria y esperanza colectiva.

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